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Mischa Maisky: "Tenemos que ser humildes y respetar al compositor que tocamos"

Acompañado al piano por su hija Lily, el gran cellista letón se presenta esta noche en la Sala Sinfónica del CCK; la amistad con Martha Argerich y el sueño cumplido de hacer música en familia

Sábado 11 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Los Maisky privilegian el repertorio romántico
Los Maisky privilegian el repertorio romántico. Foto: Soledad Aznarez

Pasar inadvertido no es algo fácil para Mischa Maisky. Su inconfundible apariencia ya de entrada obliga a mirarlo, y si a eso le sumamos la profunda emocionalidad que transmite con su cello hace que se convierta en uno de esos personajes que definimos como inolvidables.

Nacido en una familia de músicos de Letonia, se vio forzado a emigrar de la Unión Soviética luego de haber estado prisionero en un campo de trabajos forzados, aunque para ese momento ya lo acompañaba su fama de virtuoso. Con una carrera que lo ha llevado a estar en los principales escenarios del mundo, en esta oportunidad está de vuelta en Buenos Aires para presentarse en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner, donde ayer interpretó el Concierto n° 1 de Camille Saint-Saëns junto a la Sinfónica Nacional y hoy ofrecerá un recital acompañado de su hija, la pianista Lily Maisky.

Se define como el cellista más afortunado del mundo por haber tenido como maestros a dos de los más grandes: Rostropovich y Piatigorsky, además de haber podido conocer a Pablo Casals, tocado más de 20 conciertos junto a Leonard Bernstein, estudiado junto a Radu Lupu y haber tenido las mejores parejas de música de cámara. Quizás Martha Argerich fue la más importante de todas, porque además de ser su amiga, representa también su colaboración más larga al cumplirse el próximo año el 40° aniversario de su primer concierto juntos. Pero afirma que no hay nada que pueda comparársele a la felicidad de estar acompañado en el escenario por sus hijos. "Básicamente, es el sueño de mi vida". Y para Lily, debutar en esta ciudad de la mano de su padre, a quien define como su mejor profesor y su pareja musical ideal, algo que la llena de expectativas. "A Buenos Aires la rodea un ambiente cultural que la hace muy especial, además tengo amigos argentinos muy cercanos que me hablan constantemente de ella, tenía muchas ganas de tocar aquí". Lily es otra pianista más en la ya famosa "calle de los pianistas" en Bruselas, que tiene entre sus vecinos a Martha Argerich y a toda la familia Tiempo (fue Lyl su primera profesora de piano).

Cuando padre e hija debutaron juntos en un escenario, hace ya 15 años, lo hicieron tocando la Sonata n° 1, en mi menor, opus 38, de Brahms y desde hace unos meses están tocando también la Sonata n° 2, en fa mayor, opus 99; ahora será con esa, junto a las Phantasiestücke,Piezas de fantasía, opus 73, de Schumman, con la que abrirán el programa. "Ya sabemos lo ideal que resulta tocar Brahms y Schumann juntos", dice Lily. Para la segunda parte, la Sonata en do mayor, opus 65, de Britten y Le Grand Tango de Piazzolla. "Para mí, Britten es uno de los compositores más románticos del siglo XX, alguien de una gran sensibilidad -explica Maisky-. Esta es una pieza que no se toca con frecuencia y nos gusta que la gente la descubra, es como la desconocida dentro de nuestros programas, pero luego resulta que es sobre la cual más se habla. Además, es muy especial porque representa la primera de las cinco piezas que el compositor escribió para Rostropovich. Y será esta figura precisamente el hilo conductor, ya que cerraremos con Piazzolla y su Grand Tango, que también compuso para Rostropovich".

Cuando llega el momento de interpretar música, el cellista afirma que siempre decide privilegiar la pasión por sobre la técnica. "Si tuviese que resaltar una sola de las múltiples enseñanzas que me dejó Rostropovich fue la de la obligación de recordarme constantemente que el instrumento, como su nombre lo indica, es sólo el vehículo que nos ayuda a conseguir el logro final que siempre debe ser la música. La cualidad del instrumento y la técnica son una manera para expresar esa música y no al contrario, porque sucede que a veces de manera inconsciente, las prioridades cambian. Puede que yo no sea el cellista más limpio, hay muchos que pueden hacerlo de manera más impecable, pero si me tengo que concentrar en esa perfección técnica tendría que sacrificar lo que para mi es lo mas importante que es la expresión emocional y el balance. Tenemos que ser humildes, respetar la música y el compositor que interpretamos y a la gente para quien estamos tocando. Ese es el verdadero rol del intérprete, ya que sin el público estaríamos obsoletos".

Mischa y Lily Maisky

Obras para piano y cello de Brahms, Schumann, Britten y Piazzolla

Hoy, a las 20, en la Sala Sinfónica del CCK. Sarmiento 151. Gratis.

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