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De ladrones a actores de teatro

El dramaturgo Gerardo Naumann presenta dos obras que exploran los actos delictivos. Uno de los espectáculos está protagonizado por dos ex ladrones que cumplieron su condena.

Sábado 11 de noviembre de 2017 • 00:00
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Una escena de Los trabajos improductivos.
Una escena de Los trabajos improductivos.. Foto: Archivo

El punto de partida de Los trabajos improductivos, una de las dos obras que Gerardo Naumann presentó en la última edición del FIBA, es realmente singular. Partiendo de la idea de Buenos Aires como "ciudad plagada de ladrones, timadores, estafadores, carteristas y asaltantes", este artista argentino curioso e inquieto que elige definirse como un realizador abocado a diferentes disciplinas (teatro, cine, performance) armó un espectáculo protagonizado por dos ex ladrones que cumplieron condena en alguna cárcel del país y hoy ya están en libertad. "Las veces que yo mismo fui asaltado, entendí que estaba frente a un tipo de escena y de personaje muy particulares. Nunca vi un arma, solamente alguien usando un tono de actuación, un modo de ocupar el espacio, cierta manera de sorprender y de confundir. Las escenas se imprimieron en mi memoria. Las recuerdo como mínimas obras callejeras de las que yo fui el único espectador. El costo de la entrada fue mi teléfono celular, el contenido de mi billetera, un anillo o un par de zapatillas", señala Naumann.

El carterista, el otro "trabajo improductivo" de la misma serie que tuvo funciones en el marco del festival teatral porteño (dedicada a "investigar maneras de tomar algo de otro y volverlo propio", según Naumann), nació a partir de una idea inusual: un actor de la obra se "escapa" de la escena y se transforma en espectador de Toc Toc, uno de los mayores sucesos del teatro comercial argentino de los últimos años. A través de imágenes registradas por una cámara destinada exclusivamente a cumplir ese papel, los espectadores de El carterista pueden seguir a ese actor trasplantado a otro contexto. No es la única anomalía de El carterista, pero vale la pena no adelantar mucho más para conservar a buen resguardo su potencia expresiva.

Después de terminar la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA y de fundar un partido político durante su estadía universitaria ("Los independientes", un nucleamiento que se hizo muy popular y que llegó al programa de Jorge Lanata), Naumann empezó a acercarse al teatro. Estrenó obras en Portugal, Irlanda, Alemania, Suiza, Polonia, Holanda, India y Singapur. También llegó al cine: codirigió con la alemana Nele Wohlatz Ricardo Bär, una película exótica y muy interesante que se exhibió en el Bafici porteño, Viena, Hamburgo, Marsella y San Pablo, entre otros lugares.

"Mi viejo laburó toda la vida en el campo y siempre me dijo «No podés hacer una sola cosa, porque si te toca un año con un clima que perjudica la cosecha, ¿cómo te arreglás? Hay que tener unos chanchos o unas gallinas, lo que sea...». Cuando empecé a hacer teatro me di cuenta pronto de que me había metido en un mundo un poco pobre en términos de ideas y que encima implicaba un montón de exigencias económicas difíciles de sobrellevar. Entonces empecé a diversificarme", cuenta. "Apareció esa pulsión familiar por el rebusque. «Nunca esperes de esta tierra lo que esta tierra no puede dar. Acá no habrá ni frutillas, ni uvas, ni ananá», remarcaba también mi viejo. Y así fue. Pero las vacas siempre tuvieron pasto tierno y, con buenas lluvias, el girasol daba cosechas abundantes. Ahora que ya no estoy en el campo y vivo en Buenos Aires, me gusta trabajar con las cosas que la ciudad da, sobre todo aquellas que abundan".

Siempre orientado a buscar caminos alternativos, Naumann planea ahora filmar una película que tendrá como base el diario personal de una empleada doméstica que le compró a un cartonero. Es un proyecto que viene amasando desde hace mucho y que empezó a tomar forma definitiva en 2013, cuando decidió viajar un mes y medio a Uruguay, donde vive ahora la autora de ese diario. "Hubo muchas idas y vueltas con este trabajo", admite. "Eso pasa porque el cruce hacia el mundo del otro siempre es una experiencia difícil. Pero no dejo de intentarlo. Nele Wohlatz siempre me decía que soy alguien que habla todos los idiomas. Ahora también llamé a una muy buena escritora, Inés Acevedo, para que se sume a El carterista. Y el resultado fue óptimo. En seis ensayos se convirtió en actriz".

El carterista. Sábados a las 19 y a las 22, en Elefante Club de Teatro, Guardia Vieja 4257.

Los trabajos improductivos. Miércoles, jueves, viernes y domingos, a las 20 y a las 22, en el Centro Cultural San Martín, Sarmiento 1551.

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