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"El mundo se prepara para ir más fuertemente a la guerra", advirtió el Papa

Francisco celebró la misa del día de los Difuntos en el cementerio militar norteamericano de Nettuno, al sur de Roma, donde rezó por los caídos en todas las guerras; también visitó el Mausoleo de las Fosas Ardeatinas

Jueves 02 de noviembre de 2017 • 17:13
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LA NACION
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El Papa pidió por el fin de las guerras
El Papa pidió por el fin de las guerras. Foto: AFP

ROMA.- Rodeado de centenares de tumbas de soldados y enfermeras norteamericanas caídos en la Segunda Guerra Mundial, el Papa volvió hoy a hacer un fuerte llamado en contra de las guerras. "Hoy, que nuestro mundo de nuevo está en guerra y se prepara para ir más fuertemente a la guerra: ¡No más guerra Señor, no más! Con la guerra se pierde todo", aseguró, en la misa solemne por el Día de los Muertos, que celebró en el cementerio de guerra norteamericano de Nettuno.

"Por favor, deténte Señor! No más, no más la guerra", imploró Francisco una y otra vez, en una homilía que improvisó, marcada por su evidente preocupación por lo que está sucediendo en el mundo, donde los atentados terroristas están a la orden del día, así como la amenaza de una confrontación nuclear.

Si bien en los años anteriores Francisco había celebrado el Día de los Difuntos en cementerios de Roma, esta vez prefirió desplazarse hasta el cementerio norteamericano de combatientes de Nettuno, a 76 kilómetros al sur de esta capital, donde se encuentran sepultados 7861 soldados y enfermeras estadounidenses, caídos en Italia durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45).

En la homilía, que pronunció ante 5000 fieles en una jornada soleada, el Papa lamentó el hecho de que la humanidad aún no logre aprender que las guerras sólo causan muerte y destrucción. "Me viene a la mente esa anciana que mirando las ruinas de Hiroshima, con resignación sapiencial, pero mucho dolor, con esa resignación lamentosa que saben vivir las mujeres, porque es su carisma, decía: 'los hombres hacen de todo para declarar y hacer una guerra y al final se destruyen a sí mismos'. Esta es la guerra, la destrucción de nosotros mismos. Seguramente esa mujer, esa anciana, había perdido hijos y nietos. Sólo tenía una llaga en el corazón y las lágrimas", dijo.

Aseguró asimismo que hoy, que la Iglesia católica celebra el Día de los Difuntos, es un día de esperanza para los fieles que están convencidos de que sus parientes fallecidos se han encontrado con Dios. "Ésa es la oración que sale cuando vemos este cementerio: 'Estoy seguro de que están contigo, Señor. Pero por favor, detente, no más, no más, la guerra. No más esta masacre inútil, como había dicho Benedicto XV", afirmó.

"Si hoy es un día de esperanza, es también un día de lágrimas, lágrimas como las que sentían las mujeres cuando llegaba el correo. 'Usted, Señora, tiene el honor de que su marido haya sido un héroe de la Patria, que sus hijos son héroes de la Patria'. Son lágrimas que hoy la humanidad no debe olvidar. Esta humanidad que no ha aprendido la lección y parece que no quiere aprender", denunció. "Cuando muchas veces en la historia los hombres piensan en hacer una guerra, están convencidos de llevar un mundo nuevo, están convencidos de hacer una 'primavera'. Y termina en un invierno, feo, cruel, con el reino del terror y la muerte", advirtió.

"Hoy rezamos por todos los difuntos, todos, pero en modo especial por estos jóvenes (caídos), en un momento en el que muchos mueren en las batallas de cada día de esta guerra en pedazos. Rezamos también por los muertos de hoy, los muertos de guerra, también los niños inocentes. Este es el fruto de la guerra y de la muerte. Y que el Señor nos de la gracia de llorar", pidió, al concluír el sermón.

El Papa, que al llegar había colocado unas flores sobre algunas tumbas, entre las cuales una de un soldado desconocido, un ítalo-norteamericano y un judío, concluída la misa recorrió a pie el cementerio, un lugar sobrecogedor, donde miles de cruces blancas saltan a la vista en medio de un parque verde, lleno de pinos milenarios. Concentrado, dejó rosas blancas sobre varias cruces.

Antes de regresar al Vaticano, tal como estaba programado Francisco también hizo una emotiva parada en otro sitio marcado por el dolor: las Fosas Ardeatinas. Allí recorrió las grutas donde fueron masacradas 335 personas -73 judíos- por los nazis, el 24 de marzo de 1944, en represalia a un atentado. Como había hecho en Auschwitz, en julio del año pasado, el Papa rezó por largos minutos en silencio, sin palabras. Acompañado por el rabino jefe de Roma, Riccardo Di Segni, recorrió también allí, decenas de tumbas bajo tierra. Y oró para que nadie jamás olvide lo que allí sucedió. En el libro de honor del lugar, que firmó antes de irse, Francisco dejó escrito: "Estos son los frutos de la guerra: odio, muerte, venganza... Perdónanos, Señor".

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