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Este Boca aplasta hasta el recuerdo de su último título

En el Monumental, volvió a ganarle a River, se escapa como puntero y afianza su identidad

Domingo 05 de noviembre de 2017 • 20:33
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Guillermo Barros Schelotto
Guillermo Barros Schelotto. Foto: Daniel Jayo

Cuando Boca se coronó en el torneo pasado, se alertó que sería un monarca que no quedaría en la memoria. No se licuaban sus méritos, se cuestionaba su legado. Boca siempre lo supo, por eso se ocupó de tomar distancia del campeón. Eligió no parecerse en nada para evolucionar. Si el camino de aquel Boca había estado tapizado de baches, tantos que en las primeras ocho fechas sólo había rescatado 15 puntos, éste suma el puntaje ideal en el mismo período. Y empieza a hacer visera para distinguir a sus perseguidores… Si Boca se anima a atropellar la historia, el primer paso ha sido borrar sus últimas huellas.

No se conforma Boca con protagonizar su mejor comienzo en un certamen. Ayer olió sangre... y le asestó un gancho a esa riverplatense alma de cristal que quedó retorcida una docena de puntos atrás. Quiere el récord que justamente pertenece a River, el de los nueve triunfos consecutivos desde el debut en el Apertura 1991, con Daniel Passarella como entrenador y Ramón Díaz como goleador. Le falta apenas un triunfo y acaba de atravesar una barrera emocional con beneficios insoslayables.

Barros Schelotto abraza a sus jugadores
Barros Schelotto abraza a sus jugadores. Foto: mare

Como queriéndose desentender del campeón desteñido, Boca escalonadamente fue cambiando protagonistas. Tanto que entre el clásico que perdió 3-1 hace algunos meses en la Bombonera y ayer, apenas se repitieron cinco jugadores. Barros Schelotto apostó en este certamen por otra columna vertebral y la formación boquense empezó a ser un recitado de memoria. Boca tiene estilo, cadencia futbolística y firmeza. El colombiano Barrios, Cardona, Goltz, Magallán, jugadores que no participaron del título o que recién se afirmaron en el tramo decisivo, precisamente cuando los xeneizes se aseguraron el campeonato.

Boca se coronó entre sus méritos sin brillo y adversarios que jamás creyeron en sus fuerzas. Pero el título no estuvo en discusión porque todos los demás fueron peores, claro. En plena consagración, se subrayó que el rey no quedaría en el recuerdo. Aquél perdió el clásico en su cancha; éste le asestó a River un golpe de KO y en el Monumental. Aquél jugaba por ráfagas y le costaba diferenciarse de un rebaño gris; éste prematuramente se aleja de la manada con la fuerza de un huracán. El propio Boca se encarga de que el olvido se encargue del campeón.

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