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Una carrera política, la columna de Sergio Cocú

Jueves 02 de noviembre de 2017 • 17:45
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Todos hemos escuchado alguna vez a algún un corredor relatar los cambios experimentados en su vida cotidiana desde el momento en que comienza a entrenar sistemáticamente y a participar de carreras: duerme mejor, aumenta el rendimiento en el trabajo, equilibra el peso corporal, mejora el humor y la concentración y facilita la creación de lazos sociales, a partir de una actividad que es ideal para practicar en grupo

¿Por qué no imaginar, entonces, que el running podría mejorar a toda una sociedad? ¿Por qué no creer que cuantas más personas corran mejor será la convivencia entre ellas? ¿Por qué no impulsar la integración de la mayor cantidad de sectores sociales al running, como una forma de avanzar hacia el bienestar general?

A lo mejor, una buena manera de empezar a promover el running en sectores sociales específicos sería dándole prioridad a alguno cuyo desempeño nos afecta substancialmente como sociedad.

Por ejemplo, el sector político.

Para eso, se podría crear una ley o un decreto o una resolución de las Naciones Unidad que obligara a todos los políticos y funcionarios a participar, todos los años, de al menos una carrera. Una carrera política, se diría. De esta forma, se podrían obtener resultados muy beneficiosos para todos quienes dependemos de sus gestiones. Porque además de predisponerlos a hacer mejor su trabajo, los funcionarios y políticos aprenderían algunas cosas que el sedentarismo no revela.

Si un político tuviera que transitar, digamos, 10 kilómetros recorriendo su propia ciudad, dejaría de pensar que los baches son formaciones rocosas que alteran el tránsito de los autitos que la Nasa mandó a Marte y los percibirían, en cambio, con sus propios tobillos. También entenderían, a costa del aumento de su propio ritmo cardíaco, que 1 kilómetro de camino tiene 1 kilómetro de extensión y por lo tanto sus obras viales deberían reflejar 1 kilómetro cada vez que se facture 1 kilómetro.

Asimismo, correr una carrera enseña que hay que ser prudente con las promesas que uno haga sobre su futuro desempeño, porque ahí estará siempre el reloj, implacable, para avergonzarlo de sus propias mentiras.

Correr una carrera puede también enseñarles a los políticos y funcionarios que cuando vayan a entrenar deben acomodar prolijamente sus bolsos junto a los de sus compañeros: nada de revolearlos por el aire siguiendo quién sabe qué extrañas tradiciones de algunos de sus colegas.

El valor del esfuerzo, la recompensa por dar lo mejor de sí mismo, el placer de ser solidario y sentirse igual a los que van allá adelante como también a quienes han quedado relegados son enseñanzas que no siempre los políticos y funcionarios han asimilado y que el running ofrece generosamente.

Por último, se les debería aclarar que en algunas carreras suele haber trazados que obligan a los corredores a tomar curvas de 180 grados, que están precedidas por un cartel indicador en el que dice "Retorno". Así que habría que recomendarles que ante la indicación no se apuren ni se exciten: sólo tienen que darle un giro de 180 grados al significado de lo que dice el cartel, girar con tranquilidad y seguir corriendo.

Más adelante los espera un índice de aprobación superior al de cualquier encuesta, reflejado en aplausos genuinos de los espectadores que los ven llegar y una medalla que acredita que han cruzado la línea de llegada y que podría ser el comienzo de su nueva carrera política. La de una buena persona ejerciendo un cargo público.

Por Sergio Cocú, periodista y corredor amateur

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