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Gallardo también desciende al sótano del lloriqueo

Lunes 06 de noviembre de 2017
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Gallardo se retira del campo
Gallardo se retira del campo.

Pudo entrar en ese distinguido círculo que integran entrenadores como Bielsa, Sabella o Pekerman, caballeros que asumen las derrotas sin alentar fantasmas ni repartir culpas. Pero Marcelo Gallardo , solo, se estrelló la puerta en la cara. La eliminación de la Libertadores activó su perfil menos cuidado y elegante, ahí donde anida la ruindad. "Esto nos deja una enseñanza: no podés bajar la guardia porque le das posibilidades al rival y a todos los que interfieren de alguna manera u otra para verte claudicar", disparó 72 horas después de perder con Lanús. Lejos de aprovechar el tiempo para articular una visión superadora..., alentó conspiraciones. Ante el peor mazazo de su carrera, apenas le regaló algunas palabras de reconocimiento a Lanús y enseguida descargó su batería de imputaciones en el VAR, en la Conmebol, en "esos señores que vinieron a darnos una cátedra de transparencia", en los árbitros?

Con el alma apretujada en un puño y una calma algo impostada, ayer volvió a sembrar sospechas -aseguró que la pelota nunca salió antes del gol de Scocco- y apostó por las chicanas entre sus herramientas discursivas: "Hemos perdido la Copa porque la hemos jugado, otros se conforman con el campeonato", le refregó a Boca su ausencia en la Libertadores 2017. Un arrebatado infantilismo. Como en la conferencia del viernes, cuando habló de picardía y circo arbitral, desentendiéndose de las veces que lo beneficiaron. Quizá, si no hubiese gozado de la tolerancia de los réferis ante la ardorosa intensidad de su River en 2014/15, hoy no sería leyenda. Porque Gallardo ya es una leyenda, por eso mismo tendría que proteger mucho mejor sus mensajes.

Los dirigidos se contagian del líder y vociferan más boberías, como hizo Enzo Pérez en el entretiempo, cuando le descargó a Pitana su furia por el invento del VAR. ¿Pérez no se acercó al juez para advertirle que había teatralizado un codazo de Cardona y que el colombiano no debía ser expulsado? No, claro que no. Refugiarse en la desestabilizadora teoría de que ?a River hay que tumbarlo' es tan cómodo como cobarde.

"¿La labor de Pitana? Se equivocó para los dos lados, pero por lo menos hubo un árbitro que se equivocó? y no siete", agregó el entrenador millonario para seguir destilando dolor con rústica ironía. Disfrazado de estadista, Gallardo fue tribunero.

Ojalá que Gallardo se quede en River, en la Argentina, su obra merece continuidad. También, para demostrar que si le toca volver a perder, podrá digerirlo sin desplegar un arsenal de señalamientos. Descendió al pestilente sótano del lloriqueo, ahí donde Guillermo Barros Schelotto suele ser amo y señor. Pero el alter ego millonario era un espejismo, una construcción del relato. Al Mellizo le apareció una copia que estaba escondida en el mullido confort de la victoria.

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