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Como el sol y la luna, viven un amor a la distancia en el que no pueden verse

Se conocieron en una página de citas por error, se enamoraron, entablaron una relación y la intensidad del vínculo fue creciendo; pero la distancia, los prejuicios y el qué dirán se interpusieron en su camino

Señorita Heart

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PARA LA NACION
Viernes 10 de noviembre de 2017 • 22:26
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"Estoy casada pero siento curiosidad por estar con una mujer", decía el correo electrónico que había recibido aquella mañana de noviembre y que Rosario leía sorprendida e indignada en su departamento de Buenos Aires mientras tomaba apurada un café y se preparaba para ir al trabajo. Para descargar su enojo -y porqué no también para molestarla un poco- su ex pareja le había abierto un perfil en una página de citas para mujeres bisexuales. Y la estaban contactando desde Honduras.

Aunque la reacción de Rosario fue hostil al comienzo (¡qué atrevimiento de su ex pareja publicar sus datos personales!), algo en su interior le decía que quizás pudiera darle una chance a aquella sensual morena que por momentos era callada pero que sabía también imponer sus ideas....y sus intenciones. Y así fue que María Elena y Rosario iniciaron una comunicación vía Whatsapp que con el transcurrir de los días se tornó más fluida. "Dulce y mandona, cerrada pero cariñosa. Nunca le gustó mi carácter fuerte pero se sentía muy cómoda con mi manera de ser romántica. Yo le cantaba canciones y le escribía poemas", asegura Rosario.

Y entre llamadas de video, mensajes de voz y fotos fueron pasando los meses. La relación de María Elena y Rosario se hacía cada vez más intensa. Discutían y se peleaban por celos, juraban no volverse a hablar pero volvían a hacerlo; la distancia, la familia de María Elena y su vida estructurada no eran compatibles con los deseos de estas apasionadas mujeres que estaban llegando a la cuarta década de sus vidas y sabían lo que querían. Las ganas de encontrarse superaron cualquier obstáculo que el camino pudiera presentar y junto con el verano llegó el tan ansiado encuentro.

El sol y la luna

Foto: Pixabay

El termómetro maracaba 35°C en el Aeropuerto de Ezeiza, el calor era sofocante. Rosario estaba nerviosa, le temblaban las manos pero se aferraba a la tela liviana del vestido blanco que había elegido para esa ocasión. "Pasaban los minutos Y mi nervios iban aumentando. Finalmente recibí una llamada de ella y me decía dónde estaba. Mientras atravesaba los pasillos llenos de valijas y pasajeros, la iba visualizando hasta que lo único que tuve ante mis ojos fue al amor de mi vida. Nos abrazamos. Ella también temblaba y el contacto de nuestros cuerpos nos tranquilizó", recuerda Rosario.

Se fueron de la mano al hotel donde María Elena había decidido hospedarse. Asustadas, conmovidas, pero sin sacarse los ojos de encima y paradas en la mitad de la habitación se fundieron en un beso. Decidieron que iban a pasar los mejores quince días de sus vidas y viajaron juntas a San Bernardo. "Hacíamos el amor todo el tiempo. Éramos pura pasión, había mucha química entre nosotras. Íbamos a caminar por la peatonal, cenábamos afuera, caminábamos por la playa y a la noche comíamos helado. Por el cambio de horarios, María Elena se sentía muy cansada y se dormía en mis brazos mientras yo le acariciaba el pelo", dice Rosario con nostalgia.

De regreso a la realidad, en el trayecto de la costa hacia Buenos Aires, Rosario percibió la mirada enamorada de María Elena mientras ella hablaba por teléfono con su familia. "¿Te querés casar conmigo?", le dijo mientras le tomaba la mano. "Tuve que cortar la llamada, me quedé sin habla y en cuanto logré recomponerme le dije: sí, quiero", afirma Rosario mientras pensaba que para que la unión fuera posible María Elena se tendría que separar, aunque eso fuera algo casi imposible de lograr.

No volvieron a hablar del tema. El último día que pasaron juntas, antes de separarse, intercambiaron cartas escritas con el corazón. Se juraron amor eterno y prometieron volver a estar juntas, como en aquel sueño de verano que habían compartido en la costa argentina. "Siempre vas a estar en mi porque sos mi alma gemela. Sos mi sol.. y yo tu Luna", le había escrito María Elena. Lloró durante tres meses. María Elena entró en un pozo depresivo. Pero juntas salieron adelante. "Recordaba su aroma a fruta, ¡ella olía tan fresca, tan tropical!. Quería ir a visitarla pero no podía pagar el pasaje y creo que ella tenía miedo de que nos viéramos en su país por temor a que nos descubriera su familia", confiesa Rosario.

Ya pasaron tres años de aquel primer beso. Rosario y María Elena no volvieron a verse, mantienen el contacto, se piden consejos, hablan del clima, del amor que se tienen, de la dificultad de estar juntas; se pelean, se reconcilian, vuelven a pelearse pero nunca dejan de escribirse y alentar ese amor: "yo vuelvo a ella y ella siempre vuelve a mí".

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

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