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Jack Johnson:"Mi vida es un lujo"

El músico hawaiano vuelve al país para presentar su séptimo disco, que combina sonidos de ukelele con una visión crítica de la tecnología, el medio ambiente y Donald Trump. "Escribir canciones es limpiar mi cabeza"

Domingo 05 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Contrario a su clásica imagen de chico surfer relajado y cool, Jack Johnson (42) admite que tuvo un verano intenso. Es que, en gran medida, lo pasó lejos de su casa en Hawái para irse de gira por Japón, Canadá y los Estados Unidos, como parte de la promoción de su último disco, All the Light Above It Too. El álbum, que se lanzó en septiembre, llega después de cuatro años de silencio creativo del músico que se hizo famoso por sus canciones con sonidos de ukelele y gusto a playa. "No soy de empezar a pensar en un nuevo disco con una intención en particular. Simplemente, elijo grabar cuando siento que tengo suficientes canciones para trabajar. Y ahí sí, necesito ponerme un deadline porque si no, no termino más. Hice mi primer disco en seis días, pero estoy un poco más lento ahora", se ríe en su charla telefónica con La Nación revista.

Lo que sí va por demás rápido es su tour. Después de un breve descanso en su isla-hogar, Johnson ya está de regreso al ruedo: acaba de tocar en Perú, por estos días se presenta en Brasil y, antes de encarar para Chile, Australia y Nueva Zelanda, regresará a la Argentina por tercera vez el próximo sábado, cerrando la primera jornada del Personal Fest. "Estoy contento de estar de vuelta en Sudamérica. Tenemos buenos amigos acá y tenemos la oportunidad de surfear un poco", cuenta el músico, que siempre viaja acompañado por su mujer Kim y sus tres hijos.

Johnson nació y se crió en la exuberante Hawái, donde a los cinco años se subió por primera vez a una tabla de surf. Desde entonces, su relación con el mar y las olas se le hizo tan esencial como el aire. "Para mí, el océano es mi espacio social, porque es donde más tiempo paso con mi familia y mis amigos. De chico, fueron mi papá y mis dos hermanos mayores los que me enseñaron a subirme a una tabla, y yo ahora les enseño a mis hijos. El surf es también mi canal espiritual, mi conexión con la naturaleza."

Haber crecido en un paraíso digno de una postal no sólo lo llevó disfrutar de la buena vida, sino que también le permitió desarrollar una gran conciencia ambiental. Junto a Kim ya creó dos ONG: la Kokua Hawaii Foundation, en 2003, y la Johnson Ohana Charitable Foundation, en 2008. Ambas combinan temáticas ambientales, artísticas y educativas. Además, el músico es un activo promotor de lo que él llama "tour greening", que apunta a mitigar el impacto ambiental de sus conciertos.

¿Vida idílica? Hay un poco de eso y, aunque él asegure que tiene las típicas ocupaciones y preocupaciones de un marido y padre normal, se sabe por demás afortunado. "Sí, suelo decir que mi vida es un lujo. Se lo digo mucho a mis hijos, para recordarles que es un lujo que podamos reunirnos todas las noches alrededor de la mesa a comer juntos. Por supuesto, hay días en los que siento como que se hizo todo muy difícil, pero siempre al final intento poner las cosas en perspectiva y agradecer lo que tengo, que es mucho, sobre todo si me comparo con la media mundial. Y es que hay tanto que muchos de nosotros damos por sentado: agua limpia, comida saludable, ser parte de un proceso democrático. Incluso, aunque no estemos de acuerdo con los resultados de una elección, todavía podemos tener una conversación sobre eso. Todo esto, para mí, es un verdadero lujo".

La mención de Johnson a la política no es casual: el cuarto tema de All the Light Above It Too se llama "My Mind is For Sale" (Mi mente está a la venta) y es una reacción a la presidencia de Donald Trump: "No me interesa tu paranoia, esos muros de «nosotros contra ellos». No me interesa tu desinterés, tu hambre y tu «yo primero, dame, dame» en todo". No es el único disparo explícito: la tapa del álbum muestra al afable Jack con su guitarra acústica, tirado en la playa, pero con casi toda la arena a su alrededor cubierta de basura plástica que se encontró en las costas de Hawái. Es que, este año, Johnson navegó el Atlántico junto al Instituto 5 Gyres, una ONG que lucha contra la contaminación por plástico en los océanos, y esta experiencia fue clave para ponerse a componer. "Creo que todos mis discos tienen algunas canciones livianas y sensibleras, y otras más tristes o serias, que tienen que ver con, por ejemplo, la pérdida de un ser querido o una realidad que no me gusta. Mi viaje con 5 Gyres fue un mix parecido: una experiencia inspiradora y liberadora, pero que me dejó la sensación de que, a veces, mi aporte no alcanza. Eso puede ser un poco deprimente. Igual, Joseph Campbell, un escritor que a mí me gusta mucho, dice que, si a la mañana te despertás abrumado por todos los problemas de la humanidad, tenés que decidir si vas a rendirte o si vas a participar del cambio, por más chiquito que sea tu rol. Y, si elegís seguir adelante, más vale que participes de las tristezas del mundo con alegría, porque no podemos curarlo todo, pero sí podemos elegir cómo vivir nuestras vidas".

Pasaron 15 años desde tu primer álbum. ¿Cómo es hacer música ahora, a los 42?

Para empezar, la aprecio más ahora que antes. Siempre me gustó la música pero, de adolescente, cuando era parte de una banda de punk rock, se trataba más de sonar como tal o cual grupo que nos gustaba. Ya cuando rondaba los 20, empecé a buscar mi propio sonido. Era un ejercicio consciente: aprender a componer melodías y escribir letras buscando algo auténtico, que no fuera una copia de otra cosa. Pero, incluso entonces, me parece que, en el fondo, buscaba sonar como otros que admiraba. Lleva tiempo encontrar la propia voz. Pero con los años, y gracias también a los viajes alrededor del mundo que pude hacer con mis conciertos, lo fui logrando. Y ahora, con siete discos, me doy cuenta más que nunca de que, para mí, escribir canciones es limpiar mi cabeza, sacarme cosas de encima. Una especie de catarsis para reiniciar mi mente. Cuando termino una canción, me siento fresco y liviano, listo para enfrentarme a lo que venga, a lo nuevo.

Terminaste creando un estilo muy personal. Todos reconocemos una canción de Jack Johnson.

Creo que mis canciones funcionan porque la gente se da cuenta de que vienen de un lugar genuino, honesto. Pero, al mismo tiempo, no quiero que piensen que estoy hablando de mi vida personal. Prefiero que haya algo ahí de lo que puedan adueñarse, que sientan que esos temas hablan de ellos. Todos somos seres humanos y compartimos las mismas tristezas y alegrías y por eso terminan identificándose con mi música.

¿Cómo es tu proceso creativo? Es inevitable imaginarte tirado en una hamaca paraguaya con la guitarra, mirando el horizonte...

(Risas) No escribo demasiado en la playa, aunque sé que esa es la fantasía que se generó a mi alrededor. Alguna vez lo hice, pero no es lo que más me sale. Para mí, el mejor momento para ponerme con mi música es a la noche, cuando toda mi familia ya se fue a dormir y la casa está en silencio. Agarro la guitarra o me siento al piano y me relajo. Igual, ahora que lo pienso, casi todo el último disco lo escribí por las mañanas. ¡No sé qué pasó ahí! Quizá cambió mi rutina. Pero también me sirve salirme del día a día: cuando estoy de viaje, o navegando, o me voy de camping con amigos o con mis chicos. Igual, al final siempre necesito volver a casa, a mi lugar de comodidad y quietud, para terminar de darle una vuelta a todo.

Tenés un sonido muy amable, pero a veces tus letras pueden ser extremadamente críticas. Por ejemplo, cuando cantás sobre nuestra adicción a la tecnología.

Sin dudas, tengo muchos temas que hablan de eso. Y me siento muy afortunado de sentir, mirando para atrás, que la mayoría de mis canciones aún me suenan verdaderas; todavía puedo identificarme con quién era yo en ese momento y por qué las escribí. Por supuesto, hay algunas con las que hoy coincido más que con otras. En cuanto a la tecnología, lo que veo a lo largo de los años es que cada vez profundizamos más la desconexión -de los otros, de la naturaleza, de nosotros mismos- cuando nos entregamos a todos los aparatos que nos rodean. Claro que la tecnología tiene sus cosas buenas también; incluso las redes sociales, de las cuales puedo ser un poco cínico, tienen su lado positivo. Permiten, por ejemplo, que la gente se agrupe y luche por causas comunes que necesitan

¿Qué te inspiró para dedicarle una canción a Trump?

La escribí en una mañana, salió muy rápido porque eran ideas que me venían rondando la cabeza hace tiempo ya que, como padre, tenía que explicarles a mis hijos quién era Donald Trump, este hombre que de un día para otro pasó de ser nadie políticamente a convertirse en uno de los candidatos más importantes en las elecciones nacionales y, luego, presidente de nuestro país. Y todo se sentía como un mero entretenimiento. El "fenómeno Trump" fue muy veloz y muy confuso para muchas personas, yo incluido. Creo que la mayoría de lo que hago hoy como artista viene de esa perspectiva de padre, de tratar de explicarles mi visión del mundo a mis hijos. Quise alzar la voz y decir que a mí no me gustaba lo que Trump estaba proponiendo sobre construir un muro, no solo físico, sino sobre todo mental, porque desde su retórica ya podés notar que su elección de palabras es poco afortunada. Cada vez que habla, apunta a levantar una división entre las personas, siempre es "ellos o nosotros". En fin, cosas que no me gustan y que sentía que tenía que incluir en el disco.

¿Cómo fueron las repercusiones de esa canción?

Hubo gente que no estaba contenta con esa canción, porque hay gente de todos los lados de la política. También hubo quienes dijeron que no iban a comprar el disco por esa canción. Pero no es algo que me haya afectado y creo que no tenés que dejar que las especulaciones sobre la venta de un disco influyan lo que querés hacer con tu arte. Además, también tuve muchísimo apoyo y pasó algo muy lindo en el tour por los Estados Unidos que recién terminamos: toqué en vivo en muchas ciudades, incluidas las que se suelen catalogar como conservadoras, y la verdad es que sentí que en ellas fue donde tuvimos más reacciones positivas. Fue un gran recordatorio de que en cualquier lugar hay gente de los dos lados de la política, de que no hay algo así como estados azules y estados rojos, sino que todos somos matices de púrpura.

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