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No fue una broma

Guillermo Moreno intentó en vano presentar como gracias o chistes lo que en realidad eran actitudes mafiosas tendientes a coartar la libertad de prensa

Viernes 03 de noviembre de 2017
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Uno de los más lamentables procederes del gobierno anterior en su afán por silenciar la opinión de la prensa libre fue el sistemático ataque a la empresa Papel Prensa, sus directivos y accionistas privados. Recordemos que la composición accionaria de la compañía incluye un porcentaje de participación estatal, que fue el resquicio desde el cual se pretendió cercenar su operatoria.

Las denuncias sobre una supuesta complicidad inicial de sus compradores con el gobierno militar tendiente a apropiarse coactivamente de la empresa de los Graiver a un precio vil fue desestimada por la Cámara Federal porteña, que determinó, entre muchas otras cosas, que la adquisición fue anterior a la detención de la señora Lidia Papaleo y que el valor fijado fue el justo y adecuado al momento de la operación. Las infundadas acusaciones fueron parte de una campaña, orquestada con bombos y platillos por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y por el entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en su falso libelo "Papel Prensa, la verdad", aquel video mentiroso y ruin que pretendió alimentar el "relato" con estructura de ficción populista.

El plan se completó con la fijación discrecional de un precio absurdo para el papel de diario, la sanción de una ley del papel y otra sobre el mercado de capitales tendiente a facilitar y justificar la intervención de la empresa.

Ahora, Moreno fue condenado por el Tribunal Oral Federal Nº 6 a dos años y medio de prisión en suspenso por el delito de peculado por emplear fondos públicos para adquirir cotillón contra el Grupo Clarín. Y, fiel a su estilo y a la grotesca figura de personaje patotero que supo construir, se atrevió a amenazar al tribunal, aunque sin el menor respeto por la sintaxis: "Les alerto que si toman la decisión desde el poder, y es legítimo que la tomen, analicen que quizás estamos ante una situación muy transitoria, y a la larga esto va generando una situación donde esto va de ida y vuelta si es desde el poder" (sic). En una palabra, alentado por los gritos de una estrepitosa barra de fieles, amenazó con represalias si volvía al poder.

Cuando ese poder lo ejercía el kirchnerismo, a raíz de un asunto meramente formal se cuestionó una asamblea de Papel Prensa y de allí en más se impugnaron todas las siguientes con sanciones de la Comisión Nacional de Valores (CNV), hasta alcanzar 100 juicios penales y comerciales contra la empresa y sus directivos. Este año se saneó la actividad societaria y cayeron 90 de aquellos pleitos que carecían de sentido.

Secundado por sus compañeros de ruta, Beatriz Paglieri, ex secretaria de Comercio Exterior y ex interventora del Indec; Pablo Cerioli, ex subsecretario de Comercio Interior; el karateca Rubén Zampino y el entonces síndico general de la Nación, Daniel Reposo, entre otros, Moreno emprendió el artero ataque contra Papel Prensa, trabando su funcionamiento societario de todos los modos posibles, siempre con la complicidad de la CNV y sus inconsistentes dictámenes, sumados a acciones penales, comerciales y administrativas de toda clase tendientes a impedir el normal desarrollo de la actividad de la empresa.

La agresión física y el caos se adueñaron de las asambleas y reuniones de directorio. De ello se ocupó el por entonces siniestro secretario de Estado, quien ahora fue citado a prestar declaración indagatoria por amenazas proferidas en la tristemente famosa asamblea de Papel Prensa a la cual concurrió con guantes de box y cascos protectores, que dejó sobre la mesa después de patotear a cuanto funcionario, abogado o representante de la Justicia tuvo a su alcance. Mientras gritaba: "Acá no se vota, las mujeres, al fondo, que los hombres vamos a defender lo que haya que defender", sus secuaces tapaban las cámaras de filmación, cerraban las puertas y, en ciertos momentos, incluso apagaban la luz.

No había sido el primer episodio ni se trató del último. Ya en asambleas anteriores Moreno había agredido de palabra a los asistentes, negándose a respetar el uso de la palabra por parte de otros. Otra reunión de la Comisión de Fiscalización terminó a las trompadas y con una silla volando por los aires.

Al retirarse de los tribunales días pasados, luego de prestar declaración indagatoria en esa causa, tuvo el caradurismo de sostener que la expresión "acá no vota nadie" era un chiste, que los guantes y cascos eran de juguete y que los había llevado para defenderse. Cualquiera que haya observado el video de ese acto o estado presente en dicha asamblea y escuchado los gritos desaforados del entonces secretario de Comercio, junto a la actitud de sus matones, podrá concluir que su conducta nada tuvo de chistoso. Fue parte de un plan sistemático claramente premeditado y dirigido a amedrentar a directivos y accionistas. Si alguna duda le cupiera a un observador imparcial sobre las amenazas de Moreno, basta recordar que pidió que las mujeres se corrieran hacia atrás, anticipando la pelea, para impedir la votación de una decisión que le parecía que no le iba a resultar favorable.

Durante el gobierno kirchnerista muchas fueron las intervenciones de Moreno en las reuniones societarias de Papel Prensa, a las que les dedicaba largas horas. En todas, este matón con poder conferido desde el Estado desplegaba su estilo prepotente y violento, siempre provocador, buscando disparar la reacción del agredido.

Resulta lamentable para quienes fueron testigos de su burdo y reiterado desempeño de guapo que hoy busque excusar su responsabilidad apelando al chiste o a que se trataba de una broma. No, el penoso y grave episodio fue apenas un eslabón más en una larga y vergonzosa cadena de conductas violentas y prepotentes que, lejos de suscitar sonrisas, quedarán en la historia como siniestro capítulo de un régimen autoritario.

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