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Estilo Trump: el presidente altera a EE.UU. en un primer año de caos

A 12 meses de su sorpresivo triunfo electoral del 8 de noviembre, sumó más escándalos que logros y perdió popularidad; su entorno quedó en la mira por el Rusiagate

Domingo 05 de noviembre de 2017
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Agencia AFP
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A 12 meses de su triunfo, sumó más escándalos que logros y perdió popularidad
A 12 meses de su triunfo, sumó más escándalos que logros y perdió popularidad. Foto: AFP / Saúl Loeb

WASHINGTON.- En su primer año desde que fue elegido presidente norteamericano, Donald Trump se mostró sediento de aclamación, consumido por el agravio y, para bien o para mal, cumpliendo su promesa de romper las normas del cargo.

La ex primera dama Michelle Obama probablemente lo resumió bien: "La presidencia no cambia quién sos, revela quién sos".

Bajo el foco implacable de uno de los cargos más demandantes del mundo, plagado de desafíos cotidianos, Trump reveló mucho sobre sí mismo desde su victoria del 8 de noviembre del año pasado.

El hombre que afirmó que puede "ser más presidencial" que todos sus predecesores (excepto Abraham Lincoln), usó como un arma su cuenta de Twitter, en la que cada mañana dispara a diestra y siniestra. Aliados y adversarios evalúan si tomarlo en serio o no. Él mismo parece no estar cómodo como residente de la Casa Blanca, e incluso admitió que pensó que "sería más fácil".

Para sus seguidores, el magnate de 71 años está cumpliendo su promesa de poner a "Estados Unidos primero".

"Va más allá de los medios, más allá de burócratas no elegidos", dijo Eric Beach, un estratega republicano que defiende a Trump. "La verdad es que comprendió mejor que todos los demás lo que los norteamericanos sienten y cómo se sienten".

Pero su índice de aprobación, de 33% según la última encuesta de Gallup, es más bajo que el de cualquier otro presidente moderno.

Aunque puede presumir de encabezar una economía sólida, su primer año con el traje de presidente fue pobre en victorias legislativas, tanto en el tema de salud como en el migratorio, y rico en escándalos que atormentarían a cualquier otro gobierno. Su campaña está bajo investigación federal por una presunta colusión con Rusia, una pesquisa que ha corroído el corazón de su administración. Tantos miembros de su equipo se fueron que en el Ala Oeste de la Casa Blanca al último día de la semana laboral l0 llaman "viernes de despidos". Se prometen "grandes anuncios" en cuestión de semanas, pero rara vez llegan.

Trump hizo llorar a la viuda embarazada de un militar durante una llamada de pésame y coqueteó con la extrema derecha racista de una manera hasta ahora tabú en la política norteamericana.

Al criticar permanentemente a los medios y atacar a los viejos políticos republicanos, el presidente dejó contenta a su base. Un 80% de los republicanos cree que está haciendo un buen trabajo.

Fuera de eso, la oposición es tan intensa que en gran medida sus viajes se han limitado a estados profundamente republicanos, bases militares o sus propios campos de golf.

Un viaje previsto a Gran Bretaña se puso en suspenso indefinidamente, mientras que otros aliados preocupados de que Trump pueda desestabilizar la situación descartan su visita como "demasiado peligrosa".

Ningún presidente parece haber estado tan limitado desde que Lyndon Johnson resistió las protestas por la Guerra de Vietnam desde el interior de los mejores edificios públicos de Estados Unidos. Y en la Casa Blanca se enfurece viendo el canal de derecha Fox News y leyendo los medios críticos a su gobierno.

El presidente exuda un anhelo de adulación casi shakespeariano, que los 63 millones de votos que cosechó parecen no haber suprimido.

Su toma de posesión fue la más vista de todos los tiempos, insistió la Casa Blanca. Y en la primera reunión de gabinete, los ministros se turnaban para elogiarlo.

Foto: LA NACION

"Fui a una universidad de la Ivy League [de elite]. Fui un buen alumno. Lo hice muy bien. Soy una persona muy inteligente", comentó recientemente el presidente, y destacó su buena memoria.

En la Casa Blanca hay pocas señales externas del gran cambio monumental del último año. Pero algunos son elocuentes.

Dos águilas de oro de un metro de alto están ahora en la Sala Roosevelt y en el Salón Oval cuelga una pintura del controvertido presidente Andrew Jackson, de retórica populista y defensor de la esclavitud. En los pasillos, los zapatos chatos y los colores pastel dieron paso a los tacones de aguja y las elegantes corbatas símbolo del poder.

Pero el tono se impuso desde arriba, por un presidente constantemente a la ofensiva contra una amplia gama de opositores, desde líderes republicanos hasta jueces federales, agencias de inteligencia, una alcaldesa puertorriqueña, los medios de "noticias falsas", jugadores de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) y el programa de televisión Saturday Night Live.

Las constantes demandas de reconocimiento alimentaron dudas sobre la aptitud de Trump para el cargo. Y a los críticos les preocupa que con él las instituciones se estén erosionando en Estados Unidos.

El ex presidente republicano George W. Bush criticó la política en la era Trump, en la que "la intolerancia parece incentivarse", los "debates políticos parecen más vulnerables a las teorías conspirativas y a las manipulaciones" y "el desacuerdo escala a deshumanización".

Prominentes senadores republicanos denunciaron el "flagrante desprecio" de Trump por la verdad y la decencia, y lo acusaron de "degradar" a la nación.

Según el senador republicano Marco Rubio, Trump llevó a casi todas las instituciones norteamericanas -los medios, los demócratas, los republicanos, el Congreso, el ejército, el mundo académico e incluso la NFL- a un debate interno sobre lo que representan.

Sólo por eso Trump puede ser uno de los presidentes más consecuentes de los tiempos modernos.

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