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"Los jóvenes miran con esperanza la reforma"

Los argentinos que viven en Arabia Saudita notan el giro que dio el príncipe

Domingo 12 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Aunque ya sabía cómo era la situación en Arabia Saudita, lo primero que le llamó la atención al porteño Marcelo Fernández cuando viajó en 2013 para radicarse en la capital, Riad, fue la uniformidad de la vestimenta femenina. Todas las mujeres vestidas con túnica negra, la abaja, de pies a cabeza. Además, se veía imposibilitado de viajar en el mismo auto con su asistenta de trabajo, ya que no son esposos. Y Fernández recuerda que en todos los comercios era atendido únicamente por hombres.

"En los últimos tiempos todo empezó a cambiar", comentó vía telefónica a LA NACION este veterinario de 58 años, especialista en equinos y caballos de carrera. Ahora, Fernández suele enviar a sus amigos las fotos que muestran el cambio de época desde que el príncipe heredero, Mohammed ben Salman, empezó a implementar su política de reformas. Mujeres que caminan sin un hombre a su lado por una plaza, otras que atienden como cajeras de un supermercado, e incluso algunas "valientes" que usan abaja de colores diferentes del negro.

"En mayo pasado fueron los festejos por el aniversario de la independencia y era impresionante ver festejar y bailar a hombres y mujeres en las calles. En especial la gente joven, que es la mayoría de la población saudita, está feliz con la flexibilización de las costumbres", dijo Fernández.

Cuando su compatriota, la cordobesa Gisella Krohn, de 28 años, se radicó definitivamente en julio pasado en Riad, luego de varios viajes esporádicos al país, ya sabía cómo eran las normas sauditas y las aceptó con naturalidad.

"Todo es cuestión de costumbre. Ya sé que cuando salgo a la calle me tengo que vestir de negro de pies a cabeza. Además, como todas las mujeres están vestidas igual, me sentiría incómoda si no usara la abaja, porque llamaría mucho la atención", dijo Krohn, magíster en Marketing y Ventas, que atiende en una inmobiliaria a clientes extranjeros que llegan para radicarse en el país.

"La cuestión de los cambios que está implementando el príncipe Mohammed y la reciente detención de príncipes y funcionarios corruptos es el tema número uno de conversación en la calle. La gente tiene curiosidad por saber cómo va a terminar todo esto. La pregunta que uno se hace es: ¿los sectores conservadores aceptarán mansamente los cambios?", reflexionó Krohn.

Por su parte, el cordobés Guillermo Balbuena, de 38 años, también veterinario de caballos, tiene claro que hay una amplia franja de la población que "odia" al príncipe Mohammed. "Yo estoy aquí hace ya un año y el otro día un cliente me decía con asombro: «Imagínese qué va a pasar con esto de que las mujeres ahora pueden andar libremente y no necesiten un guardián»", contó Balbuena.

Hace un par de meses vivió una situación particular junto a su esposa, también argentina, de 35 años. En el interior de un shopping ella se había quitado el velo que le cubría el cabello y un mutawa, un policía religioso, le exigió a él que ella se cubriera la cabeza. Al mezclar el inglés con árabe, el policía le dijo que si no querían aceptar las normas sauditas se volvieran a su país.

A pesar de las enormes diferencias culturales, los argentinos radicados en Arabia Saudita coinciden en señalar cuáles son los principales atractivos de un país donde no existen las salas de cine, tampoco discotecas ni venta de alcohol, y hay ejecuciones públicas a pedradas de los adúlteros.

Pero los suculentos paquetes económicos de sus contratos en general incluyen vivienda gratis, auto, un mes de vacaciones pagas en la Argentina y, sobre todo, un presupuesto ilimitado para desempeñar su tarea profesional. "Es así como todos llegamos por un par de años... y al final terminamos quedándonos aquí", concluyó Fernández.

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