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Reseña: La máquina de escribir caracteres chinos, de Eduardo Berti

Un original viaje a la China de hoy

Domingo 05 de noviembre de 2017
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PARA LA NACION
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No hay viaje sin relato: la narración es parte vital de la experiencia del viajero, su modo de recrearlo, de hacerlo real. Escribir organiza la experiencia y la literatura es el espacio privilegiado para transformar un derrotero en discurso. El viaje a Oriente, el llamado viaje "exótico", es un recorrido frecuentado por escritores que han dejado sus impresiones en libros. Desde las crónicas de Marco Polo, escritores como Gustave Flaubert, Henri Michaux o Martín Caparrós, entre otros, han intentado expresar el encuentro con culturas antiguas y, sobre todo, ajenas. ¿Cómo contar una cultura que está casi en las antípodas de la nuestra? Esta pregunta también guía La máquina de escribir caracteres chinos, que Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) escribió a partir de un viaje a China, más precisamente a Pekín.

Quien viaja lee signos, decodifica, traduce. El viajero Berti observa, distanciado, y reflexiona. La observación es perspicaz, detallista, afectada muchas veces por la sorpresa y el asombro -un asombro impregnado de cierta inocencia infantil- . Su mirada contrasta, necesariamente, con la propia cultura, los hábitos y costumbres, pero en este caso, también con la experiencia de un viaje anterior y con los cambios operados en una sociedad que se occidentaliza aceleradamente. Berti y su mujer viajaron por primera vez a China (a Shanghái) en 2004; regresaron años más tarde (a Pekín) con su hijo y una ventaja: su esposa había aprendido chino y esta diferencia representaba un salto cualitativo: ya no había total "sordera intelectual" por la imposibilidad de descifrar una lengua absolutamente ajena. Conocer el idioma también les permitió cierta picardía: se "invisibilizaban" al entender lo que se decía sobre ellos como si no estuvieran presentes.

El libro encuentra su forma en la escritura fragmentaria. Organizada por entradas de diario, se suceden observaciones, descripciones, relatos de sueños, pequeñas narraciones, referencias literarias, listados, datos demográficos, económicos, históricos. A veces se precisa día y hora; en general, no. El texto está acompañado de fotos y de un dibujo: el de la máquina de escribir caracteres chinos inventada por el escritor Lin Yutang.

La búsqueda de esta máquina vertebra el relato: quimera, objeto elusivo que se modifica en su forma (a lo largo del siglo XX ha habido más de cincuenta modelos de máquina de escribir ideogramas chinos). La primera avistada en un mercado es la que atrae a Berti. Esta búsqueda es una de las recurrencias; la otra, la obsesión por el hombre atropellado en la calle, cuyo rastro de sangre en el pavimento insiste en la visión del viajero. Ese hombre se ha convertido en un fantasma, dice, que no otra cosa es un muerto que se niega a morir para algunos. (China y los fantasmas se han cruzado varias veces en los libros de Berti, sobre todo en El país imaginado.) Entre tantas curiosidades observadas, una sobre la limpieza: un nuevo decreto determina que los baños públicos de Pekín no pueden contener más que dos moscas a la vez. "¿Lo sabrán las moscas?"

Miembro de Oulipo, el Taller de Literatura Potencial creado en Francia en 1960, Berti aplica algunas de las técnicas restrictivas de esa escuela: comenzar una serie de párrafos con la misma frase o hacer listas. Divierte leer los heterogéneos listados de "cosas que pueden quitar el hambre incluso al extranjero más intrépido", cosas que miden, cosas que parecen de otro tiempo, "cosas que abundan en Pekín, pero son más raras en Xi'An". Hay un "posludio" (compuesto de recuerdos futuros escritos en su tercer viaje, en 2015), en el que todos los párrafos comienzan con la palabra "recordaré" y entre ellos reflexiona sobre las razones por las que viajamos: para vivir esa clase de experiencias que también solemos buscar en los libros, en la ficción; para mantener viva la sorpresa, para no olvidar la abundancia del mundo y la variedad del hombre.

No hay relato de viaje sin algo de invención. Entre el país imaginado y el real, La máquina de escribir caracteres chinos invita al lector a experimentar, sobre todo, el diáfano y preciso oficio de este notable escritor.

LA MÁQUINA DE ESCRIBIR CARACTERES CHINOS

Por Eduardo Berti

Tusquets. 176 págs., $ 279

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