Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Defender lo indefendible

Resulta escandaloso el abultadísimo número de empleados con que funciona la Biblioteca del Congreso de la Nación

Sábado 11 de noviembre de 2017
0

Actualmente, la Biblioteca del Congreso cuenta con una planta de personal que supera las 1500 personas (1700 a decir del presidente Macri en su discurso del 30 del mes pasado durante el lanzamiento de una serie de propuestas sobre políticas públicas). Ese staff -aun el de la cifra menor- tiene una particularidad insoslayable: supera ampliamente a las plantas laborales de las principales bibliotecas del mundo, aunque su colección y producción sea considerablemente menor.

Eso no implica desconocer el valor de esa institución creada en 1856. La Biblioteca del Congreso es una entidad imprescindible pensada para asistir, en sus principios, a los legisladores. Hoy está abierta al público en general y son muchas las consultas que recibe. El último paso ha sido dotarla de mayor tecnología, siguiendo una extensa carrera de crecimiento que determinó que fuera elegida, en 1948, por la ONU como depositaria de sus publicaciones y, en 1986, como Centro de Referencia de las Comunidades Europeas. Ha recibido premios y recuperado un sinfín de documentos históricos invaluables, con calidad y confiabilidad.

Nada de eso está en discusión. La pregunta que se ha hecho en público el presidente Macri es: "¿Qué ha pasado en todo este tiempo para que aumentara así (exponencialmente su planta de personal); 1700 -dijo- es un número escandaloso para una biblioteca, una vergüenza y, sobre todo, si comparamos con la Biblioteca del Congreso de Chile, que tiene menos de 250 empleados". Acotamos que la Biblioteca del Congreso tiene aún más empleados que la British Library, la más vieja y completa de Europa, con la mayor colección de libros, microfilms, material de prensa, cartografías, manuscritos y todo lo que se pueda imaginar que una entidad de ese tipo puede albergar, sistematizar y contribuir a difundir.

No hubo que esperar mucho tiempo para empezar a escuchar a algunas voces en defensa de lo indefendible. Una de ellas fue la del titular de la Asociación del Personal Legislativo (APL), Norberto Di Próspero, quien directamente se desligó de cualquier responsabilidad al decir que la Biblioteca del Congreso es administrada por una comisión bicameral. No obstante ello, se lamentó de que, habiendo sido Macri diputado, recién se entere de esto ahora, y lo invitó a recorrerla y a que diga si no le parece que vale la pena invertir en cultura. No había ido dirigida a ese punto la crítica del jefe del Estado.

Efectivamente, la Biblioteca es administrada por una comisión integrada por seis disputados y seis senadores. Entre esos legisladores, actualmente dos son de Cambiemos: los senadores Juan Carlos Marino (La Pampa) y Carlos Alberto Reutemann (Santa Fe); cinco son del bloque PJ-Frente para la Victoria: las diputadas María Teresa García y Mayra Mendoza (ambas por Buenos Aires); los senadores Miguel Ángel Pichetto (Río Negro, hoy enfrentado con el kirchnerismo) y las senadoras Norma Durango (La Pampa) y Beatriz Mirkin (Tucumán). El diputado massista Carlos Selva (Unidos por Una Nueva Argentina-Buenos Aires) también integra esa comisión, junto con Oscar Romero (Justicialista-Buenos Aires), la senadora Hilda Aguirre (Alianza Frente Popular Riojano), y los diputados Eduardo Costa (UCR-Santa Cruz) y Sergio Buil (Unión Pro-Buenos Aires).

Damos por descontado que todos esos legisladores conocen la escandalosa situación de la entidad que administran en carácter de secretarios y vocales. Más aún la conciencia que sobre el tema debe tener la presidenta de la Biblioteca, la diputada García, quien, no obstante, en una actitud más típica de una dirigente patotera que de la mayor representante de uno de los vehículos culturales más importantes del país, ha respondido a las críticas del Presidente con una carta abierta totalmente improcedente.

En esa misiva que la legisladora suscribe como: "Diputada de la Nación. Peronista", se dirige al jefe del Estado como "Mauricio Macri Blanco Villegas", como si adosarle el apellido materno implicara algún tipo de deslegitimación. También, lo trata de "patrón de estancia", lo acusa de haber tenido "lazos con la dictadura" y de que tanto él como su familia hayan sido "deudores del Estado argentino desde el fondo de los tiempos", una deuda que, a juicio de la diputada, "nos llevó a la más tremenda crisis que la Argentina recuerde y fueron nuestros gobiernos, los del período 2003-2015, los que le permitieron recibir un país desendeudado, un país liviano de herencia". Paralelamente, le escribe Garcia: "El cuentito de la austeridad, [cuénteselo] a otro. No a mí".

Y, después de realizar una larga enumeración de cargos en el Gobierno con los que no acuerda, se despide García: "Lo saludo a usted con todo el respeto que merece su investidura y no le digo «quedo a disposición», porque los militantes políticos sólo estamos a disposición de nuestro pueblo".

Ni una sola explicación sobre los 1700 empleados, ni sobre la superpoblación inexplicable, ni acerca de los supuestos esfuerzos por no seguir incrementándola o por devolverle racionalidad. En cambio, sobran argumentos "militantes" irracionales, algo que de ninguna manera se espera de quien tiene a su cargo la presidencia de un bien público cultural, plural, abierto y, desde ya, apartidario.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas