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Planetario: la gran aventura virtual de poder explorar el espacio

Chicos y grandes disfrutan de los nuevos equipamientos y actividades del observatorio astronómico porteño

Jueves 02 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Galibot, el androide anfitrión que seduce a los visitantes, especialmente a los más chicos
Galibot, el androide anfitrión que seduce a los visitantes, especialmente a los más chicos. Foto: Hernán Zenteno

Es la segunda vez en el día que Gerónimo viaja a Marte. Con apenas ocho años, el niño ya parece un avezado astronauta. ¡Hasta se dio el lujo de sobrevolar por los Valles Marineris!, conocidos como el Gran Cañón del planeta rojo. Termina el recorrido por nuevas tierras y antes de quitarse los anteojos de realidad virtual se desploma en su butaca, agotado por haber cumplido con éxito una nueva misión. "Me gustó todo", apenas susurra, y se levanta en busca de su padre para continuar con la visita del renovado y moderno Planetario Galileo Galilei.

El pequeño y su familia viajaron desde Bahía Blanca para hacer trámites en el centro porteño, pero el niño insistió en que quería pasear por el centro astronómico. La experiencia de viajar a Marte, "odisea espacial", como la denominan, lo tenía entusiasmado. La cuenta regresiva anuncia que la "nave" está por salir desde la ciudad de Buenos Aires hacia ese planeta. Una vez allí, el itinerario permite recorrer la superficie marciana. El explorador encuentra metano. De repente, la aeronave toma velocidad y comienza a zigzaguear entre la formación rocosa del valle. Se siente la adrenalina de lo desconocido.

Los empleados del Planetario cuentan que ayer -que fue el primer día tras la reapertura al público luego de nueve meses de permanecer cerrado por reformas-, entre los más de 980 visitantes, un grupo de chicos que se trasladó a Marte "no paraba de gritar emocionado, excitado". La experiencia 4D permite, a través de los sentidos, adueñarse de una travesía que dura unos cinco minutos y ya se transformó en uno de los nuevos atractivos más requeridos por los visitantes del Galileo Galilei.

Pero hay más "paquetes turísticos" para recorrer el cielo y las estrellas en el museo del Planetario. En la experiencia del Big Bang, el explorador viaja en el tiempo, como si se tratara de un protagonista de la película Volver al futuro, para aterrizar finalmente en la actualidad. La "aeronave" se cierra. Hasta cuatro exploradores pueden viajar juntos en la misma cabina (hay dos). Todo comienza más de 13.000 millones de años atrás, cuando se dio inicio a la evolución del universo. Las imágenes en alta definición repasan la historia: el nacimiento de las galaxias, del Sistema Solar y hasta aparecen los dinosaurios. Una voz en off hace de guía mientras el habitáculo se mueve suavemente.

Una vez que la proyección descendió en el planetario, Bernardo Tula salió de la cabina conforme con la experiencia. "Estuvo lindo el viaje. Me sorprendió", resaltó el hombre que llegó a Buenos Aires desde Santa Cruz por problemas de salud, pero que no quería perderse la oportunidad de visitar el tradicional Planetario, que cumplió sus primeros 50 años.

Mientras el señor dialoga con LA NACION, se oye de fondo una voz que canta. Parece que busca llamar la atención. Se trata del nuevo integrante del staff del Galileo Galilei: el androide Galibot. El robot sabe mucho sobre el universo. Sólo es cuestión de tocar una pantalla, elegir una pregunta y la nueva atracción le responderá al curioso mientras mueve sus brazos y manos enérgicamente.

Un juego Kinect desafía a los visitantes a demostrar su sapiencia sobre la ubicación de los planetas respecto del Sol. La tecnología permite a los jugadores que, sin tocar la imagen, puedan mover una mano y que los desplazamientos se repliquen en la pantalla.

Un niño le contó a Verónica Espino, gerenta del Planetario, que había estado repasando el orden de los planetas para participar de esta actividad. "No sólo buscamos la divulgación científica, sino que estos procesos de innovación permiten un acercamiento a la ciencia", resaltó a LA NACION.

La directiva indicó que la afluencia de gente el primer día "superó mucho las expectativas", especialmente por tratarse de un martes laboral. "Creo que la gente se encontró con muchas sorpresas", agregó Espino.

La renovación de los contenidos alcanzó al domo: la calidad de las imágenes proyectadas se cuadruplicó hasta llegar a una resolución de 8K. "Todo se ve con mayor nitidez", resalta Daniel, a cargo de la operatoria del espacio. En medio de la explicación se detiene a vislumbrar la definición que tienen los anillos de Saturno y el brillo de las estrellas que lo rodean.

Desde la plaza lindera también se puede disfrutar de la experiencia visual conocida como mapping. Desde que comienza a oscurecer hasta entrada la noche, cuatro torres instaladas alrededor del Planetario proyectan sobre la cúpula contenidos astronómicos. A cada hora en punto, durante cinco minutos la gente tiene la posibilidad de ser un partícipe más.

Una docena de pantallas táctiles conforman la llamada biblioteca científica, que contiene información sobre la Tierra, la Luna y el Sistema Solar en su conjunto, cuenta a LA NACION Graciela Cacace, responsable del museo. También se instalaron planos hápticos y datos en sistema braille para que las personas no videntes puedan acercarse a ese mundo.

La puesta en valor del Planetario, ubicado en la avenida Sarmiento y Belisario Roldán, en el corazón de los lagos de Palermo, fue asesorada por la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y de Bienes Históricos, ya que el sitio está declarado patrimonio histórico de la ciudad.

En el exterior se trabajó en la cúpula y en las patas de la estructura. Además, en el interior del inmueble se sumó un nuevo tendido eléctrico y se restauró el mobiliario de los diferentes sectores. La modernización tecnológica y el reacondicionamiento requirieron una inversión de $ 95 millones e involucraron a los ministerios de Modernización y de Ambiente y Espacio Público. Para conocer los horarios de las actividades se puede consultar la página del Planetario.

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