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Últimas noticias sobre el periodismo (de antes)

Domingo 12 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Pasaron ya más de veinte años desde que Gabriel García Márquez pronunciara ante la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Los Ángeles, su célebre discurso El mejor oficio del mundo. Por entonces, octubre de 1996, el periodismo gozaba de un prestigio incuestionado. Tanto en América latina, donde suplía las falencias de instituciones formales, como la Justicia, como en el mundo desarrollado, donde de vez en cuando la prensa mostraba su poder implacable contra la corrupción y el caso Watergate seguía siendo un mito, dos décadas después, en todas las redacciones. Gabo hablaba de la vocación de los periodistas y de un oficio aprendido en cafetines y sobremesas, más que en escuelas de periodismo, por entonces de moda. Aunque ya había nostalgia en sus palabras, todavía había esperanza: el Premio Nobel escribía para que el periodismo recuperara su esencia y los cronistas sus libretas de apuntes.

Aún faltaban dos años para que en Menlo Park, California, no demasiado lejos de donde García Márquez pronunció su discurso, se fundara Google, y pocos podían imaginar que veinte años después el periodismo se encontraría atravesando su peor crisis, intentando dirimir su futuro, replanteándose todo y, por si fuera poco, amenazado por esa palabra acuñada en Oxford para definir el triunfo del prejuicio basado en las emociones por sobre el rigor de los datos: la posverdad.

En este contexto brumoso quizá sorprenda menos descubrir dos libros que han llegado este mes a las librerías porteñas y que sentencian, con el tono absoluto de una necrológica, la desaparición del oficio. #ElFinDelPeriodismo (así, con el hashtag delante), publicado por Sudamericana, es una recopilación de historias del periodismo previo a Internet, recopiladas por los periodistas y escritores Jorge C. Bermúdez y Luciano di Vito. Sin medias tintas, asumen que el periodismo tal cuál era conocido hasta hace apenas unos años ha dejado de existir y que las tres famosas fuentes a las que, de mínima, debía recurrir cada cronista, hoy pueden ser reemplazadas por un tuit.

El otro libro es Un golpe de vida (Alfaguara), las memorias periodísticas del veterano editor español Juan Cruz Ruiz, que como aclara en su primer capítulo, titulado "Últimas noticias sobre el periodismo" -como el manual del italiano Furio Colombo-, se propone narrar en ellas "las penúltimas horas" del oficio tal como lo conoció y vivió un hombre que lleva el periodismo en la sangre. "Si duermo me despierta el periodismo, y si decaigo el periodismo me pone otra vez a trabajar; el periodismo es la alegría y también un suspiro mortal, una despedida", escribe.

Quizás ambas miradas sobre el presente del periodismo se han dejado sobrecoger por la melancolía, que sobrevuela cada una de sus páginas. Seguramente el periodismo no ha muerto, aunque adopte cada vez más formas irreconocibles para quienes se han formado en cafetines y leyendo clásicos. Pero como los marinos de las naves más modernas aún aprenden a navegar arriando velas y trenzando nudos, bien vale la pena que los periodistas de cualquier edad repasen con estos libros aquellas horas nobles en las que los datos podían garabatearse en servilletas, pero eran sagrados.

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