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Justina Bustos: "Aprendí a poner límites y a moverme mejor en la vida"

Justina posó en estas fotos con ropa y accesorios de Chanel, de la nueva colección Crucero 2017/2018. “La llamada de Chanel me sorprendió. Me gusta la marca, su historia y las embajadoras que eligen. Me siento bendecida”, asegura la actriz.
Justina posó en estas fotos con ropa y accesorios de Chanel, de la nueva colección Crucero 2017/2018. “La llamada de Chanel me sorprendió. Me gusta la marca, su historia y las embajadoras que eligen. Me siento bendecida”, asegura la actriz. Crédito: Thomas Kelly, para Chanel
A los 28 años, integra la nueva liga de actrices y con el éxito de Las Estrellas, su primera novela diaria, terminó de consagrarse famosa; está enamorada, defiende el romanticismo “a la antigua, sin redes” y sueña con vivir un tiempo en España
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3 de noviembre de 2017  • 12:37

Está en permanente exposición (por su trabajo) y tiene una agenda colapsada, pero Justina Bustos (28) mantiene su andar sereno y la tonada cordobesa con la que nos topamos en el verano de 2016, cuando hizo en Punta del Este su primera tapa para ¡Hola! Argentina. “¿Qué cambió desde entonces? Aprendí a moverme mejor en la vida. Ahora sé poner límites, y eso aplica a mi vida en general. Me volví más selectiva en todo sentido porque valoro mi tiempo. Sigo siendo la misma, sólo evolucioné”, reflexiona.

–Uno de los grandes desafíos de este año fue protagonizar una novela diaria.

–Estoy muy contenta. Me enorgullece que somos cinco mujeres protagonizando y nos llevamos muy bien a pesar de que somos todas muy distintas. Tenemos distintos objetivos y eso ayuda a la armonía. Las charlas de camarín están muy buenas. Natalie [Pérez], Violeta [Urtizberea] y yo compartimos uno. Marcela [Kloosterboer] y Celeste [Cid] tienen cada una el suyo porque, a veces, traen a sus hijos. Esta dinámica de novela es nueva para mí, así que trato de estar ordenada, porque naturalmente no lo soy. [Risas].

–Hablás de la buena relación con tus compañeras pero, hace poco, se dijo que estaban celosas de tu protagonismo.

–Vi una nota que decía que Celeste me tenía celos. Entre nosotras, nos reímos. No sé por qué armaron eso.

-¿Cómo vivís la exposición y la crítica?

–Trato de no engancharme con la crítica. El contacto con la gente en la calle me encanta, siempre recibo cariño.

–En las redes sociales hay muchos heaters. ¿Te afectan?

–Pocas veces me dijeron que actuaba mal o que era [Sebastián] Estevanez en mujer. Pero, pobre, no da que usen su nombre para bardear. Está bien si a alguien no le gusto. Yo no contesto. No soy combativa en ese aspecto. Es un ejercicio porque soy humana y a veces me dicen siete cosas lindas y una fea, y me quedo pensando en lo malo.

–¿Cómo es ese trabajo interno?

–Nunca estuve tan ordenada con mis cosas como ahora: tengo el auto lavado, mi cuarto impecable, prendo velitas todas las noches. Me mimo mucho para poder estar con todas las luces. Trato de tener un momento para reflexionar, sentarme en la cama y leer un libro. Hace unos meses empecé La invitada, de Simone de Beauvoir, pero como llego muy cansada no puedo terminarlo. A veces pienso que estoy demasiado ordenada, y ahí me voy a tomar algo con amigas.

CORAZÓN ESTRELLA

–Estuviste separada de tu novio, Mariano Bustillo (32, trader de cereales).

–Sí. Me costó muchísimo la separación porque estaba, a la par, adaptándome a un ritmo distinto de trabajo, el de Las Estrellas. Pero creo que todo sucede por algo. Fue después del verano, pero nos arreglamos hace poco [se fueron de viaje juntos a Río de Janeiro]. Pero no quiero contar más. Es íntimo.

–¿Es difícil mantener la relación cuando se tiene éxito y fama en lo profesional?

–Mis compañeras están bastante bien, todas muy enamoradas. No me gusta creer en eso, es feo y negativo. Se puede tener las dos cosas.

–Mientras duró el corte, se escucharon rumores que te vinculaban con Esteban Lamothe.

–¿En serio? ¡Alucinó quien lo dijo! Con Esteban casi no hacemos escenas juntos. No es que tenga un prejuicio, pero nunca me gustó un actor, menos un compañero. Creo que me atraen otras cosas en un hombre.

–Nunca digas nunca…

–¡No! Pero creo que pasé buenas pruebas, trabajé con lindos actores [con el Chino Darín, Gael García Beral, Gonzalo Valenzuela, entre otros]. Pero prefiero tenerlos de amigos. Sin contar que cuando trabajé con ellos estaba de novia.

–¿Vivís sola?

–Acabo de mudarme con mi hermana Olivia (19) a un departamento de Martín Piroyansky. Ella se vino de Unquillo a Buenos Aires para estudiar teatro, además compone música y canta. Somos bastante distintas y aunque le conté dónde estudié, ella está haciendo su camino sola. El deal es que vivamos hasta el año que viene juntas y después, me mudaré sola. Siento que ya estoy grande. En cambio, mi hermano Joaquín vive en Córdoba con mis viejos. Él es cordobés de cuerpo y alma, se va a quedar ahí.

DEL SET A LA ALFOMBRA ROJA

“Para mí, hacer Los que aman odian, dirigida por Alejandro Maci, fue especial. Es una película que tiene otro ritmo. Es de época, basada en la novela escrita por Silvina Ocampo y Bioy Casares. Estéticamente es espectacular. El arte, el vestuario, el maquillaje, el pelo… Tiene un perfume distinto”, cuenta Justina, que para personificar a Emilia, tuvo que teñirse el pelo de castaño y ponerse extensiones durante dos meses. Y reflexiona: “Creo que me hubiese gustado vivir en esa época. Era más romántica. Ahora la pasión se está cortando. Elegir compañía a través del celular, pasar a personas con el dedo… Las redes están buenas, pero lo que hacemos nosotros con ellas, muchas veces, no. Yo prefiero el misterio y el romanticismo”.

–¿Cómo te llevaste con el elenco?

–Espectacular. Creía que Luisana [Lopilato] era más grande; por todas las cosas que hizo. Cuando me dijo que tenía 30 años no lo podía creer. ¡Tiene ochenta vidas en una! Ella es genial, como un agujero sin fondo. No me canso de mirarla. Y eso que vi mujeres lindas y ella tiene una cara increíble, pero es más profundo que la atracción física.

–¿Te gusta ser una actriz que está vinculada a la moda?

–Siempre fui coqueta, sin estar pendiente de la última tendencia. Tengo un estilo propio. Me gusta usar algún accesorio llamativo o combinar estampados, aunque soy bastante clásica. Me gusta arreglarme, pero uso mucho jeans y zapatillas porque la comodidad es importante.

CORTITO Y AL PIE

–¿Te psicoanalizás?

–Casualmente retomé hace un mes, después de algún tiempo de recreo.

–¿Sos sensible?

–¡Mega! Soy pisciana. Lo canalizo bastante en la actuación, con charlas con amigos, también escribo poemas, notas, cosas que me van sucediendo. Prefiero en cuaderno, aunque también uso el celular.

–¿Tenés algún toc?

–Dejo muchas comidas por la mitad, un mordisco. No está bueno. Antes era imperceptible, ahora se volvió evidente.

–¿Mirás series?

–Ahora no. Trato de hacer otras cosas antes de sentarme frente a una pantalla. Televisión no tengo. Miro Las estrellas en la computadora para corregirme.

–¿Un hobbie?

–Hago tap. También biomecánica. Se trata de trabajar con la elongación del cuerpo, poner el foco en la postura, aprender a pararte bien. Y durante las clases lo combinamos con clásico porque la profesora fue bailarina toda su vida.

–¿Un destino para las próximas vacaciones?

–Tengo la idea de alquilar una casita en alguna playa alejada, en Colombia, Panamá, México, y pasar Año Nuevo allí. En 2018 me gustaría instalarme en Madrid un tiempito. Estuve el año pasado y me quedé con ganas de seguir explorando.

  • Texto: Paula Galloni
  • Fotos: Thomas Kelly, para Chanel

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