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Puigdemont y Junqueras, de socios a rivales en la lucha por el poder

Los líderes secesionistas van separados a las elecciones de diciembre

Jueves 09 de noviembre de 2017
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Piqueteros separatistas cortaron ayer una autopista en Cataluña
Piqueteros separatistas cortaron ayer una autopista en Cataluña. Foto: AFP / LLuis Gene

MADRID.- Carles Puigdemont y Oriol Junqueras se presentaron al mundo en octubre como los padres de la república catalana. Ahora, apenas unos días después, les toca airear su divorcio.

En condiciones precarias -uno fugado a Bélgica, el otro preso en Madrid-, los principales líderes del movimiento político que puso a España patas arriba se disponen a enfrentarse en las urnas el 21 de diciembre para dirimir quién tiene la supremacía en el independentismo y, quizá, quién gobernará Cataluña a partir de enero.

El ex presidente Puigdemont, del Partit Demòcrata (PDeCAT), presionó desde su exilio voluntario para conseguir una lista única del nacionalismo, que por supuesto lo tuviera a él como cabeza de cartel. Junqueras, el ex vicepresidente y jefe de Esquerra Republicana (ERC), se negó. "Cada uno escoja la mejor fórmula para concurrir a las elecciones", escribió antes de ser detenido por rebelión. No se movió de ahí y ya cerró el plazo para inscribir alianzas.

Se ve la punta de un iceberg: debajo yacen los rencores, desacuerdos y las tensiones de las horas frenéticas que derivaron en la proclamación de la república el viernes 27 de octubre.

El día previo, Puigdemont estuvo a un paso de rendirse y convocar a elecciones. Junqueras lo frenó. Exigía que primero negociara garantías de que el gobierno de Mariano Rajoy no aplicaría el artículo 155 de la Constitución para intervenir Cataluña.

Fuentes del independentismo confirman que Puigdemont amenazó con renunciar y dejar que Junqueras se pusiera al frente. Imposible. No había tiempo de organizar una sesión de investidura antes de que Rajoy los destituyera. Al final, Puigdemont aceleró hacia el choque frontal. Se sentó al lado de Junqueras en el pleno parlamentario en el que se declaró la independencia.

Uno de los grandes secretos es si Puigdemont y Junqueras pactaron lo que vendría. ¿Cómo se decidió la huida a Bélgica del ex presidente, acompañado por algunos de quienes fueron sus ministros, provenientes tanto del PDeCAT como de ERC?

Todos sabían que los denunciarían por delitos gravísimos. Junqueras se quedó a litigar en España. Puigdemont jugó al exilio y con su actitud selló la suerte de su ex vice.

El ex presidente logró que la justicia belga le permitiera estar en libertad vigilada mientras se tramita su extradición. Creyó que eso le alcanzaría para liderar la campaña del independentismo. Parecía la ocasión ideal para enmascarar el derrumbe del PDeCAT, heredero de Convergència, el nacionalismo de centroderecha que gobernó la región durante casi todo el período constitucional. El partido paga las cuentas de una corrupción que manchó para siempre la imagen del patriarca Jordi Pujol.

Junqueras no quiere cargar más esa mochila. ERC va primero en las encuestas y él no veía el sentido de repetir la coalición electoral de 2015, Junts pel Sí, a remolque de un partido desprestigiado al que se pasó media vida cuestionando.

En estas elecciones ve no sólo la opción de retomar la batalla de la independencia, sino también una vía para colocar a ERC en el poder por primera vez desde la Guerra Civil.

Ir con listas separadas implica arriesgarse a perder escaños, ya que el sistema D'Hont penaliza la fragmentación del voto. PDeCAT y ERC discuten un programa con puntos compartidos para trabajar después en la formación de gobierno.

Al evitar la coalición, Junqueras gana margen para negociar un pacto con En Comú, el partido de la alcaldesa Ada Colau, si el separatismo no alcanzara una mayoría parlamentaria. Los antisistema de la CUP podrían sumarse. Todo sería postergar el sueño de la república y cambiarlo por la bandera del referéndum pactado con España (objetivo que Colau comparte). La obsesión de Junqueras es recuperar la libertad.

El duelo Puigdemont-Junqueras abre infinitas incógnitas. ¿Cómo afectará a la movilización independentista la disputa de poder entre sus líderes? ¿Cómo cayó en el electorado la huida del ex presidente? ¿Cuánto influirá que los candidatos estén o no en prisión durante la campaña?

Y el más insólito: ¿es posible que el próximo presidente de Cataluña sea un hombre encerrado en la cárcel? Técnicamente la respuesta es sí, mientras no tenga condena. Ninguna norma lo prohíbe: se consideró inconcebible a la hora de legislar.

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