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Wilson Moreyra, el chico díscolo que aprendió a ser un jockey en serio

Excluído de la escuela de San Isidro por su carácter, fue reincorporado y se graduó en seis meses; en el Derby, mañana, montará a Roman Rosso

Viernes 10 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Moreyra ganó su primer Grupo 1 el mes pasado con Roman Rosso
Moreyra ganó su primer Grupo 1 el mes pasado con Roman Rosso. Foto: Gentileza Caballosdelmundo.com

Hoy no puede llamar la atención el hecho de que Wilson Moreyra corra el Nacional, en Palermo. Eficaz, de urgente trayectoria como aprendiz para convertirse en jockey en sólo seis meses, ganador, confiable en las siempre difíciles distancias extensas, ya ganador de 500 carreras. La cosa es mirar a aquel chico rebelde, que llegó a los 16 años de General Viamonte, en el sur de Córdoba, y al que echaron de la escuela de aprendices cuando su espíritu contestatario fue más decisivo que sus condiciones como jinete.

"General Viamonte tiene 2000 habitantes, no lo conoce nadie. Empecé corriendo cuadreras de muy chico, a los 14 años. No tuve muchas oportunidades, no sabía nada, todo lo aprendí acá". Se hace difícil el turf cuando uno no tiene una familia con tradición atrás, que abrevia caminos. Sea cuidador, propietario o jinete. Cristóbal, su padre, quiso ser jockey pero no le daba el peso. Luego se probó como entrenador, aunque fugazmente. A esa edad, Moreyra se fue a Río Cuarto, para aprender el oficio que no mamó desde la cuna. "Tuve dos profesores que me enseñaban lo que podían, lo básico, no tenían la experiencia de los de San Isidro. Pasé un año, me dieron la patente, me fui a Venado Tuerto otro año y de ahí me vine para Buenos Aires. Mi papá es de ir todos los domingos a las cuadreras, pero no tiene caballos".

El padre de Wilson trabajó en un consorcio caminero y es jubilado, y Mirta, la mamá es comerciante. "Mi papá me quiso poner Vilmar, por Sanguinetti (el Topo, el jockey uruguayo que hizo historia aquí), pero en ese momento no estaba permitido y buscaron uno aproximado. Y Rosario, mi segundo nombre, es por mi abuelo paterno. Todos son de Viamonte".

Con su temperamento, Moreyra supo que montar a caballo no era el juego de un adolescente: "Para mí siempre fue muy serio", incluso en "la calle", los andariveles no oficiales. "Corría en Laboulaye, Venado Tuerto, Pueblo Italiano... Habré ganado 30 carreras cuadreras hasta que me vine a Buenos Aires".

Uno de los propietarios que sí confió lo recomendó a Antonio Marsiglia, el entrenador uruguayo que trabaja en Palermo. Vine a los 16 y me quedé tres años, vivía en el stud, pero perdí el trabajo cuando empezaron los paros de camioneros, que cortaban la ruta. Una vez quise volver de Viamonte y estuve 20 días sin poder viajar y cuando por fin pude venir ya Antonio había buscado otro jinete".

Virginia Pascual le dio trabajo entonces y llegó el tiempo de pulirse la Escuela de Aprendices del Jockey Club. Me costó mucho porque era medio rebelde, me fui chico de mi casa y pensaba que era el dueño de todo, hasta que aprendí. Era renegado, contestador, me llegaron a echar de la escuela. Después les pedí disculpas a Víctor Sabín y Héctor Libré [los profesores] y me di cuenta de que para ser alguien había que agachar la cabeza".

Dos años y medio después, a la cancha: "En 2011 debuté acá y tardé un mes y medio en ganar la primera carrera. A la semana de empezar se me rompió una yegua y me di un golpe; pero desde ahí, en 6 meses gané las 120 carreras (norma para graduarse como jockey)".

A los 26 años, Moreyra ya corrió el Derby: "El año pasado, con Dubai Blue, que vino adelante y terminó sexto. Era ganador de una y después del Nacional no corrió más, se vino abajo, se achicó, son carreras bravas". La cuestión es distinta ahora. Tendrá a Roman Rosso, que viene de ganar el Gran Premio Provincia de Buenos Aires (G 1)en La Plata, entre las piernas: "Tenemos expectativas. El caballo corrió en La Plata después de salir de perdedor en una alternativa por 13 cuerpos, en San Isidro, en la milla, porque Jorge no quería enfrentarlo con caballos bravos todavía. Es un potrillo de genio, pero si no lo buscás es manso. Ganó de punta a punta el Provincia pero no era la idea; pasó que corrían seis caballos y él salió adelante, no tenía sentido tironearlo. Vino de galope y corrió los últimos 1200 metros".

-Ahora, mirando para atrás, viendo a aquel chico que vino de General Viamonte, que se enojaba con Libré, ¿qué te parece estar corriendo mañana el Nacional?

-Es el sueño que tenemos todos. El primero es llegar a correr acá y, después, el Nacional es un lujo. Siempre lo fui palpitando en el stud con Jorge [Mayansky Neer, el entrenador]; evaluamos si lo corríamos en el Dardo Rocha y coincidimos en que era difícil correrles a los caballos grandes. Jorge es muy abierto conmigo, me escucha. Por eso estoy agradecido. El Nacional se corre una sola vez y Roman Rosso anda en el aire. No te digo que va a ganar, pero sí que va a andar muy bien. Después de que se abran las puertas se verá, tenemos varias ideas en la cabeza. Queremos correrlo bien e intentar ganarlo, porque las chances están.

El triunfo de Roman Rosso en La Plata

"Entendió que el enemigo de Moreyra era Moreyra"

Héctor Libre, director de la Escuela de Aprendices de San Isidro, dice sobre su relación con Wilson: "Tenía problemas de conducta en un principio, parecía encaprichado en hacerme renegar, entonces lo suspendí, no lo eché. Luego tuvimos una larga charla, se produjo un cambio en él, entendió que el enemigo de Moreyra era Moreyra; hizo un enorme esfuerzo para mejorar su carácter y lo logró. Por eso no me sorprende para nada la actualidad de él, porque si vos mirás el documental "Escuela de Aprendices", en el capítulo dedicado a él vas a ver lo que yo opinaba y es exactamente lo mismo que digo ahora. Es un gran tipo, agradecido, y estoy feliz de que le vaya muy bien".

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