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El desconocido de La Aguada: de hacer 1200 kilómetros por semana para practicar a jugar un día Palermo

Fanático de los caballos y de este deporte, Alfredo Bigatti viajaba tres veces cada siete días de su escuela de Chascomús a un club de Open Door por partidos de entrenamiento; ayer debutó en el mejor torneo del mundo

Domingo 05 de noviembre de 2017
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Chino Bigatti, el outsider
Chino Bigatti, el outsider. Foto: LA NACION / Sergio Llamera

Los martes terminaba en la escuela de Chascomús. Su papá, o su mamá, lo llevaba desde ahí hasta Open Door para que el chico, un adolescente, jugara una práctica de polo en el club La Cañada. Ida y vuelta, por supuesto. Doscientos kilómetros.

Y lo mismo los jueves. Los sábados había una diferencia: Alfredo se quedaba a dormir cerca de Open Door, en Pilar, para volver a jugar el domingo y entonces sí regresar al pueblo de la laguna. Total: 1200 kilómetros cada siete días para cuatro partidos de entrenamiento. Y así todas las semanas.

Sin pertenecer a una familia de polo, Alfredo Bigatti llegó a la primera de su deporte. Once años después de su comienzo con los tacos y las bochas, debutó ayer, a los 26, en el Campeonato Argentino Abierto, esa suerte de mundial de polo que cada año engalana a Palermo.

El rubio de Chascomús es suplente de La Aguada-Las Monjitas, el cuarto equipo de la Triple Corona en handicap, pero su reemplazado, Eduardo Novillo Astrada (h.), no jugó ni un partido hasta ahora. Entonces, Bigatti es, desde el Abierto de Tortugas, el titular de facto. Tiene 7 goles de handicap y, con él, el conjunto de los hermanos baja a 31. No se nota en la cancha. De hecho, tuvo una muy buena primera mitad en el 13-10 a La Albertina en la cancha 1.

"En Tortugas me enteré un día antes de que iba a jugar. Fue un poco loco. Y ahora, estar acá, imaginá...", contó a la nacion mientras miraba algo de La Irenita 14 vs. La Esquina-Los Machitos 11, el encuentro previo al de su estreno. No le sobran palabras a Alfredo, pero le alcanzaron para recordar que hasta hace poco era espectador de lo que ahora lo tenía como protagonista. "Antes sacaba entrada para venir a ver el polo. Toda la vida lo hice. Es un poco loco... Ahora, siendo jugador, puedo darles entradas a familia y amigos, que vienen a apoyar", contó con gusto. ¿Es ése el beneficio mayor de ser actor del torneo? "Naaah. Estar adentro, jugando. 100%", respondió a la broma este fanático de los caballos y la cría, primero, y del polo, después. Heredó la pasión por los equinos de su padre, Alfredo, que fue propietario de sangre pura de carrera. Se le abrió una ventana en otro deporte ecuestre en su pueblo, y él se metió de cabeza. "No vengo de una familia de polo ni tengo padrino polístico. Pero cuando uno empieza a jugar, nunca deja. Es adictivo. Puedo apostarte lo que quieras. Cuando uno es nuevo y le pega más a la bocha, se vuelve loco, no puede dejar de jugar al polo", reveló una sensación que pocos pueden saborear.

Por la cuestión de los équidos, su papá conoció a Gonzalo Bunge, un recordado referí de polo, y éste invitó al chico a aprender en Open Door en un verano. Alfredo fue a La Cañada, lo probaron y quedó en el club, cubriendo esos 1200 kilómetros semanales. Una vez que pudo manejar, alivió la tarea a sus papás y fue por su cuenta. "Para jugar al polo hice cada cosa... Una locura. Pero lo hacía feliz", rememoró gustoso.

Aunque frecuentaba Open Door, apenas conocía a los Novillo Astrada. El vínculo se formó este año, cuando Bigatti pensaba disputar la Copa Cámara de Diputados por Las Monjitas. El desgarro de Eduardo, el alma de La Aguada, cambió el plan. Y con los caballos de su reemplazado Alfredo viene rindiendo en un cuarteto que perdió un solo partido oficial en la temporada y que estuvo muy cerca en Hurlingham de eliminar a Ellerstina, luego campeón.

Lo de ayer, por supuesto, fue diferente: era Palermo. "Esto es totalmente otra cosa. Increíble. Una experiencia única. La disfruté en cantidad. Estaba tranquilo. Erré un par de pelotas que no tengo que errar, pero bien", comentó pleno.

Tanto viene rindiendo Bigatti como número 2, su puesto preferido ("me pidieron que cumpliera mi función y nada más"), que demora sin preocupaciones el debut de Eduardo en la temporada. "Que me deje jugar un ratito más... No; ojalá esté bien él", deseó en chiste antes del partido. Después informó, sin perder el humor, que en la próxima fecha seguirá cumpliendo su deseo. "El sábado que viene sigo. Eduardo no quiere jugar. Me dejó el lugar... Buenísimo", festejó. Sin olvidar algo importante: "Estoy reagradecido por la oportunidad que me dio. Estoy feliz", expresó Bigatti. Por cierto, no hacía falta la aclaración.

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