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Pichetto, la construcción de un hombre clave

Sergio Suppo

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LA NACION
Domingo 12 de noviembre de 2017
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Miguel Pichetto convive sin prejuicios con un extraño privilegio: le toca ser, de lejos, el hombre más importante del Congreso en uno de los peores momentos de su partido, el peronismo.

Amparado en ese papel timonea un ejercicio de supervivencia para su partido: quitar las influencias de Cristina y de La Cámpora como primer paso de una reconstrucción a largo plazo. A sus propios compañeros les advierte que ese camino puede suponer un largo tiempo en la oposición, mientras tamiza con una salvedad. Siempre puede aparecer un "cisne negro" que ponga en riesgo la reelección de Mauricio Macri, consuela.

El senador no tiene pruritos para cumplir ese objetivo. El viernes anunció que visitará a Julio De Vido en la cárcel como respuesta al abandono que Cristina y el kirchnerismo hicieron de su ministro más influyente. Ese juego a tres bandas incluye un desprecio a la ex presidenta, un mensaje a De Vido de parte de los gobernadores peronistas para que apunte sus acusaciones para otro lado y, por fin, un telegrama para el Poder Judicial: el peronismo no abandona a los suyos.

Pichetto siempre recuerda que el ministro repartió obras aquí y allá, por debajo y por encima de las sospechas ahora convertidas en causas judiciales. "Debieron haber bajado al recinto el día que Diputados trató el desafuero y defenderlo con el criterio que mantenemos en el Senado y que consiste en que sólo se quitan los fueros a los legisladores que tienen condena firme", repite.

Con el armado de otro partido para competir en las elecciones del 22 de octubre, Cristina le regaló a Pichetto el argumento para adelantarse a su llegada y separar un bloque peronista que será mayoritario respecto del que formará la ex presidenta, e igualmente más numeroso que la bancada oficialista. Con Cambiemos espera acordar; con Cristina, se prepara para confrontar. "Armó un partido de izquierda sólo para perjudicar al peronismo", insiste ante los visitantes de su despacho, en el segundo piso del Senado.

Presidente del bloque mayoritario de la Cámara alta desde el mandato interino de Eduardo Duhalde, el senador por Río Negro hizo un corto pero preciso viraje hace dos años. Entre la derrota de Daniel Scioli y la llegada de Mauricio Macri, Pichetto rompió con el kirchnerismo y se convirtió en un garante de la gobernabilidad de un presidente sin mayoría en el Congreso y acosado por el fantasma de la desestabilización.

En medio del desconcierto de la derrota, Pichetto se desprendió para siempre del liderazgo de Cristina y se convirtió en el representante opositor de un experimento de concertación alimentado por necesidades y urgencias mutuas. El nuevo gobierno necesitaba aprobar leyes y los gobernadores peronistas -muchos de ellos también recién llegados-, contar con fondos nacionales.

En el Congreso como diputado desde 1993, pasó al Senado en diciembre de 2002, durante el tramo final de la presidencia de Duhalde. Néstor Kirchner lo confirmó como jefe de bloque y ya nunca abandonó ese cargo. Pero es desde que gobierna Macri que Pichetto llegó a ser el legislador más influyente desde la restauración democrática. Vicente Saadi, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, llegó a tener cierta capacidad de maniobra en ese mismo puesto del Senado, pero el catamarqueño nunca llegó a representar los intereses de todas las provincias peronistas.

El senador por Río Negro entrevió que tenía un nuevo rol desde la misma oficina que ocupa hace 17 años luego de un ida y vuelta con Cristina, en noviembre de 2015. Su gente cuenta que fue convocado por la Presidenta para pedirle que facilitara el nombramiento de Federico Pinedo como presidente provisional de la Cámara aun cuando el peronismo tenía mayoría para imponer a un hombre en la línea de sucesión, luego de la vicepresidenta Gabriela Michetti. Cristina le pidió, de paso, que ayudara a Macri a sacar leyes.

Luego de la reunión entre Cristina y Macri, en Olivos, en la que el presidente electo se enteró de que no recibiría los atributos del mando de manos de su antecesora, Pichetto recibió órdenes inversas: la oposición debería ser frontal. Ya no volverían a hablar y los emisarios Oscar Parrilli y Carlos Zannini se fueron del Senado entre insultos.

La influencia de Pichetto llega a Diputados, por encima de las históricas prevenciones entre ambas cámaras. Cuando puede, muestra algunas diferencias con el Gobierno, al que le divierte correrlo por derecha. Delante de sus allegados suele criticar el gradualismo y la ausencia de medidas drásticas cuando Macri llegó al poder. Es por lo mismo que se muestra partidario de una reforma que haga viable el sistema jubilatorio. En las últimas horas hizo notar que muchas de las medidas que se están tomando ahora "impactarán sobre el bolsillo de la clase media alta, que es la clientela electoral del Gobierno".

Las formas siempre van después de lo esencial. El bloque que preside Pichetto todavía se llama Frente para la Victoria, un resabio kirchnerista que pronto será borrado. A la medida de su jefe, en los próximos días se llamará nuevamente bloque justicialista.

Twitter:@ssuppo

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