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Puigdemont, el enemigo útil de Rajoy

Martes 07 de noviembre de 2017 • 21:21
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Carles Puigdemont, líder del independentismo catalán, ahora en Bélgica
Carles Puigdemont, líder del independentismo catalán, ahora en Bélgica. Foto: LA NACION

MADRID.- La realidad española alimenta desde hace dos meses una colección de noticias bomba que explotan a destiempo. Son momentos potencialmente históricos en los que casi nadie repara, en medio de la perturbadora agitación social que desató la crisis separatista de Cataluña.

El martes en Madrid se vivió el último de esos episodios impactantes a los que les tocó un mal día para saltar a la tapa de los diarios. El inspector jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía Nacional, Manuel Morocho, declaró ante una comisión del Congreso de los Diputados que el Partido Popular (PP) del presidente Mariano Rajoy funcionó durante años "con el perfil de una organización delictiva".

A preguntas de los legisladores de la oposición, el investigador que destapó la década pasada la llamada trama Gürtel de financiación ilegal de los conservadores respondió que "indiciariamente" Rajoy cobró dinero de la presunta caja negra del partido. Dijo que los manejos de los tesoreros nombrados por él sintetizaban "la corrupción en estado puro" y denunció haber sufrido "presiones" desde el poder para "desestabilizar" la instrucción del caso.

La novela de los sobornos, sobresueldos y maniobras oscuras en el PP se escribió hace tiempo, pero el verano pasado por primera vez la oposición logró consenso para ventilarla en una comisión especial del parlamento. Esperaban asestarle un golpe político demoledor a Rajoy. Les falló el timming.

El inspector Morocho era un testigo estelar. Su comparecencia tuvo destino de breve. No pudo competir contra el show cotidiano del fugado Carles Puigdemont en Bruselas, lanzado a una campaña electoral en el exilio mientras litiga en los tribunales belgas para no terminar en una cárcel española.

La misma suerte corre el primero de los juicios sobre Gürtel, que está a punto de concluir. En su alegato, a fines de octubre, la fiscal Concepción Sabadell afirmó que la existencia de una contabilidad paralela en el PP "quedó plena y abrumadoramente acreditada".


Apenas el 9% de los españoles considera a la corrupción el principal problema del país

Espera sentencia el ex tesorero Luis Bárcenas, ex hombre de confianza de Rajoy que se hizo célebre por los cuadernos de almacenero en los que anotaba los sobresueldos que pagaba a los jefes del partido. Aquel al que el presidente le escribió un SMS que casi termina con su gobierno cuando la Justicia descubrió las cuentas no declaradas que el hombre tenía en Suiza: "Luis, sé fuerte".

El desastre catalán le quitó cartel al fallo que permitirá salir en libertad a Ignacio González, ex presidente de la Comunidad de Madrid -del PP- acusado de un desvío millonario de fondos públicos a cuentas personales. Y también a las investigaciones que ligan con esos negociados a su antecesor, ex alcalde y ex ministro Alberto Ruiz-Gallardón.

Poco y nada se habló de la reciente admisión del Banco de España de que nunca se recuperarán 42.000 millones de euros del rescate bancario que Rajoy pidió a Europa en 2012 (el 75% del total).

En Murcia se vive una rebelión popular desde hace semanas contra una obra ferroviaria estatal que partirá la ciudad en dos con un muro. Las escenas de barricadas en las calles y cargas policiales se extravían en la repetición hasta el hartazgo de las marchas sucesivas de independentistas y españolistas en Barcelona.

La corrupción quedó relegada por otras obsesiones. Apenas el 9% de los españoles lo considera el principal problema del país, según el barómetro del estatal Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicado esta semana. La crisis catalana le quitó el segundo lugar (15%), detrás de la inamovible preocupación por el desempleo.


Hay enemigos que pueden ser muy útiles. Si Puigdemont no existiera, Rajoy haría bien en inventarlo

La misma encuesta revela que la valoración de Rajoy como líder subió sensiblemente respecto de agosto y que la intención de voto del PP se mantiene estable, en primer lugar.

Estos meses de crispación agrandaron las grietas en la izquierda radical de Podemos. El pacto para derrumbar a Rajoy que su líder, Pablo Iglesias, pensaba tejer con el socialista Pedro Sánchez se esfumó acaso para siempre. Sánchez -acorralado por el sentido de Estado- se ató a Rajoy para responder a la proclamación de la república imaginaria de Cataluña.

Hay enemigos que pueden ser muy útiles. Si Puigdemont no existiera, Rajoy haría bien en inventarlo.

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