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Nadia Muzyca: "Me he caído sentada en medio del teatro"

La primera bailarina del Teatro Colón cuenta cómo hace para combinar la danza con la maternidad y desmitifica su profesión

Sábado 11 de noviembre de 2017
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PARA LA NACION
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Foto: Victoria Gesualdi / AFV

Nadia Muzyca se consagró primera bailarina del Teatro Colón después de integrar el Ballet Argentino de Julio Bocca y el Ballet del Teatro Argentino de La Plata, donde se desempeñó en roles principales durante seis años. Sin embargo, su hogar estuvo y sigue estando en Quilmes, cerca de la casa de sus padres, donde vive con su pareja, Mauro, técnico del Teatro de La Plata, y Valentino, su hijo de seis años.

Inició sus estudios de danza con apenas cinco años en una academia del barrio, adonde iba con sus primas, y allí descubrió la vocación que signaría por siempre su vida: "Ya de muy chica las clases de danza me encantaban y las tomaba con mucha seriedad. Mi lugar en la barra era frente al espejo: me miraba, me corregía. Hasta que un día la profesora habló con mi mamá y le dijo: «¿Por qué no presentan a Nadia al Colón?». Luego mis padres me anotaron y a los nueve me presenté a las audiciones para ingresar al instituto del teatro. Fueron varios exámenes, fui pasando distintas etapas y al final quedé", recuerda Nadia, sentada a una mesa del café que se encuentra sobre el Paseo de los Carruajes, frente a las boleterías del teatro, que hoy la tiene como primera bailarina, entre los cinco mejores del mundo entero.

La carrera de bailarín en el Teatro Colón tiene una duración de ocho años, más dos de perfeccionamiento, pero Nadia Muzyca nunca la pudo terminar. Cuando tenía apenas 14 años, Julio Bocca la convocó para bailar en su compañía, y enseguida comenzó a girar y recorrió los cinco continentes. "Viajamos por todos lados. Todo el mundo lo veía como algo maravilloso, pero a mí estar lejos de mi familia me generaba un poco de angustia. Por otro lado tenía ganas de bailar en grandes producciones como El lago de los cisnes y una compañía chica como aquella, un ballet de cámara, digamos, sólo presentaba obras cortitas. Así que renuncié en el 99, no aguantaba más".

Al año siguiente hubo audición en el Teatro Argentino de La Plata, adonde ingresó enseguida, y durante seis años interpretó los roles de primera bailarina, hasta que ingresó al cuerpo de baile del Teatro Colón, donde desarrolló una carrera brillante como primera bailarina. Hoy, con 37 años, Nadia ya planea retirarse del escenario cuando cumpla cuarenta, y para encarar esta nueva etapa de su vida hace un año inauguró su propio estudio de danza en Quilmes Oeste. "Con Mauro quisimos llevar a la zona sur un estudio de calidad, que tenga un buen piso, con cámara de aire, donde se enseñe a conciencia. Allí doy clases todas las tardes. El estudio es muy grande, para poder hacerlo tuvimos que vender un auto, sacar un préstamo, poner mucho esfuerzo", cuenta.

-¿Cómo es la rutina de una bailarina profesional?

-En el Colón ensayamos de martes a sábados de 11 a 17. Obviamente, según el rol que estés haciendo, te vas un rato antes o te quedás una hora extra. De 11 a 12.15 tomamos una clase de ballet, como para preparar el físico, y después de una hora de descanso arrancamos con el ensayo.

-¿Cuánto de trabajo y cuánto de talento hay en tu trabajo?

-Creo que el talento tiene que estar sí o sí, porque eso es lo que hace la diferencia. Sin talento es raro que seas una gran figura. Y el trabajo es fundamental, porque si no, no llegás a ningún lado. Como un diamante en bruto, hay que pulirlo y darle forma. Sin trabajo es imposible, no importa el talento que tengas.

-¿En qué se diferencia una primera bailarina del resto?

-El físico es fundamental. Los pies, la rotación, la abertura. Las primeras bailarinas son esbeltas. También depende mucho de la dirección, qué es lo que buscan para esa compañía.

-¿Y cuál es tu método para mantener la excelencia?

-Por un lado, el trabajo permanente y a conciencia es fundamental. Por otro, es clave estar muy fuerte mentalmente, no dejarte devorar por la vorágine que te rodea, ya que es mucha la presión. Es un trabajo muy fuerte y muchos bailarines prefieren no hacerlo, porque la pasan mal. Pasa que, al igual que en los deportes de alto rendimiento, hay que tratar de que esa adrenalina que te genera salir a escena te motive y te tire hacia adelante, no dejar que te paralice. Tengo la suerte de que no tengo que cuidarme en las comidas, no tengo una dieta especial. Obviamente si tenés un ensayo complicado al día siguiente, tratás de cuidarte más, no te vas a dormir a las tres de la mañana, porque si no al otro día no te va a dar el físico. Necesito dormir bien, mínimo siete horas.

-¿Hay lugar para el error?

-Sí, sí. Me he caído sentada en medio del teatro. Se trataba de una obra neoclásica, y yo entraba caminando muy canchera. Pero ese día entré más canchera que nunca, muy confiada, como desafiando al público. Me dije: "Hoy la rompo". Y en la primera que levanté una pierna la otra se me fue y caí al piso mal. Por suerte reboté en un segundo y seguimos adelante como si nada. Miente el primer bailarín que dice nunca le pasó nada, porque ocurre todo el tiempo.

-¿Cómo es el trato del Colón con los primeros bailarines?

-En principio tenemos un contrato, cuando hace un tiempo no lo había y Paloma [Herrera, actual directora del Ballet], lo hizo resurgir. Por otra parte, creo que al Colón le serviría dar a conocer más a sus bailarines, porque así atraería más público. Nosotros somos conocidos dentro de nuestro mundillo de la danza y el público habitué del Colón, pero mucha gente no nos conoce.

-¿Cómo combinás los ensayos con la maternidad y las clases de danza?

-Cuando salgo del Colón, vuelvo y me pongo a dar clases en el estudio. Mi mamá es la recepcionista y Valentino anda por ahí. Es un espacio que me da mucho gusto, y por suerte a Valentino también. Después de las clases voy a bañar a mi hijo, le doy de comer y preparo la vianda para el día siguiente; hay que fijarse que la ropa esté bien, limpiar las zapatillas para que no estén todas mugrosas. Pero bueno, paso a paso, lo voy haciendo. Si pensara todo lo que tengo por delante cuando me levanto, creo que me taparía hasta la cabeza y no saldría de la cama.

-¿Qué hacés en tus ratos libres?

-Nada. Me gusta estar en mi casa tranquila, tomar mate, no tener horarios. Trato de acomodar un poco el lío que se me va armando en la semana. En realidad, si me preguntás qué hago en mi tiempo libre, te diría que no lo sé, creo que camino alrededor mío.

Una copita para relajarse

Nadia asocia su bebida favorita a un momento del día en particular, uno que se repite cada atardecer, cuando llega a su casa, después del Colón, luego de haber dictado clases en su estudio y del largo viaje de regreso a Quilmes. Ahí, ella se sirve una copita de vino. "Al llegar me relajo -dice-. Así que mientras preparo la cena me encanta tomarme mi copa, un buen malbec, ese es mi momento ideal. Me pongo contenta sólo de pensarlo".

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