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Agua y arena, aliados para lograr la mejor cancha en el Abierto de polo de Palermo

Alejandro Battro (h.), responsable de la firma que se encarga de mantener el campo de juego, relativiza algunas conceptos acerca del efecto de las lluvias y destaca el uso de un elemento vital

Domingo 05 de noviembre de 2017
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PARA LA NACION
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El cuidado de la cancha
El cuidado de la cancha. Foto: LA NACION / Sergio Llamera

Más de algún fanático del polo se habrá preocupado el jueves por la torrencial lluvia que azotó gran parte de la ciudad. "¿Arrancará el Abierto? ¿Estarán en condiciones las canchas?", eran algunas de las dudas. Lo cierto es que, aún con aquella tormenta, el inicio del 124º Argentino Abierto de polo nunca estuvo en duda. "Te vas a sorprender pero el viernes regamos las dos canchas y hoy a la mañana regamos la 1 de nuevo", le comenta a la nacion Alejandro Battro (h), responsable de Battro Polo Fields, empresa que fundó su padre y que se encarga desde 1980 de preparar las canchas de Palermo.

"El suelo, por los trabajos que tiene, drena mucho y para que sea seguro tiene que estar húmedo. Si por algún motivo se nos rompiera el sistema de riego el Abierto no se podría jugar. Con charcos se puede pero si está seco no, sería muy peligroso", explica Battro, que además de las de Palermo se encarga de 700 canchas en 32 países.

Año tras año, suspensión tras suspensión, la Triple Corona siempre corre el riesgo de que la lluvia genere una superposición de fechas. Este año, la situación llegó a un extremo y la final del Abierto de Tortugas se terminó jugando en Palermo para que no finalizara después del inicio del Abierto de Hurlingham. El propio Abierto de Hurlingham ofreció en su apertura cuatro partidos en cuatro clubes diferentes.

¿Cómo se trabaja en las canchas de Palermo para que estén en condiciones cuando las demás no lo están? En 2012 se cambió la gramilla por el tifton, un césped más resistente, que rinde mejor con agua, pero necesita más cuidado. "Acá se juega muy fuerte y el pasto se rompe más que en los partidos de menos nivel. La cancha de gramilla siempre llegaba a la final con poco pasto, pero con el tifton eso cambió y nos pusimos al nivel de las exigencias de ese momento", añade Battro.

Pero la diferencia no reside sólo en el césped ya que el tifton comenzó a reemplazar a la gramilla hace unos 20 años y en la Argentina se usa en muchísimos clubes. De hecho, Tortugas y Hurligham lo emplean. Para Battro, lo más importante está debajo del pasto.

"Si tu suelo es tierra y llueve vas a tener barro, por más que tengas tifton o gramilla. Acá hacés un pozo y estás en Mar del Plata, tenés 50 centímetros de arena. La combinación de arena, humedad y raíces te da seguridad porque hace que el suelo sea elástico. El suelo tiene que romperse para que el caballo se agarre y después tiene que volver a su estado inicial. Si el suelo no se rompe, el caballo se cae".

De hecho, a las canchas de Palermo le ponen 1000 m3 de arena por año. La arena juega un papel muy importante en la seguridad y es fundamental para un buen drenaje del agua del suelo.

En el día a día, son alrededor de diez las personas que hacen que las canchas estén en condiciones. "Trabajan para tapar con arena los pozos que dejan los caballos, después hay alguien que corta el césped y el riesgo es es un sistema autoenrrollable que se usa comúnmente en las canchas de polo aquí en el exterior", enumera el correntino Luis Pérez, el capataz de las canchas, que forma parte de su cuidado desde hace 24 años. El cuidado es tal que durante la semana se la trabaja durante 8 horas y los fines de semana antes y después de los partidos.

Pero a la cancha no se le pone solamente arena. Como la arena también se compacta, una máquina holandesa perfora el piso para removerlo. También se usa mucho fertilizante. "Usamos tanto que tenemos que cortar el pasto todos los días", comenta Battro.

Todo este esfuerzo tiene como propósito el cuidado de los jugadores. "La cancha está muy buena. Cuando están en buen estado son imbatibles, son las mejores del mundo. Que haya cambiado a tifton fue mejor, sobre todo cuando te toca una cancha mojada. Para nosotros, está bueno saber que no te vas a patinar, que no te vas a caer", explica Mariano Aguerre, que debutó en Palermo en 1992 y cuenta con 9 Abiertos ganados.

Si los jugadores experimentados las aprueban, para los novatos jugar en ellas es una experiencia inolvidable. "Salías a taquear y era un billar. Una cancha como ésta le da ritmo al juego, sabés que le vas a poder pegar, que vas a errarle menos. Favorece el polo abierto, pasarse la pelota. Encima con toda la arena que tiene podés ir a más velocidad", comenta con cara de satisfacción Pascual Sainz de Vicuña. El español, de 6 goles de hándicap, debutó ayer en la caída de su equipo La Esquina-Los Machitos frente a La Irenita por 14-11 pero la derrota no pudo amargarle el día. "Ya había jugado acá, pero después del Abierto. Esto es impresionante. Para mí, es como jugar en el Bernabéu".

Pero el polo evoluciona, basta con ver algún partido de hace unos años para notar que se juega más fuerte y más rápido. De la misma manera, si en los años 80 alcanzaba simplemente con desmalezar el pasto ahora las exigencias son mayores. Tal es así que, a pesar de haber cambiado el césped hace sólo 5 años, quienes lo cuidan ya piensan en una nueva transformación. "El tifton ya quedó atrás. Estamos buscando uno que cumpla mejor con las exigencias. Queremos importar uno que se llama celebration, que se usa en Estados Unidos, Brasil y Europa, pero no acá. Si le digo a Cambiaso que vamos a poner celebration, seguro me dice que le dé para adelante", concluye con seguridad Battro.

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