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Del ídolo de la casa al hijo adoptivo

Jueves 02 de noviembre de 2017
LA NACION
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Ramón Cabrero y Jorge Almirón siempre tendrán un hilo invisible que unirán sus ideas. No es que Ramón no hubiera querido a los mellizos Barros Schelotto. Todo lo contrario. Los ayudó los más que pudo para que ganarán la Copa Sudamericana en 2013. Es más, el gallego siempre rumiaba bronca porque creía que Guillermo y Gustavo tendrían que haberse ido de Lanús con algún título más. Pero los pensamientos de Almirón estaban mucho más cerca de su filosofía. Siempre al ataque, pero a partir de una tenencia controlada de pelota y de una metodología que hacía de la paciencia una escuela. En aquel Lanús, el de Ramón, jugaban todos bien: Valeri, Pelletieri, Fritlzer y Blanco formaban un medio campo de lujo; hoy, Román Martínez, Marcone y Pasquini o Aguirre (antes el eléctrico Almirón) reivindican una idea que nadie se atrevería a calificar como en desuso. El secreto estará en la delantera. Ayer estaban Acosta y Sand. Hoy, diez años después, también están Acosta y Sand. Ahí estuvo la vista de águila de los entrenadores. El que nació en Lanús y dio la vuelta olímpica con sus amigos. Y el que llegó por adopción y que siempre tendrá un hogar a mano.

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