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El adiós a Esteban D'Apice, el periodista de los corrales

Falleció ayer a los 85 años; fue cronista de LA NACION en el Mercado de Liniers por 67 años ininterrumpidos

Lunes 06 de noviembre de 2017 • 08:26
Para Esteban D'Apice, las pasarelas del Mercado de Liniers, sobre los corrales, fueron una parte grande de su vida
Para Esteban D'Apice, las pasarelas del Mercado de Liniers, sobre los corrales, fueron una parte grande de su vida. Foto: Archivo

"Mientras el Barba nos de fuerza seguiremos firmes hablando de las vaquitas", decía a menudo Esteban D'Apice para despejar cualquier duda que los demás pudieran tener sobre su intención de desafiar el calendario y de seguir junto a sus dos pasiones: el periodismo y los avatares del Mercado de Liniers, un espacio del barrio de Mataderos que recorrió de a pie y de a caballo como muy pocos otros en los 67 años en que fue cronista de LA NACION en ese mercado.

Y así fue. Esteban falleció ayer, a los 85 años, un día después de firmar su última columna para el Suplemento Campo.

"Me acollaré al mercado de hacienda y no me moví más. Ahí me afirmé. Tuve gran apoyo de consignatarios de aquella época", dijo Esteban en junio de 2010, en ocasión de celebrar los 60 años de tarea ininterrumpida en el diario.

Su trabajo en LA NACION fue un legado de su padre, que tuvo a su cargo la cobertura del mercado de hacienda para el diario entre 1912 y 1949. Con 18 años, ingresó en LA NACION el 1° de junio de 1950 como aspirante a reportero, primera categoría en el Estatuto del Periodista, pocos meses después de egresar del Colegio Nacional Mariano Moreno.

De aquellos años en LA NACION, Esteban atesoraba "el privilegio de ser integrante de la Redacción con un director como el padre del actual, Bartolomé Mitre, y de compartir ruedas de café con monstruos literarios como Mallea y Mujica Lainez".

Con igual profesionalismo, Esteban acompañó los altos y los bajos del mercado de hacienda y siempre hizo del trabajo un placer, más que una carga, incluso cuando debía declinar la invitación de los consignatarios a hacer un alto en su tarea para compartir un asado y un vaso de vino. "Gracias muchachos, pero debo cumplir con la entrega del material al diario", se disculpaba el oriundo del barrio de Flores, con la cortesía propia del hombre de campo adentro.

Pero más allá del trabajo, la familia y los afectos eran para Esteban su mayor fortaleza. Tras cinco años de noviazgo, 62 años atrás contrajo matrimonio con Coca, su compañera de vida. Con ella tuvieron tres hijos, Florencia, Valeria y Diego. "No hay tiempo mejor invertido que el pasado junto a la familia", contaba con frecuencia para expresar lo mucho que disfrutaba cada encuentro compartido, más aún tras la llegada de Milagros y de Francisco, sus nietos con quienes volvió a ser un poco niño.

En los últimos años, en los que la salud lo puso varias veces a prueba, contó con la asistencia de Eugenia, su sobrina, hija de Oscar D'Apice, su hermano fallecido en 2005 y con quien también compartía la pasión por el mercado ganadero. Con ella formaron un equipo que conjugó la experiencia y las nuevas herramientas de estadística para ofrecer así al lector de LA NACION la mejor información de la plaza ganadera.

Reconocido por los colegas que transmiten a diario la información del Mercado de Liniers como "el maestro", Esteban fue compañero y formador, siempre dispuesto a compartir sus conocimientos y sus experiencias con quienes llegaban hasta él como referente del sector, sin mezquindades ni recelos. Hoy, todos lo despiden con el afecto que distingue a quienes no pasan en vano por la vida, sino que dejan marca en todos aquellos que lo rodean.

Su mujer, sus hijos, sus nietos y el resto de la familia; sus amigos; sus colegas, y sus lectores lamentan la pérdida del hombre, pero atesoran la gratitud por haber formado parte de su vida. Con ellos, LA NACION hoy despide al periodista que dignificó la profesión con su trabajo a lo largo de 67 años y eleva una plegaria por su memoria y por el bienestar de su familia.

Hasta siempre Esteban

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