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Los Cedros y la reconstrucción como mensaje

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Jueves 02 de noviembre de 2017
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Los clubes son proyectos espirituales”, reflexiona con sabia crudeza Miguel Sarquis, presidente de Los Cedros, cuyo club transitó “un peregrinaje por el desierto”, como él mismo lo define. A fines de 2012 estalló en el club ubicado sobre la ruta 202, en el partido de Malvinas Argentinas, un conflicto que venía desde hace un tiempo y que originó que un grupo numeroso de jugadores de rugby y jugadoras de hockey se fuesen a fundar otro club: Vicentinos, en el partido lindante de San Miguel. En el verano de 2013, Los Cedros se quedó casi sin plantel superior, con dos de las 7 divisiones juveniles y sin un solo equipo de hockey. El fin de semana pasado, Los Cedros festejó su ascenso a la Primera C de la URBA, un escalón más del ex Grupo III en el cual se había podido mantener en estos cinco años que incluyeron asambleas y medidas extraordinarias en la URBA, cautelares en la Justicia, suspensiones, y la enemistad entre personas que habían compartido vestuarios, giras, terceros tiempos y partidos.

La vida enseña que muchas veces hay que tocar fondo para reconstruirse; también, que la mejor opción para salir de un laberinto es hacerlo para arriba. Decenas de clubes de rugby han atravesado estos peregrinajes a lo largo de sus ricas historias. También lo pueden certificar, de distintas maneras, los otros clubes que ascendieron el sábado: Lomas (club fundador) y San Martín (el viejo y querido Pacific), al Top 12; Liceo Naval (de los Fernández Lobbe y Simone) y Deportiva Francesa (cuna de Pumas), a Primera A; Liceo Militar (donde se crió el Veco Villegas con Catamarca Ocampo) y Don Bosco (añejo club de Florencio Varela), a la Primera B; San Andrés (otro que se reinventó), a la Primera C junto a Los Cedros, y Old Georgian (semillero de Pumas en los 60 y 70, que se fue y volvió) y Zárate (del extremo Norte más olvidado), a la Segunda.

¿Qué pasó en Los Cedros? “Como autocrítica creo que nos habíamos quedado en la cómoda, abandonando el pasto; la experiencia nos indicó que ahora es lo que más hay que cuidar: la presencia en el terreno, porque aquí está también nuestra historia y nuestra tradición”, enseña Sarquis. Club de la colonia libanesa, cuyo terreno fue comprado a mediados de los 60 a la UAR (que allí proyectaba uno de los tantos estadios truncos), Los Cedros empezó a encontrar las primeras respuestas adentro mismo: volvieron jugadores que habían abandonado hacía un par de años y en el caso del hockey, quizá el más emocionante, regresaron mujeres que ya eran madres y que llevaban 10 años sin tocar una bocha.

En el caso del rugby, también fue de incidencia fundamental contratar como coach del plantel superior al Hacha Pablo Di Nisio, ex ala de aquel Banco Nación de Porta y compañía, campeón de galera y bastón. “Pablo tenía todo para perder; vino acá como un desafío. A las dos semanas ya había unido al grupo. Además de su cualidades técnicas, resultó sobresaliente en lo humano”, agrega Sarkis.

Cuando se había reorganizado la Primera, surgió otro inconveniente: de gira por Río de Janeiro, un grupo de jugadores quedó detenido durante 4 meses y retenido en Brasil tras una pelea en una discoteca. El caso fue presa de la prensa amarilla argentina, siempre tan pendiente –a veces con razón– de las conductas de los rugbiers. “Regresaron un viernes y el sábado estaban jugando; eso los unió más”, cierra Sarkis.

La calidad y el espíritu de un club no se definen por cómo juega al rugby. Se puede jugar muy bien y ser campeón y no ser ni buen perdedor ni buen ganador. No es esa sola la historia que se escribe. El rugby es otra cosa y el club es el que nutre al espíritu. Después, lo otro puede llegar o no.

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