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Carlos Monzón y la piña que paró el reloj

Osvaldo Príncipi

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PARA LA NACION
Viernes 10 de noviembre de 2017
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El drama se fue convirtiendo, con el paso del tiempo, en una expresión artística de tendencia trágica en el espectáculo deportivo. Y preferentemente en su circo máximo: el boxeo. Representado por episodios épicos de personajes populares "estrellados" para alcanzar lo mejor, que repentinamente cayeron en donde nadie lo pensaba. No obstante, muchas veces estos individuos sortearon la última adversidad y convirtieron ese desastre en una hazaña.

El drama y la tristeza, usualmente, marcharon de la mano en las epopeyas del pugilismo. Y sobre todo en las noches del Luna Park. Sería fácil encontrar una respuesta inmediata al preguntarnos: ¿cuál fue la noche de mayor congoja vivida en el estadio de Pace y Lectoure? La réplica es: el ocaso de Justo Suárez, "El Torito de Mataderos", al ser noqueado en 10 asaltos por Víctor Peralta, ante el llanto y la ira del público, el 12 de marzo de 1932. Sin embargo, otra es la emoción que nos lleva a indagar sobre el momento más dramático del box nacional en Corrientes y Bouchard. Sin dudarlo, afirmamos que el cross derecho del norteamericano Bennie Briscoe sobre el mentón del santafecino Carlos Monzón, quien salió de su eje por única vez en su brillante carrera de campeón mundial de los medianos, fue el terremoto máximo que soportaron el pupilo de Amílcar Brusa y los asistentes al Luna Park. Esa piña paralizó el reloj del estadio y el corazón de los argentinos.

Carlos Monzón
Carlos Monzón. Foto: Archivo

Mañana se cumplirán 45 años de aquel inmortal 11 de noviembre de 1972, cuando a los 2 minutos del 9° round un envenenado cross diestro de Briscoe, quebró a un erguido Monzón, quien apoyado sobre las sogas miró hacia lo alto del estadio, buscando auxilio en el reloj que marcaba el tiempo de ese asalto, que pareció interminable. La pausa impuesta por Víctor Avendaño, árbitro del match; la frialdad de Monzón y las dudas del calvo peleador de Filadelfia, posibilitaron su recuperación . Retomó su dominio constante a través de los 15 rounds, que selló su victoria por puntos y la sexta defensa del título mundial.

Monzón tenía 30 años y se convertía en uno de los líderes internacionales de este deporte, junto con Foreman, Ali, "Mano de Piedra" Durán y Argüello. Fue el atleta que brindó mayor seguridad, a la hora de ganar en el alto nivel competitivo, al público argentino. Ni siquiera cuando cayó por única vez en su carrera mundialista ante Rodrigo Valdez, en su última pelea en 1977, transmitió la incertidumbre ocasionada por el golpe de Briscoe. Por eso, aquella instancia fantasmal quedará archivada en la memoria boxística como un hecho inusual que sacudió como nunca a un boxeador invencible entre 1965 y 1977.

Jamás consideró a Briscoe como un escollo bravo de su carrera. Casi lo ignoró, reconociendo a Emile Griffith - en su match desquite de 1973- como quien más lo complicó en su récord. Briscoe murió el 28 de diciembre de 2010. Tenía 67 años y en sus memorias destacó los combates efectuados en el majestuoso Spectrum, de Filadelfia, con Eugene Hart y Marvin Hagler. Nunca priorizó sus dos combates con Monzón, pues anteriormente habían empatado en 1967. Ni Monzón ni Briscoe están ya en este mundo. Pero aquella piña fue inolvidable.

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