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Seguir sufriendo: la derrota ante Boca prolongó el dolor de River por la eliminación copera

Para los locales, el partido fue un breve recreo mental para olvidar la tristeza de la eliminación copera, que se potenció con el 1-2

Caras de amargura tras dos derrotas y fuera de la Libertadores
Caras de amargura tras dos derrotas y fuera de la Libertadores. Foto: Fernando Massobrio
Domingo 05 de noviembre de 2017 • 21:13
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LA NACION
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"No lo soñeeeeeee ee eee", canta a través de los parlantes del Monumental el Indio Solari en ese himno ricotero llamado "Ji ji ji". Nada más adecuado para describir el clima reinante en la previa del Monumental, antes del choque con Boca. De inmediato, el disc jockey se expone y pega "Highway to hell" (autopista al infierno). Más de uno tiene fundamentos suficientes para dudar si acaso el hombre no es de los de la Ribera. Sino, no se explica tanta coincidencia para elegir a los últimos dos temas antes del anuncio de los equipos.

Se sabía, desde el martes a la noche, que el ambiente de este superclásico no sería el mismo. La histórica remontada de Lanús, que marginó a River de la final de la Copa Libertadores, sacudió los cimientos del club de Núñez. El ánimo del público local cambió desde entonces. La posibilidad de enrostrarle a Boca su exitoso presente frente a la ausencia xeneize en el plano internacional se escapó, como arena de las manos, con el tanto de Silva que selló el 4-2 Granate en la Fortaleza.

El partido de hoy, en ese contexto, fue apenas un paréntesis entre las penurias de la entidad albirroja. Que alentó con fuerza antes del arranque del partido, enmudeció cuando Cardona la colgó de un ángulo, volvió a hacerse sentir tras el 1 a 1 de Ponzio y se apagó para siempre con el tanto de Nández.

"La verdad es que todavía no lo puedo creer. Sigo bloqueado en el martes", le confesó a LA NACION Patricio, un fanático de River que en la previa se ilusionaba con un triunfo ante Boca, pero que reconocía que nada iba a cambiarle el ánimo de haberse quedado a las puertas de otra definición copera.

A su lado, y muy resignado, Juan Carlos confiesa: "Yo ya estaba ahorrando para sacar el pasaje al Mundial de Clubes, porque la final de la Libertadores quedaba demasiado pegada. Ya me imaginaba ver a River contra el Real Madrid. Ni una goleada a Boca revierte tanta tristeza"

El asunto pasó justamente por ahí. Y el breve análisis de los hinchas se multiplicó por los miles de fanáticos que coparon el Monumental. Que ocuparon sus lugares por la pasión que sienten por su equipo, pero que tal vez hubieran preferido otro plan. Recibir a Boca como flamantes finalistas de la Libertadores, hubiera sido apoteótico. Una fiesta. Un escenario ideal. Lanús, y los propios errores del equipo de Gallardo para no saber sostener una ventaja de 3-0 en la serie, lo impidieron.

Caras de amargura tras dos derrotas y fuera de la Libertadores
Caras de amargura tras dos derrotas y fuera de la Libertadores.

Al igual que el equipo, los fanáticos del conjunto millonario respiraron hondo, sacaron pecho y se acercaron al Monumental a alentar a River, a demostrarle que una derrota, por más dolorosa que fuese, no pone en duda el apoyo y el agradecimiento a Marcelo Gallardo y al plantel por lo logrado en estos dos años de éxitos, en horas donde el aroma a fin de ciclo se siente con fuerza. Si hasta guardaron energías y casi ni silbaron ante el anuncio de cada futbolista visitante, en el que Guillermo Barros Schelotto lideró el "silbómetro" por escándalo. Por el contrario, Marcelo Gallardo se llevó la ovación más grande de la cancha, seguido a varios cuerpos por Nacho Scocco.

Como ocurre en cada River-Boca, sea en Núñez como en la Bombonera, este es el partido en el que más se siente la ausencia del público visitante. El duelo de hinchadas siempre decora mucho más al superclásico. Y esta tarde, no fue la excepción.

El cotillón hizo que el estadio luciera rojo y blanco en sus cuatro costados y el ingreso de River ratificó que el vínculo hinchas-equipo se mantiene intacto. Sin embargo, no hubo demasiado para festejar, ni antes ni después. Y eso quedó en evidencia con la pirotecnia: se arrojó apenas un tercio de la utilizada hace 12 días, cuando el millonario salió a la cancha a jugar el partido de ida de las semifinales frente a Lanús y todo era ilusión en la Libertadores.

El entusiasmo de enfrentar a Boca siempre está. Hubo un aliento conmovedor para el equipo cuando salió a la cancha y silbidos y cánticos contra Boca. Pero la efervescencia de otros duelos se había diluido el martes. Y no sólo nada pudo modificar ese clima, sino que esta nueva derrota ante el clásico ahondó más esa sensación de vacío.

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