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Del pase a la final a la muerte de Ramón Cabrero: el destino puso a Lanús entre la gloria y el dolor en pocas horas

El club del Sur se vio conmovido por la clasificación para el partido decisivo y, horas después, por la muerte del DT, un mentor de estos tiempos

Jueves 02 de noviembre de 2017
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El festejo de Lanús y recuerdo de Ramón Cabrero
El festejo de Lanús y recuerdo de Ramón Cabrero. Foto: Archivo

La noche de euforia, emociones y locura dio paso a un amanecer inesperado, doloroso. En la resaca por los festejos de Lanús, casi sin entender lo que estaba sucediendo, la mañana despertó a la entidad granate con la triste noticia del fallecimiento de un emblema como Ramón Cabrero, a los 69 años. El DT había sufrido un accidente cerebro vascular en marzo y estaba tratando de recuperarse. Así, Lanús sopesó sus festejos y vivió ayer un momento electrizante que fluctuó entre el triunfo histórico frente a River que lo catapultó a su primera final de Copa Libertadores y la pérdida del hombre que cautivó a la institución con sus triunfos y sus valores.

La jornada en la que una de los grandes leyendas de Lanús se despidió del mundo tuvo como grandes protagonistas justamente a dos de sus fieles admiradores: José Sand y Lautaro Acosta, conductores de la orquesta ayer y hoy. Los tres compartieron el título del Apertura 2007 con una vuelta olímpica que se dio nada menos que en la Bombonera. En la actualidad, Cabrero se desempeñaba como secretario técnico y era fuente de consulta permanente para los dirigentes.

Ayer, la atípica mañana en la Fortaleza del Sur tuvo un cambio de planes debido al fallecimiento de Cabrero. El derroche de felicidad de un día sin descanso dio pie al dolor. Se habló del partido, claro, matizado por la tristeza de una perdida significativa para Lanús. Con todo el plantel granate en los vestuarios dispuesto a practicar, la entidad decidió suspender todas las actividades sociales, incluidos los entrenamientos de las divisiones inferiores. Uno a uno, los protagonistas de la hazaña fueron abandonando el club en sus respectivos autos en medio de un silencio respetuoso. Allí pudo verse a Alejandro Silva, Maximiliano Velázquez, José Luis Gómez, Iván Marcone y Marcelo Herrera, entre otros. Los primeros en llegar y los últimos en irse, como en cada jornada pautada de entrenamientos, fueron precisamente Sand y Acosta. Todavía conmovido por la noticia, el delantero correntino, autor de dos tantos ante River, aseguró a la nacion: "A Ramón le debo todo. Se fue un tipo al que quiero mucho. A Cabrero lo amo y quiero acompañar a su familia. Él sabía personalmente todo lo que yo lo apreciaba. Me ayudó más que nadie a ser el jugador que pueden ver hoy. Siempre me dio continuidad y confianza. Esto es como una película, con sus cosas buenas y malas. Dimos vuelta una serie increíble pero se mezcla con lo de Ramón, algo muy difícil de explicar". La admiración siempre fue mutua: Cabrero y Sand se cruzaban a diario por los pasillos del club, siempre con un abrazo efusivo, siempre con algo para conversar.

Por allí andaba también Lautaro Acosta, mientras accedía gentilmente a tomarse una foto con Sebastián Zeballos (jugador de la séptima división), el alcanza pelotas con el que se arrodilló en la cancha y se quedó abrazado junto a él durante más de quince segundos. "La felicidad no es completa porque no está Ramón. Dejó su vida por este club y es impresionante todo lo que hizo. Fue un padre", expresó al pasar.

Lo de Sand, quien confesó que no pudo dormir post victoria, resulta admirable. Bajo un cielo nublado y algunas gotas, ayer se sacó el traje de héroe y antes del mediodía se exhibió como uno más mezclado entre más de cien juveniles que esperaron el paso del cortejo fúnebre por la puerta del club. En un abrir y cerrar de ojos, pasó de meter a Lanús en la final a aguardar parado durante una hora para brindarle el último adiós a uno de sus mentores. A su lado, conversó permanentemente con Agustín Pelletieri, recientemente retirado del fútbol y otro de los campeones en 2007. Se sumaron otros ex jugadores de esa conquista como Sebastián Salomón, hoy entrenador de la sexta división. Algunos con lágrimas en los ojos, varias decenas de simpatizantes se acercaron a la calle Arias, allí donde se ubica el acceso principal al estadio Ciudad de Lanús. Hubo aplausos y algunas flores depositadas encima del cortejo que Sand besó al pasar. "¡Te queremos, Ramón!", gritó una señora con la camiseta granate. Un rato antes, todo el plantel se acercó a saludar a la familia de Cabrero en la cochería donde se preparó la despedida que luego culminó en el cementerio de Lanús. En el mismo pudo observarse a Nicolás Russo, presidente del club, quien se sumó para saludar al círculo íntimo del ex entrenador.

Una noche para la eternidad

De la algarabía al dolor. Así transcurrieron las 12 horas que quedarán marcadas por siempre en este club. Con la medianoche avanzada, los cánticos con bombos, trompetas y redoblantes se extendieron en las calles aledañas a la Fortaleza, mientras Jorge Almirón sonreía en la rueda de prensa y elevaba un cartelito con su mano derecha que rezaba: "Somos finalistas".

Laucha Acosta, emblema y símbolo del equipo de Almirón, acompañado por Román Martínez y el juvenil Leandro Maciel, decidió acoplarse a la celebración de los hinchas en una pizzería de la zona una vez que abandonaron el estadio exultantes tras la clasificación. El delantero fue venerado por quienes estaban presentes cuando ingresó al local. Parados arriba de las mesas, los futbolistas entonaron canciones del granate hasta las 2 de la madrugada. Varios aprovecharon para sacarse fotos con los jugadores, pero una imagen fue la que más llamó la atención: Acosta marcó un cuatro con su mano, la misma cantidad de goles que precisó su equipo para darle marco a la hazaña.

Lanús vive días memorables al eliminar de manera épica a River. Ya habrá tiempo de celebrar su justa clasificación a la final de la Libertadores. Primero deberá transitar el dolor por la partida de uno de sus estandartes. Quizás como un capricho del destino, uno de los grandes logros en su vida institucional vino a coincidir con el conmovedor adiós al hombre que comenzó a forjar esta historia, allá por el 2007.

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