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De eso no se habla: la dinámica incestuosa en las empresas

La falta de crítica y la autoadulación son algunos de los riesgos que enfrentan las organizaciones que impulsan prácticas de aislamiento externo

Miércoles 08 de noviembre de 2017
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PARA LA NACION
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Las firmas incestuosas castigan la crítica
Las firmas incestuosas castigan la crítica. Foto: Shutterstock

En su obra Tótem y Tabú, Sigmund Freud define una relación incestuosa como aquella que mantienen los miembros de un clan que se identifican con un mismo símbolo o "tótem". Según explica el padre del psicoanálisis, cuando se trata de grupos se sustituye el parentesco consanguíneo por el totémico.

A nivel organizacional, hablamos de incesto cuando la dinámica incestuosa hace que los miembros de una empresa interactúen entre sí y se aíslen del mundo exterior. Una organización incestuosa posee los genes de su propia destrucción.

El aislamiento externo y la formación de silos internos; la falta de capacidad crítica y la autoadulación; limitar la incorporación de nuevos miembros a personas jóvenes y con "fit cultural" (o "cerebro a medida"); sentimientos de xenofobia por aquello que es extraño a la empresa; la influencia de ideologías religiosas o políticas en temas de negocios, y otras conductas similares son relaciones incestuosas. Analicemos algunos casos críticos.

Organizaciones religiosas

Es bastante habitual que corporaciones religiosas y políticas intenten y logren tomar el control de empresas y así consigan imponer sus valores. Con el tiempo, nace una secta homogénea de empleados con bloqueos mentales que les impiden ver y entender lo que sucede más allá de las paredes de sus muros ideológicos.

Si consiguieran el control podría suceder que, por ejemplo, en el ámbito de la salud prohibieran a los médicos de sus clínicas recetar medicamentos o realizar prácticas de probada efectividad, pero contrarias a sus creencias. O, a nivel educativo, podrían inducir a sus profesores a priorizar lo religioso sobre lo académico, o colocar en sus claustros una gran mayoría de hombres "ejemplares" (aquellos que cumplen a rajatabla con el modelo de ideal moral del conjunto), al tiempo que relegan a las mujeres a tareas de menor jerarquía o salario. Estas instituciones expulsarían arbitrariamente o no contratarían a aquellos "desviados" de sus creencias, como, por ejemplo, los divorciados o las personas pertenecientes a la comunidad LGBT.

Para evitar las consecuencias legales que estas prácticas discriminatorias tendrían, las reprimendas se tomarían con mucha sutileza y reserva. Debido al temor a mudas represalias, los afectados no se atreverían a denunciar sus casos a la prensa o a organismos como el Inadi o similares.

Gracias a las redes sociales les resulta cada vez más difícil sostener el statu quo. Como en el caso de Harvey Weinstein, el famoso productor de Hollywood, alcanza con el chispazo valiente de una víctima para desencadenar un incendio global que arrasa con la impunidad. Ni los individuos ni las organizaciones más poderosas están exentos de quedar chamuscados por el fuego de la justicia.

El lado práctico

Uno de los efectos de la globalización es el aumento de las fusiones y de las adquisiciones para competir con mayor escala y eficiencia. Como en cualquier competencia de mercado, no hay empate, sólo hay ganadores y perdedores. Por su propia naturaleza, el proceso de consolidación corporativa es incestuoso. Aunque se busquen eufemismos como "alianza" o "asociación" para cuidar la imagen, en la mayoría de los casos la empresa compradora absorbe a la perdedora.

El incesto se pone en práctica introduciendo a sus propios funcionarios -leales a la cultura corporativa- en los puestos clave de la compañía perdedora.

Si bien es cierto que en el corto plazo se logra un aumento de las utilidades debido a la reducción de personal y de los costos operativos, en el largo se pierde talento y diversidad. Los riesgos de esta estrategia caen sobre el crecimiento de la nueva sociedad y sobre sus empleados.

Las organizaciones incestuosas tienden a reforzar la conducta corporativa. A medida que el grupo se impone sobre los individuos, se castiga la actitud crítica y las personas se limitan a ajustarse a las reglas, ya que mientras las cumplan serán absueltas de la responsabilidad por sus acciones. Se terminan convirtiendo en burocracias, uno de los sistemas de dominación descriptos y temidos por Max Weber. En síntesis, en el incesto organizacional radica el mayor peligro para la libertad individual.

Burocracia

Uno de los mayores riesgos que tienden a repetir las organizaciones aisladas es castigar la actitud crítica y las iniciativas personales de sus miembros. La contracara de este tipo de acciones es un crecimiento de la burocracia interna, que termina generando un sistema de dominación corporativo.

Los autores son profesores de la Escuela de Negocios de la UTDT

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