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Mirá: clowns que saben regalar instantes de ensoñación

Viernes 10 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Mirá / Dramaturgia y dirección: Marcelo Ariel Katz / Intérpretes: Jorge Freire, Tatiana Herasimiuk, Lourdes Herrera, Pablo Luchetta, Javier Nichela, Diego Benjamin Pérez, Carolina Saade, Agustín Saiegh, Xoana Solferino, Valeria Radivo (Cámara en vivo) / Luces: Pablo Calmet / Espacio: Mariano Sivak / Vestuario: Liliana Piekar / Animaciones: Juan Nadalino y Facundo Quiroga / Música original: Diego Vila / Coreografía: Valeria Narváez / Asistente de dirección: Santiago Alegría / Sala: Centro Cultural de la Cooperación / Funciones: sábados 22.30 y domingos a las 20 / Duración: 90 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Hay pocas obras que siendo para adultos puedan atraer, divertir y emocionar a toda la familia. El director, dramaturgo, actor y clown Marcelo Katz bien sabe de esto y en Mirá, su nuevo espectáculo, en el que no se lo verá en escena, pero se encontrará su huella en todos los rincones, conmueve a todos por igual. Trabajando sobre el tópico de la mirada, tan amplio y vasto que permite un innumerable desarrollo de situaciones, se presentan en escena diez actores-clowns que en diferentes números van abordando la temática. Por eso, por momentos, se filma y se proyecta en una gran pared (como modo de duplicar la historia y así ver sus detalles, los que en el afán de la totalidad siempre se pierden), en otros se apela al humor, a los remates efectivos, a los números más circenses, a los chistes obvios, pero que sacan risas y a los momentos emotivos que hay y muchos. Todos con algo en común: la dulzura y cierta melancolía propia del género del clown que porta una magia muy especial cuando se lo trabaja con esmero.

La mirada dirigida, los puntos de vista, los detalles que se nos esfuman, el mirar y ser mirado, el pudor, los ojos, el brillo de la mirada con el ingenioso invento del "DBI" -debajo de la línea de brillo ideal- al que mencionan en uno de los números más sensibles cuando uno de los clowns le pide a la platea que recuerde, fuerte, con ganas, esos momentos que transportan al espectador y le sacan sonrisas con tan sólo evocarlos, y así detectar la cantidad de brillo en los ojos. Los espejos, la enorme cantidad de miradas posibles que se exponen con belleza y certeza en el número de las máscaras son los puntos que trabaja fuertemente la propuesta.

La música, otro sello Katz, se convierte en un personaje más. Es que la melodía que se repite como leitmotiv durante la pieza es la que permite viajar y es la que imprime ese sesgo de ensueño mezclado con nostalgia. Por eso, cuando cuatro personajes se presentan en escena con cuatro bolsas de papel en la cabeza cubriendo sus rostros y se pintan ellos mismos los gestos que se van sucediendo la música es la que evoca de inmediato al cine silente.

La sala es grande para contener a todos y a todas las situaciones que se verán en escena. El diseño lumínico es otro de los aciertos y ayuda a darle forma a este clima de ensoñación mezclado con juego: unas lamparitas colgantes suben y bajan de acuerdo con la necesidad de la escena, pero suspendidas en el aire, flotando como en un cielo se convierten en el marco perfecto para el viaje onírico que Katz propone. Aunque por momentos las actuaciones no sean del todo parejas, Mirá es una gran opción para que todos se diviertan y emocionen.

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