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Mudanza de estatuas: historia de una práctica que refleja viejas y nuevas grietas

El traslado de los monumentos a Colón y Azurduy generó una fuerte polémica, pero las relocalizaciones se remontan a 1885; en los últimos tres años, pasaron inadvertidas más de 10 mudanzas

Lunes 06 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Juana Azurduy se desplazó desde la Casa Rosada hasta el Centro Cultural Kirchner
Juana Azurduy se desplazó desde la Casa Rosada hasta el Centro Cultural Kirchner. Foto: Archivo / Ignacio Sánchez

"Hay que entender que la ciudad está constantemente en cambio y, salvo piezas muy representativas que forman parte de la identidad local, la mayor parte de las esculturas fueron trasladadas alguna vez. ¡Hasta la Pirámide de Mayo!", describe Pablo Chiesa, licenciado en Museología, autor del blog Mirada Atenta y asesor de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos.

En efecto, pese a que desde 2013 y hasta hace tres días las mudanzas de los monumentos a Colón y a Juana Azurduy despertaron una polémica de una intensidad poco antes vista, los movimientos de estatuas no son una novedad en Buenos Aires. Las relocalizaciones tienen más de un siglo de historia.

El primer traslado se registró hace 132 años (en 1885) en la Plaza de Mayo, cuando el monumento ecuestre al general Manuel Belgrano cambió de orientación: el caballo, que antes miraba hacia el Cabildo, ahora miraría hacia el Norte. "Los motivos pueden haber sido dos: evitar que la cola del caballo apuntara hacia la Casa Rosada o que, a causa de la demolición de la Recova, en 1884, la imagen de bronce no fuera visible en el nuevo eje de la plaza y tuvieran que rotarla", explica Bruno Correia, investigador del Museo de la Ciudad.

Por ser el primer monumento patrio que tuvo la ciudad, el caso de la Pirámide de Mayo es uno de los más emblemáticos. En marzo de 1811, se instaló en el lado oeste de la Plaza de Mayo, como conmemoración del primer aniversario de la Revolución. En 1912, después de haber sufrido algunas modificaciones, se la corrió hacia el centro de la plaza con la idea de construir un "grandioso" monumento que la contuviera. El proyecto fue asignado, pero nunca se concluyó.

Otro de los casos resonantes es el de la escultura de Antonio Ruiz, "el negro Falucho", soldado que sirvió para el ejército de San Martín, ubicada actualmente en la plazoleta de la intersección de las avenidas Santa Fe y Luis María Campos. "En 1928 la revista Caras y Caretas denunciaba que ya la habían movido seis veces", recuerda Alejandro Machado, autor de la Red de Blogs de Arquitectura Argentina.

En 1862, la obra estaba emplazada en la barranca de Retiro y sobre el pasaje Florida, que corría en diagonal desde la calle de ese nombre hasta la intersección de Juncal y Paseo de Julio (hoy Avenida del Libertador). En 1910, fue trasladada a la plazoleta situada entre las calles Río de Janeiro, Guardia Vieja y Lambaré del barrio de Villa Crespo y en 1932 volvió a la que había sido su primera locación, que es también la actual en Palermo. Sólo por mencionar algunos de sus paseos.

Existen ejemplos en la historia argentina en los que el revanchismo ha influido en la ubicación de monumentos porteños. Por ejemplo: la escultura de Domingo F. Sarmiento, hoy en el Parque Tres de Febrero, fue colocada durante la presidencia de Roca justo enfrente de la casa de su enemigo Juan Manuel de Rosas. Y el monumento a Juan Galo Lavalle, instalado en la Plaza Lavalle, se ubicó enfrentado al solar donde vivía Manuel Dorrego.

Si bien la controversia rodeó pocos traslados, como los de Colón y Juana Azurduy, muchas estatuas fueron movidas de su lugar original sin generar objeciones. Un caso llamativo es el de la escultura de Caperucita Roja, actualmente en los Bosques de Palermo. Este monumento fue inaugurado en las Barrancas de Belgrano y en 1937 fue trasladado a la Plaza Lavalle. En 1972, fue finalmente relocalizado en la Plaza Sicilia del Parque Tres de Febrero.

Los últimos casos

En tanto, fuentes del Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño consignaron que no sólo las estatuas de Colón y Azurduy fueron mudadas recientemente. Como se recordará, el marino genovés fue mudado desde la Casa Rosada hacia la Costanera Norte y en el lugar que dejó vacante se instaló la escultura de la heroína, que a su vez en septiembre último fue reubicada frente al Centro Cultural Kirchner.

La estatua de Colón está siendo reconstruida en Costanera Norte
La estatua de Colón está siendo reconstruida en Costanera Norte. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

Pero, lejos de la polémica, en los últimos tres años se trasladaron más de diez esculturas. Entre ellas, la de Juan Bautista Alberdi (dentro de la Plaza Constitución), la de Juan José Castelli (de la Plaza Constitución al patio del Cabildo), el homenaje IV Centenario La Catalana (de la Plaza San Martín al Parque Rivadavia) y el Monumento al Soldado Patricio (dentro del Parque Patricios).

"En la mayoría de los casos, los traslados se producen debido a trabajos de infraestructura en los espacios donde se encuentran instaladas. A veces, la obra queda descontextualizada del entorno y, como recurso posible, se estudia la factibilidad del traslado. Otras, el movimiento busca resguardar la obra", aseguraron las fuentes.

"La preservación del patrimonio no está en contra del progreso. No solamente cumple una función estética, histórica y representativa, sino también define la identidad de una sociedad. Al modificarlo hay que tener mucho cuidado, porque se está tocando la identidad cultural de la ciudad de Buenos Aires. Nadie la concebiría sin el Obelisco ni el Congreso", advierte Chiesa.

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