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En menos de un año dejó la comida chatarra y el sedentarismo y llegó a competir en un triatlón

Largas jornadas laborales frente a la computadora, comida chatarra y un estilo de vida poco saludable llevaron a Bruno Scaramuzzino a hacer un cambio tan rotundo como ejemplificador.

Martes 07 de noviembre de 2017 • 00:22
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PARA LA NACION
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Pesado, con poca energía y cansado por luchar contra las repetidas lesiones en sus rodillas y dolores en sus pies, Bruno Scaramuzzino (33) supo un buen día que su vida necesitaba un cambio. Las largas jornadas frente a la computadora que le demandaba su trabajo como diseñador gráfico, sumado al mal hábito de pedir comida con la modalidad de delivery no saludable habían hecho un combo explosivo en su organismo.

El primer paso llegó de la mano del running. "Al principio costó porque la realidad es que nunca me gustó correr. Pero quería hacer una actividad que no me demandara demasiado tiempo, que pudiera hacer cuando yo quisiera y el running cumplía con esos requisitos. A pesar del esfuerzo, al poco tiempo le empecé a agarrar el gustito a los entrenamientos. Corría los martes, los jueves y los sábados y el resto de los días salía a pedalear para despejarme", recuerda Scaramuzzino. Y con esa frecuencia de actividad física llegó el primer cambio. Si bien todavía no había bajado de peso, después de algunos meses de entrenamiento, Bruno ya se sentía más liviano, deshinchado y con sus músculos tonificados. El esfuerzo estaba rindiendo sus frutos.

"Sinceramente no sé cómo ni en qué momento tomé la decisión de empezar a entrenar para competir en un triatlón (tres disciplinas deportivas: natación, ciclismo y carrera a pie, en orden y sin interrupción entre una prueba y la siguiente). Siempre me había atrapado el mundo de las bicicletas y el running era una disciplina que ya formaba parte de mi vida para ese entonces. Sólo me faltaba nadar. Y tomé coraje de hacerlo con mi amigo Luciano Calcagno, con quien tengo el enorme placer de compartir, desde hace más de ocho años, diferentes actividades deportivas", explica Scaramuzzino.

Barajar y dar de nuevo

El cambio para lograr el objetivo que se había propuesto iba a ser nuevamente radical. Dos actividades diarias y el compromiso de entrenar todos los días formaban parte del camino que iba a tener que recorrer para lograr completar los 1.9 km de natación, 90 km de bicicleta y 21 km de running del medio Ironman de Río de Janeiro en su edición 2017.

"Al principio fue duro acostumbrarse. La idea que me habían propuesto mis entrenadores de Aba Team Escuela de Triatlón era hacer natación y running los lunes miércoles y viernes, los martes y jueves dedicarlos a la musculación en el gimnasio y al ciclismo, y los sábados hacer lo que se conoce como transición, que es una combinación de ciclismo y running", dice y confiesa que aunque las primeras semanas fueron las más desafiantes -para cuando llegaba el miércoles recuerda que no tenía energía para continuar entrenando-, de a poco su cuerpo se fue acostumbrando y, semana a semana, pudo completar los diferentes planes de entrenamiento que le habían preparado. "Cuando quedaban pocos meses para la competencia, se agregó una transición también los domingos, casi no había descanso. Pero siempre entrené en grupo y todo se hizo llevadero y divertido. Siempre me tuve fe de que iba a terminar la carrera, pero mi meta era terminarla entero", dice con una sonrisa.

Adrenalina, sudor y lágrimas

Había llegado el gran día. Era momento de comenzar la competencia para la cual se había estado preparando. Viajó a Río de Janeiro, Brasil, con su grupo de entrenamiento, sus amigos y su novia. Después de una fuerte tormenta, amaneció a las 4 de la madrugada para cumplir su sueño. No había una sola nube que empañara su cometido. "Cuando quedaba un minuto para la largada, pensé que iba a estar súper nervioso pero no fue así. Estaba concentrado y repasé uno a uno todos los consejos de los compañeros de equipo y de los entrenadores. Respiré hondo y pensé: es como un entrenamiento más", relata Scaramuzzino.

Sonó el aviso de largada y el diseñador gráfico se aventuró hacia su objetivo. El clima soleado acompañaba, el mar estaba sereno y al momento en que comenzó a nadar, Bruno se propuso buscar un ritmo en el que se sintiera cómodo y pudiera mantenerse calmo. Estimaba completar la primera de las tres pruebas en un tiempo de 50 minutos, pero cuando salió del agua y miró el reloj, no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro: había recorrido la distancia en 42 minutos.

Cumplida la primera etapa, era el momento de pedalear. La primera vuelta era por un sendero llano pero después llegó la subida al morro. "Al principio el ascenso no era muy empinado, podía mantener la velocidad y la cadencia en la bici, hasta que me topé con un grupo que iba a paso lento. De pedalear a 30 km/h pasamos a 17 km/h. Creo que todos pensamos en bajarnos y caminar, pero seguimos el recorrido y finalmente llegamos a la cima. Para la bajada nos habían recomendado apretar el freno porque era peligroso. No hice caso: bajé a 64km/h, pero al final había una rotonda y, por ende, tuve que frenar, retomar y volver a subir al morro. Grave error. Pero me consoló saber que venía una bajada más larga, una de las partes que más disfruto sobre la bici. Puse el piñón más chico y seguí pedaleando", cuenta con detalles. Ya habían pasado 3 horas y 3 minutos de competencia y Bruno todavía se sentía "entero".

Las piernas tenían resto para seguir andando aún. Había llegado la última de las etapas, los 21 km de running y Scaramuzzino había dividido mentalmente la distancia en 7 partes de 3 km. "El sol nos estaba pegando muy fuerte, el asfalto estaba caliente, pero en cada vuelta me cruzaba con mis amigos y con mi novia que estaba de espectadora que me sacaba fotos y alentaba. Kilómetro 6, 9, 12, todo perfecto. Pero de repente, en el km 17/18 se me apagó la máquina y las piernas no querían saber más nada. Decidí caminar, fueron unos 300 metros, volví a correr con mucho esfuerzo, caminé de nuevo y para cuando me quise dar cuenta ya estaba viendo a lo lejos la línea de llegada".

"No camines más, ya lo tenés", le gritó su entrenador para alentarlo. Y esas palabras le inyectaron a Scaramuzzino una dosis de energía que le permitió volver a correr. "Cuando estás cerca de la llegada, ves toda la gente alentando y el arco, ya no te duele nada. Querés cruzar el arco porque ahí estan tus seres queridos. Y la medalla, ¡la maldita y amada medalla! Siempre había pensado que quería salir en la foto de llegada con el puño cerrado y en un gesto de victoria. Llegué agotado, con los brazos en alto y una sonrisa de oreja a oreja. La felicidad fue plena y desbordante y con la convicción interna de que hay que seguir entrenando para que la próxima competencia salga mejor", finaliza con alegría y orgullo.

De izquierda a derecha: Bruno, Mariana, Luciana, Carolina, Luis, Luciano y Ricardo, equipo y familiares para apoyar la aventura
De izquierda a derecha: Bruno, Mariana, Luciana, Carolina, Luis, Luciano y Ricardo, equipo y familiares para apoyar la aventura.

La voz del especialista

El Doctor Fernando Cichero, Profesor adjunto de Anatomía en la Facultad de Medicina de la Fundación Barceló explica cuáles son los beneficios de la actividad física para el corazón y qué cambios produce en el ejercicio regular y adaptado a cada persona según su edad, historia clínica y necesidades. Escuchá el audio completo:

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