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Trump se deshace en elogios a China y sepulta las críticas de su campaña

Durante su reunión con Xi, se olvidó de las acusaciones por el déficit comercial y por la falta de presión a Corea del Norte

Viernes 10 de noviembre de 2017
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Trump, ayer, junto a Xi, en una reunión en Pekín
Trump, ayer, junto a Xi, en una reunión en Pekín. Foto: AFP / Fred Dufour

PEKÍN.- China ya no es el descarado delincuente que priva de sus empleos a los trabajadores norteamericanos. Y tampoco es el sostén a toda prueba del régimen militarista de Corea del Norte. La nueva consigna de Donald Trump, que ayer cumplió su segundo día de visita a China, es "construir una relación más fuerte" con Pekín junto a su "amigo" Xi Jinping.

Tras visitar en su primer día la Ciudad Prohibida y asistir a una ópera china, Trump fue recibido ayer por Xi con gran pompa en el imponente Gran Salón del Pueblo. Fue ahí donde los dos temas centrales de la agenda del magnate republicano, el colosal déficit comercial de Estados Unidos con China y la carrera nuclear de Corea del Norte, dejaron de ser motivos de disputa para ser puentes de cooperación.

Estados Unidos es el segundo socio comercial de China, con el que tiene un déficit comercial de 350.000 millones de dólares. Pero lejos de ser un robo, como afirmaba Trump meses atrás, ahora es una brecha que si bien tiene culpables, no son precisamente chinos.

"Yo no le reprocho nada a China. Después de todo, ¿quién puede reprocharle a un país que se aproveche de otro para el bien de sus ciudadanos? En cambio, les reprocho a las precedentes administraciones, que permitieron que este déficit comercial incontrolable se formara y creciera", dijo el magnate republicano en una conferencia conjunta.

Si bien no hubo grandes anuncios sobre la forma de reequilibrar la balanza comercial, Trump se felicitó por los acuerdos sellados en estos dos días entre empresas y organismos públicos de las dos principales potencias económicas del mundo, por un monto total de más de 250.000 millones de dólares.

Entre esos acuerdos destaca el del gigante de la aviación Boeing para venderle a Pekín 300 aviones por 37.000 millones de dólares. También sobresale un acuerdo entre el fabricante de material de construcción Caterpillar y el gigante China Energy sobre ventas de equipos para minería, aunque no se revelaron detalles financieros.

Y en momentos en que Pekín trata de diversificar el suministro de hidrocarburos, tres organismos estatales chinos cerraron un acuerdo para explotar yacimientos de gas natural en Alaska, con inversiones previstas de hasta 43.000 millones de dólares.

Xi dio la bienvenida a los nuevos acuerdos y, de manera más general, a la comunidad de negocios internacional. "Seguir abriéndonos es nuestra estrategia a largo plazo. No vamos a estrechar ni a cerrar nuestras puertas, vamos a seguir abriéndonos más y más", declaró en la conferencia con Trump.

Según los observadores, este torrente de acuerdos sólo va a reequilibrar marginalmente la balanza comercial norteamericana, y en todo caso no ayudará a reducir el presunto proteccionismo que Washington le atribuye a Pekín.

Pero si a los ojos de la Casa Blanca dejó de ser el voraz ladrón de puestos de trabajo, China puede también dejar de ser el aliado incondicional de Corea del Norte. Según Washington, Pekín ha consentido y protegido hasta el día de hoy la desmedida aventura nuclear del joven dictador Kim Jong-un. "Nuestra reunión fue excelente. Hablamos de Corea del Norte y creo, al igual que usted, que existe una solución", afirmó Trump dirigiéndose al líder chino.

Atrás quedó el portazo a cualquier entendimiento al respecto que había dado en julio pasado: "No podemos trabajar con China, pero teníamos que intentarlo".

"Le pido a China que se implique plenamente -declaró ayer sobre el mismo asunto, con tono conciliador-. China puede arreglar este problema fácil y rápidamente".

Sus palabras estaban dirigidas a "un hombre muy especial", como le dijo a Xi, quien respondió que las relaciones bilaterales están "en un nuevo punto de partida".

Agencias AFP, ANSA y Reuters

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