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China y su modelo autoritario

Viernes 03 de noviembre de 2017
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En diversas intervenciones públicas a lo largo de las últimas semanas, el presidente de China, Xi Jinping, ha promocionado muy activamente el "modelo" chino de gobierno. Este modelo, claramente autocrático y autoritario, es radicalmente diferente del democrático que defienden y adoptan las naciones de Occidente, edificado sobre un listado de libertades civiles y políticas esenciales. La propuesta aparece como un verdadero despropósito.

Xi Jinping ha detenido la lenta marcha hacia la democracia en la que China pareció, hasta no hace mucho, estar inmersa y opta ahora por un curso distinto. Sólo aliados y colaboradores incondicionales ocupan posiciones en lo más alto del sistema político del país. No identificó tampoco un sucesor e incluyó su propio nombre en la Constitución.

Es así como Xi Jinping es hoy el más poderoso líder chino desde 1976. Ha retenido los tres cargos más importantes de China: el de presidente del país, el de secretario general del Partido Comunista chino y el de jefe de sus fuerzas armadas, al menos por los próximos cinco años. Su falta de mención de quién podría ser su heredero marca que está pensando en conservar a toda costa el timón de su país en sus manos más allá del plazo de diez años o dos mandatos sucesivos.

En sus mensajes, ha subrayado que su país se encuentra en el centro mismo del escenario mundial y presagia que continuará allí, sin otra compañía y como líder único del mundo, para el año 2050.

Con este objetivo, anunció que continuará conformando un ejército poderoso, capaz de "luchar y ganar guerras", al tiempo que, en forma paralela, promoverá y conformará un esquema y una infraestructura comercial desplegada a lo largo del mundo, capaz de sostener que China sea el corazón de éste.

Anunció también que, en sólo tres décadas más, China será la potencia más importante del globo en materia de fútbol y entretenimientos masivos con el objetivo de influenciar social y culturalmente al resto del mundo. Lo que algunos ya denominan la "diplomacia panda" se ve como una corriente en franca expansión que demandará un reacomodamiento global de proporciones.

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