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En New York, cuatro gobernadores buscaron su destino

Schiaretti, Lifschitz, Bordet y Gutiérrez acompañaron al Presidente

Viernes 10 de noviembre de 2017 • 12:42
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Caminaban sigilosos, discretos, por los pasillos de hoteles de lujo y las anchas calles y avenidas de New York, la ciudad salvaje y fascinante, el centro financiero del mundo. En charlas de café alejadas de micrófonos y cámaras de tevé coincidieron en la "necesidad" de ayudar al gobierno de Mauricio Macri en la búsqueda de inversiones. Pero por sobre todo, buscaron "ayudarse" después de caídas electorales que aún les duelen.

Juan Schiaretti (Córdoba), Miguel Lifschitz (Santa Fe), Gustavo Bordet (Entre Ríos) y Omar Gutiérrez (Neuquén) formaron parte de la delegación oficial, aunque el neuquino había pactado el viaje con anterioridad y tuvo su propia agenda de reuniones. Los cuatro gobernadores opositores comparten un pasado reciente complicado: perdieron en las elecciones legislativas y necesitan rearmarse. Cada uno con su estilo, aprovechó el viaje para tender lazos con el poder y prometer apoyo para las reformas que impulsa la Casa Rosada, aunque su objetivo final sea sobrevivir estos dos años que les quedan de mandato. Y más allá.

Schiaretti es, de los cuatro, el más curtido en la arena política. Y también, claro, el de mejor relación personal con el Presidente. "Gringo, cuento con vos para la próxima etapa de la Argentina", le repite Macri. Y Schiaretti, peronista pero pragmático, responde: "Coincidimos en la apertura al mundo", le repitió a los inversionistas mientras Macri sonreía a su lado. La sintonía no le alcanzó en octubre: El radical Ramón Mestre, o el macrista Héctor Baldassi, que ganó esas elecciones, son sus "nubarrones" de cara a 2019, en la provincia dónde el Presidente tiene la imagen más alta del país. Pero igual ayudó a acercar posiciones con sus pares antes de la reunión del jueves en Casa Rosada.

El que sorprendió a todos los funcionarios fue Lifschitz. Sobre todo porque su discurso, alabando las "óptimas condiciones para invertir" en el país, contrastó con los cruces y discusiones que tuvo con el Gobierno en el inicio de su mandato. Después de sufrir una dura derrota de sus candidatos-el socialismo terminó tercero detrás de Cambiemos y el kirchnerismo y sólo obtuvo una banca nacional-Lifschitz se tiene fe para reconstruir su poder en su provincia. No sólo apuesta a acomodar los muebles en su casa, sacudida por internas y recelos, sino también a generar inversiones que mejoren la situación económica y "laven la cara" de un partido que en octubre lució la fatiga de su tercer período en el poder. De la reunión salió, de todos modos, disconforme.

Silencioso, y amante del bajo perfil, el entrerriano Bordet también juega su juego. Llegó a New York para defender las inversiones en su provincia, amenazadas por la reforma impositiva que prepara el Gobierno, y que lo complica, por ejemplo, en su relación con Coca-Cola. Después de batir récords de asistencia a la Casa Rosada durante el primer año de gestión, Bordet tomó distancia, y hasta se alió con sus viejos adversarios internos, Sergio Urribarri y Jorge Busti, con tal de ganar las legislativas. No le salió la jugada, y ahora el radical Atilio Benedetti quedó posicionado para disputarle la gobernación en 2019. Salvo que el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, decida también ir por ese lugar.

En distinto hotel, con agenda diferenciada pero con un ojo puesto en el Presidente, el joven Gutiérrez fue uno de los "niños mimados" del empresariado norteamericano, que mira con ganas las inmensas reservas de energía no convencional en Vaca Muerta. "Este yacimiento representa hoy la principal oportunidad que tiene el país de un gran desarrollo industrial", dijo el mandatario el martes ante el influyente Consejo de las Américas, horas antes de la exposición del Presidente.

A pesar de las promesas de millonarias inversiones, Gutiérrez en lo interno tampoco la tiene fácil: la inesperada derrota de sus candidatos a legisladores a manos de Cambiemos motivó viejas internas en el Movimiento Popular Neuquino. Y no tener el apellido Sapag es, a la vez, una distinción y un problema a resolver.

Acercarse al "calorcito" del poder para calentarse, pero a una distancia prudente para no quemarse. Es ese el delgado equilibrio por el que transitan los cuatro gobernadores, que en New York anduvieron buscando su destino político.

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