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El libro antiguo, ese moderno y siempre actual objeto de deseo

La 11ª edición reúne desde hoy en el CCK a coleccionistas y libreros unidos por la pasión por los ejemplares raros y los grabados; una actividad entre el negocio y el hedonismo

Miércoles 08 de noviembre de 2017
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LA NACION
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En Aquilanti, no hay dos coleccionistas iguales, como no hay dos personas iguales
En Aquilanti, no hay dos coleccionistas iguales, como no hay dos personas iguales. Foto: Hernán Zenteno

La pasión por los libros asume distintas formas. Están los lectores que se consagran a un solo género, otros que compran diferentes ediciones de un mismo título o autor y aquellos que atribuyen poderes mágicos a ciertos ejemplares. Entre todos, se destacan los coleccionistas. Estos bibliófilos suelen crear colecciones tan originales como trascendentes. Para unos y otros, la undécima Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires, que se inicia hoy en el Centro Cultural Kirchner, es una oportunidad ideal para encontrarse, en un mismo espacio, con libros antiguos, rarezas y primeras ediciones de clásicos firmados por Domingo Faustino Sarmiento, Jorge Luis Borges u Oliverio Girondo. La feria permanecerá abierta hasta el domingo próximo y fue organizada por la Asociación de Libreros Anticuarios de la Argentina (Alada), que agrupa a más de cuarenta libreros especializados en el rubro. Tanto ellos como los coleccionistas colaboran en la conservación del patrimonio bibliográfico universal.

"Las librerías de viejo en general y mi vida de librero en particular están llenas de historias mágicas, de encuentros singulares, pasiones y pulsiones compartidas, aprendizajes infinitos, amistades sustanciales -dice Diran Sirinian, uno de los jóvenes libreros anticuarios de Buenos Aires-. Gracias a esos muchos y sorprendentes lectores, clientes, curiosos, coleccionistas, todos ellos de gran vitalidad, mi vida de librero se llena cotidianamente de aquello que el recientemente fallecido bibliófilo Horacio Porcel llamaba el fuego sagrado".

Alberto Casares, histórico librero porteño y presidente de Alada, admite que los libreros anticuarios tienen mucho de coleccionistas. "Y somos defensores del coleccionismo -afirma-. El coleccionista sabe que no es más que un poseedor transitorio de bienes que pertenecen a todos. Su tiempo, su afán, su dinero invertido a la lo largo de la vida contribuirán a mejorar y ampliar el acervo bibliográfico de otras bibliotecas públicas o privadas más allá de su vida". Según Casares, Sirinian y otros colegas, es difícil hablar de un "perfil del coleccionista argentino". En el país prevalece el buscador de libros de autores y temas argentinos, con títulos especializados en las etapas de la historia nacional, autores literarios destacados, temas relacionados con el arte nacional, la arquitectura, la escultura, la investigación científica, los pueblos originarios, la política y las relaciones internacionales. "Todo lo que hace a nuestra historia y nuestra cultura", sintetiza Casares, fundador de la librería que lleva su nombre desde 1975.

En la clientela de las librerías anticuarias, que muchas veces pide reserva, están los lectores que buscan libros europeos antiguos (técnicamente, son los libros publicados desde 1450 hasta la primera década del siglo XIX), atlas y mapas antiguos, libros ilustrados con grabados, ediciones especiales, encuadernaciones de bibliófilo. "Pero también existen coleccionistas de libros grandes o de libros pequeños, de libros para niños o de libros de cocina. Pueden coleccionar autores, ilustradores o imprentas. Es un mundo inacabable, que hace que la actividad del librero especializado sea una de las más apasionantes, románticas y maravillosas", declara Casares, que llevará a la feria un Cieza de León sobre la conquista del Perú del siglo XVI, una primera edición de Fervor de Buenos Aires, el libro de Borges publicado en 1923, y una temprana edición del Quijote de 1667.

También exhibirá joyas manuscritas, como un poema de Ricardo Molinari y una carta de Julio Cortázar.

¿Cómo son los coleccionistas de libros argentinos del siglo XXI? ¿Qué desean y buscan atesorar en un repertorio inigualable? Porque no hay una colección de libros igual a otra.

Delfina Estrada es una joven artista y gestora cultural. Desde 2011, integra con Victoria Volpini el colectivo gráfico y taller de grabado Fábrica de Estampas y visita con frecuencia librerías anticuarias. "Selecciono libros y grabados antiguos para nuestras ferias, donde los mezclamos con artesanías, obra gráfica y libros nuevos -cuenta a LA NACION-. Además, nos fuimos encontrando con documentos como el diario de Rufina Allais que tiene Javier Moscarola en la librería La Teatral o las libretas de anotaciones de Francisco Madariaga que tiene Víctor Aizenman, con las que estamos trabajando para hacer una publicación."

Arquitecto y profesor universitario, Enrique Longinotti enseña morfología y tipografía en la carrera de Diseño Gráfico de la Universidad de Buenos Aires. Siempre fue lector. "La bibliofilia surgió como una lógica consecuencia de mi amor por lo impreso, fruto de mi interés por la tipografía y las artes gráficas -dice-. La idea de ser una especie de coleccionista me sorprendió a mí mismo. No era el plan inicial, pero empezó a ser real a medida que buscaba y encontraba libros en las librerías de Buenos Aires". Longinotti desliza una crítica sobre los criterios de organización de algunas librerías anticuarias. "Si bien hay sorpresas y hallazgos, es difícil toparse con un planteo lógico de parte de muchos libreros -señala-. Por empezar no todos lo son, por lo menos en un sentido profundo. Muchos solemnizan demasiado lo que se pone a la venta". ¿Por qué coleccionar? "Por la misma razón por la que leo. Porque un libro bello es huella de una época, de una técnica, de una estética, de unos lectores", dice Longinotti.

La vida de Carlos Vertanessian, ingeniero agrónomo dedicado hace pocos años al marketing y a la organización de eventos, está atravesada por la pasión coleccionista. Empezó en la adolescencia con las cámaras fotográficas. "De los equipos pasé a las fotografías antiguas del Río de la Plata, específicamente de la etapa del daguerrotipo y los orígenes de la fotografía -evoca-. Esto derivó en la búsqueda de materiales relativos, como libros, manuales, caricaturas, diarios y crónicas de la etapa prefotográfica y la daguerrotipia". Como ese período engloba la época de Juan Manuel de Rosas y de la Organización Nacional y llega hasta la guerra del Paraguay, Vertanessian se convirtió en historiador aficionado. "Es así como incorporé aquellos libros que marcaron ese extenso período, con obras de autores como Sarmiento, Mármol y otros, siempre en primeras ediciones". Ejemplares de casi todas las ediciones de Facundo publicadas en el siglo XIX son suyas, salvo la primera. "Por su rareza y elevado valor de mercado, es prácticamente inaccesible para mí", confiesa. Toda colección permite visualizar contextos, como también encontrar nexos y sentidos. "Y en no menor medida, produce satisfacción por el hallazgo y placer estético en la posesión, que, como otras urgencias del hombre, requiere ser renovada constantemente".

"Los viejos libros son como viejos amigos -formula el poeta Rodolfo Alonso, coleccionista de libros de poesía-. Nos devuelven su eterna juventud. Son presencias que respiran, palpitan, acompañan. ¿No habrá pensado en ellos Georges Braque cuando afirmó: «El presente es perpetuo»?". Para profundizar más en este presente interminable de presencias y libros palpitantes, bibliófilos con o sin colección deben visitar la nueva edición de la Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires. La entrada es libre y gratuita.

Oferta muy variada

La 11ª Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires contará con la presencia de un grupo representativo de libreros. Todos ofrecerán sus más preciados tesoros de papel. Por su rareza, antigüedad o belleza, sin duda despertarán la curiosidad de los visitantes. Los precios varían, y mucho. Van de los cien a los cincuenta mil pesos, y la oferta incluye mapas, grabados y fotografías antiguas además de libros.

En esta edición participan las librerías Alberto Casares (Suipacha 521), Alberto Magnasco, Anticuaria "Poema 20" (Esmeralda 869), Aquilanti &Fernández Blanco (Rincón 79), Galería Mar Dulce (Uriarte 1490), Helena de Buenos Aires (Esmeralda 882), Hilario, L. Figueroa , M. Rúa Vidueiros, La Librería de Ávila (Alsina 500), Librería El Escondite (Güemes 3877), Libros La Teatral (avenida Federico Lacroze 1860), Los Siete Pilares (Galería Buenos Aires, Florida 835), Rayo Rojo (Galería Bond Street, avenida Santa Fe 1670), The Antique Book Shop (Libertad 1236), The Book Cellar & Henschel, y Víctor Aizenman, ubicada en avenida Las Heras 2143.

Cada una de ellas tiene su propias especialidades y cada lector y comprador encontrará sorpresas muy distintas. De todos, modos la Feria del Libro Antiguo es, además de un mercado, una rica exposición de ejemplares, mapas y grabados que no pueden verse en otros lugares.

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