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Alumni,el club de las finales perdidas, solo piensa en la revancha

Finalista del Top 12 de la URBA, el conjunto de Tortuguitas dejó atrás su preocupación por mantener la categoría y sueña con vengar las cuatro derrotas decisivas que sufrió en la última década

Lunes 06 de noviembre de 2017 • 22:17
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PARA LA NACION
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Foto: FotoBAIRES

Un equipo que empezó la temporada pensando en mantener la categoría y ahora definirá el torneo contra el mejor de la última década. Así podría resumirse el presente deportivo de Alumni , la revelación del torneo de la URBA Top 12. Pero detrás de la noticia se encuentra la historia de un club que estuvo en la elite hace unos años, pero que nunca pudo coronarlo con un título.

A seis años de la final perdida ante el San Isidro Club, los de Tortuguitas se tomaron revancha frente al mismo rival el domingo. La victoria por 23 a 20 no sólo saldó una cuenta pendiente ante su verdugo, sino que fue la demostración de un plantel asentado que le sumó atributos a su juego histórico, pero sobre todo que cuenta con la mentalidad para dar el golpe, el próximo sábado en el CASI.

Cuatro finales perdidas en 10 años

El historial de los últimos campeones no miente: Alumni es el que más cerca estuvo de levantar el trofeo de la URBA desde que empezó a correr la modalidad de playoff en sede neutral, en 1998. Los de Tortuguitas llegaron a la final en cuatro oportunidades, donde cayeron ante SIC (2004 y 2011) e Hindú (2006 y 2007).

Si bien tiene cinco títulos locales (1989, 1990, 1991, 1992 y 2001), nunca pudo festejar bajo el sistema de finales, dado que en el campeonato de 2001 no se disputaron partidos definitorios. En 2004 llegó a la final como el candidato, invicto en 14 partidos, pero no pudo ante la experiencia del club de Boulogne, que se impuso por 36 a 16.

Sus derrotas en las definiciones de 2006 y 2007 coincidieron con la explosión de Hindú, el mejor equipo de la última década del rugby argentino. Alumni tenía un pack de forward letal, donde se destacaban Nahuel Neyra o Miguel de Achaval; un tryman como Martín Bottini y la puntería de un símbolo del club, como Santiago Van der Gothe. No fue suficiente para doblegar al Elefante, que se consagró por 20-5 y 9-6.

El recuerdo de 2011 es el más doloroso, sin dudas. Cuando parecía que el partido ante SIC se definiría por penales, apareció Benjamín Madero con un drop heroico para sellar el 14-11 y dejarlo con las manos vacías, una vez más. Desde entonces, el recambio generacional llegó a Tortuguitas y nunca más pudo clasificarse a un playoff de la URBA.

Una herida que se mantuvo abierta hasta el domingo, cuando superó al club de Boulogne en un partido vibrante de principio a fin. Un 5 de noviembre, el mismo día que perdió ante SIC. Capricho del destino, le dicen.

Un equipo que tiene todo para dar el golpe

El 2017 traía la novedad de un torneo con 12 equipos y el formato de ida y vuelta. Mantener la categoría era el principal objetivo. Cinco derrotas en la primera ronda tampoco daban para entusiasmarse demasiado.

Todo cambió desde aquella derrota con Belgrano, el 8 de julio. Alumni se mantuvo 12 partidos invicto (10 triunfos y 2 empates), una racha que se interrumpió en la última fecha ante Hindú, cuando ya estaba clasificado y los de Don Torcuato se jugaban el pase a las semifinales. Si no fuera por esa derrota hubiera terminado primero. "Cambiamos la cabeza. No dimos cuenta que teníamos que construir una identidad en cuanto al juego y no al club y su mística", señala Tomás Passerotti, el capitán y uno de los sobrevivientes del 2011 junto a Guido Cambareri, Franco Battezzati y Franco Sábato.

Las palabras del capitán dan en la tecla. Los de Tortuguitas sumaron un tremendo poder de fuego con los backs a la agresividad histórica que los caracteriza con los forwards. A esto se le suma un mix ideal entre experiencia y juventud, puesto por puesto. Algunos ejemplos: el Pumita Gaspar Baldunciel y las mañas de Guido Cambareri en la primera línea; el liderazgo de Tobías Moyano y el enorme potencial de Romanini en la tercera línea; la madurez de Passerotti y la frescura de Lucas Frana en la pareja de medios; o la vigencia de Franco Sabato, seleccionado de Pumas 7, y la tremenda aparición de su hermano Luca, que es uno de los tryman del equipo con Provenzano (18 tries), que aporta desequilibrio y solidez desde el fondo de la cancha. Un equipo asentado, que sabe a lo que juega y respondió a la alta exigencia.

Todo equipo campeón debe tener un buen pateador y Alumni completa ese casillero con Lucas Frana. Le resultará familiar el apellido del 10 y no se equivoca: es hijo de Javier Frana, ex tenista profesional. Lucas jugó desde chico al tenis y compitió como federado, pero empezó a jugar en Alumni por sus amigos. Al principio a escondidas, porque su padre tenía temor por los golpes. "Hoy me apoya completamente", dice el apertura categoría 96, que en su primera temporada en Primera terminará como goleador del Top 12, con tiene 241. En la semifinal fue clave con su efectividad a los palos (anotó 18 puntos) y terminó abrazado con su padre, de los más emocionados del público.

Alumni se ganó una nueva oportunidad de tomarse revancha en una definición. La circunstancias quisieron que esté un viejo conocido. Ahí está Hindú, dueño de un oficio indiscutible en instancias clave que buscará recuperar el cetro de la URBA después de la sorpresa que le dio Belgrano la temporada pasada. En Tortuguitas disfrutan del presente como nunca y apelan a lo emocional. "Las ganas de ir para adelante es lo que nos hizo crecer. Si pensamos que este partido fue duro, el que viene va a ser peor. Se necesita ir para adelante y tener mucho huevo, y eso vamos a tener porque nos merecíamos esto", avisa Provenzano. "Tenemos hambre y ganas de ir a buscarlo. Eso es lo que se necesita para estos partidos", agrega Passerotti. Un sábado para cerrar una década de hermosas frustraciones y dar un mensaje: un viejo conocido está de regreso

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