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La primaria de Ensenada que un día se quedó sin maestros

Todo el staff docente se solidarizó con un profesor amenazado

Domingo 12 de noviembre de 2017
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Hace dos meses, la Escuela 16 de Ensenada, una primaria de 127 alumnos en un barrio bajo limítrofe con la ciudad de La Plata, saltó a los medios por un hecho muy poco habitual: después de que un profesor de educación física fuera amenazado por el padre de un alumno de 5° grado, todo el staff docente (siete maestras y un profesor) se solidarizó con él y pidió licencia "por ART" (aseguradora de riesgos del trabajo). Sólo quedó el director. Obviamente, durante algunos días se suspendieron las clases.

"No fue un episodio importante porque pude intervenir enseguida y de a poco fui logrando calmar al padre, que se había puesto muy mal por una pelea de su hijo con un compañero. Y acusaba al profesor. Nada extraordinario, cosas que pasan todos los días", dice Teresita Abraham, maestra secretaria de la escuela, que cumple tareas administrativas y docentes y es una suerte de vicedirectora. La mañana del incidente, el director no estaba en la escuela.

Ella también pidió licencia. "La verdad, me costaba volver al día siguiente. Esa noche, cuando me aflojé, me costó mucho dormirme. Mi cabeza no daba más, y también fue una forma de pedir que nos respeten."

Se reincorporó cuatro días después. Otras dos maestras, lo mismo. El resto fue volviendo de a poco. El profesor amenazado lo hizo a fines de octubre, y hasta la semana pasada una maestra seguía de licencia. "Lo que ocurrió no nos afectó a todos de la misma manera. No todos reaccionamos igual", explica Abraham, delegada de Suteba.

El director, Ceferino Elichiribehety, un profesor escolar de teatro de 42 años, que lleva 18 meses en el cargo, dice que él no es quién para dudar cuando los docentes piden licencia por enfermedad, por estrés o por cualquier otra razón. "No objeto al que falta porque no quiero generar roces, un clima feo, sospechas... Tampoco hago conjeturas a nivel subjetivo. No me corresponde hacerlas. Sí tengo que ocuparme de que no se interrumpa el servicio educativo."

Cuando LA NACION llegó a la escuela, un martes al mediodía, un chico de alrededor de 10 años que caminaba por la terraza sin baranda pidió que le alcanzaran una pelota de fútbol que se había caído a la vereda. Y después pidió algo más: "¿No tendrán unos pesitos para ayudarme?".

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