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Análisis táctico: el día que Boca empezó a jugar la Copa Libertadores 2018

El clásico ante River le sirvió a Guillermo Barros Schelotto para aplicar recursos futbolísticos que puede llegar a utilizar para buscar ganar el máximo trofeo continental el año próximo

Nahitan Nandez y un cruce con intensidad con Pity Martínez en el superclásico disputado en el Monumental
Nahitan Nandez y un cruce con intensidad con Pity Martínez en el superclásico disputado en el Monumental. Foto: Daniel Jayo
Domingo 05 de noviembre de 2017 • 23:06
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LA NACION
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Boca empezó ayer a jugar la Copa Libertadores 2018. Es cierto que el superclásico correspondió a la 8° fecha de la Superliga, que para los xeneizes las noticias tuvieron que ver (en el presente) con ganarle a River, con sacarle 12 puntos de diferencia, con extender a 9 los puntos con San Lorenzo, a 12 con Independiente y a 15 con Racing, otros de los posibles candidatos. También confirmó otro elogio desde el punto de vista que nadie consigue ocho éxitos seguidos de casualidad, menos si suma 21 goles a favor y apenas dos en contra. Pero Guillermo Barros Schelotto sembró ayer una semilla pensando en el futuro cercano. Boca ayer ganó una final. ¿En qué sentido? Porque se vio obligado a potenciar recursos que hasta aquí no había utilizado antes de manera tan marcada y que (muy probablemente) tenga que necesitar para ganar la Libertadores del año próximo, que a esta altura ya es una obsesión para todo el plantel xeneize. Veamos:

Barros Schelotto salió a atacar a River , pero cuando tuvo que defender, pidió defender: ya sea por verse superado en un pasaje del partido o porque debía reacomodar tácticamente al equipo ante la injusta expulsión de Cardona o porque quedaban quince minutos y Boca ganaba 2-1.

Cuando no fue protagonista es porque no pudo (o River no lo dejó) y no por eso dejó de atacar, sino que buscó los momentos: pararse “4-4-1”, como pidió el Mellizo desde el banco tras la roja al colombiano, con Nández y Pavón como volantes externos y Pablo Pérez y Barrios como doble 5.

Pero Boca, este Boca de Guillermo tan cuestionado en los mano a mano o en las “finales”, en partidos donde el margen de error no da revancha, solía flaquear. Se frustraba a la hora de no poder jugar igual que en los campeonatos largos y sufría esa presión de manera individual y luego colectiva. El último ejemplo fue ante Central, por la Copa Argentina 2017. Boca no le encontró la vuelta y quedó eliminado sin ofrecer un plan B que aparezca como solución.

Ayer a Boca se lo vio mucho más combativo a la hora de jugar el clásico. No fue casual que hizo 24 infracciones (muchas de ellas “tácticas”), cuando su promedio de faltas cometidas en las siete fechas anteriores de la Superliga había sido de 13. River tuvo una posesión del 72% en el segundo tiempo pero casi no le generó peligro. Y el empate lo convirtió Ponzio con un derechazo desde afuera del área.

El punto de las faltas, además, está relacionado como otro plus que encontró Boca en los últimos tiempos: porque a más faltas cerca de su arquero, más riesgo para que el adversario pueda sacarle provecho a los goles vía el juego aéreo. Pero ahora Boca defiende mejor en las pelotas paradas, sobre todo a partir del ingreso de Goltz , cómo intenta salir a controlar Rossi esa clase de envíos, los aportes de Benedetto defendiendo libre y las confirmaciones en las marcas de Magallán , Jara y Pablo Pérez.

En el último Boca campeón de Guillermo, una falta en un lugar indebido del campo de juego podía generarle más de un dolor de cabeza a la defensa xeneize. Hoy no. Boca hizo 24 faltas contra River y sufrió, en total (sumando los córners), 23 pelotas paradas en contra, todas con destino de centro al área de Rossi. Y el equipo se impuso de arriba en 15 de ellas. River ganó en apenas 4 y las restantes 4 pasaron de largo, sin vencedores ni vencidos. En la Superliga, a Boca le hicieron un solo gol de pelota parada. No es un punto más a la hora de jugar la Libertadores.

Este Boca, a diferencia del que salió campeón, también cuenta con un especialista para las ejecuciones de los tiros libres a favor: Cardona . No sólo por el golazo de tiro libre directo, sino por los centros que pueda meterles a sus compañeros. El Mellizo sí mantiene la planificación de las jugadas preparadas. Otro plus, aunque no siempre puedan salirle.

A la hora de sumar cualidades pensando en el máximo certamen continental de 2018, está la velocidad y precisión con la que saca los contraataques, sobre todo pensando en los planteos de visitante, donde los goles valen doble. Ayer el equipo xeneize no estuvo fino en el último pase de estos intentos, pero las búsquedas están aceitadas, sobre todo con un protagonista como finalizador que no sale del pensamiento lógico: el colombiano Fabra. En la Superliga, 7 de los 21 goles el equipo los hizo de contraataque. Porque Boca puede ser arrollador y (ahora) también saber jugar sin la necesidad de tener siempre la pelota.

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