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El Kun Agüero ya tiene el sello que le faltaba para relanzar su candidatura a ser el N° 9

El delantero recuperó el terreno que había perdido; con un gol, que le permitió alcanzar a Crespo en el tercer puesto histórico, y el entendimiento con Messi, se acerca a lo que quiere Sampaoli

Domingo 12 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Agüero ya convirtió el gol del triunfo y empieza el festejo que lo llevará a abrazarse con el Papu Gómez
Agüero ya convirtió el gol del triunfo y empieza el festejo que lo llevará a abrazarse con el Papu Gómez. Foto: AP

MOSCÚ.- "No sé qué voy a hacer ahora, me dejó solo". Hace unos minutos Lionel Messi lo saludó en el vestuario y se fue rápido a subirse al avión que lo llevará a Barcelona. Él, manos en los bolsillos, suelta el chiste sobre su amigo, su compañero de habitación en estos días en Moscú y en tantos otros en decenas de concentraciones compartidas en la selección argentina. A esta hora de la noche de un sábado helado en la capital del próximo Mundial, el Kun Agüero dice que los dos están más grandes, y que por eso ahora se pueden entender mejor adentro de la cancha, aunque "no tanto como afuera".

No hace una broma detrás de otra como antes, aunque se ríe de sí mismo y acepta que tuvo que rematar dos veces en la misma jugada para meter el gol del triunfo de Argentina, que no fue uno más: fue el que lo terminó de reinstalar en la atmósfera de un plantel del que había salido. Está sereno y también contento, recién salido del vestuario y camino al hotel: "Después del rebote pensé que me iban a arrancar la cabeza, pero la metí igual". Sí, está de vuelta. Y redimido.

El largo camino del regreso, acepta, no fue sencillo. En su momento eligió centrarse en Manchester City para que no le doliera tanto que un nuevo entrenador lo haya dejado afuera. Pero si Sampaoli hizo en julio esa jugada con cálculo de ajedrecista, le salió bien: Agüero se activó, recuperó la confianza de Guardiola, se erigió como goleador histórico de su club y se ganó otra oportunidad. Dos veces, en realidad: la primera no la pudo aprovechar por ese accidente automovilístico que lo bajó de los dos partidos finales de las Eliminatorias. Pero le llegó otra más. Ésta: "Han pasado muchas cosas en este tiempo. Jugué liberado, mi cabeza estaba tranquila. Viví de todo en la selección, ahora me dieron otra chance, quiero estar relajado y sin presión", se analiza.

Lo alcanzó a Hernán Crespo

Su gol, que anoche llegó después de que cabeceara con la pierna de Vasin cerca de su cara, no sólo resolvió el partido: le sirvió a él para llegar a 35 con esta camiseta y ubicarse en el tercer lugar, junto a Hernán Crespo, de la tabla de máximos anotadores históricos (su amigo tiene 61 y Batistuta, 54). Los suyos se repartieron en 30 de los 83 partidos que suma desde septiembre de 2006, cuando debutó con 18 años recién cumplidos. Ahora ya son 11 consecutivos los que lleva de trayectoria en la selección, y en los últimos 10 siempre marcó al menos un gol. Aunque en 2017 haya tenido que esperar hasta el 11 de noviembre para dejar su marca: "Es difícil estar acá, desde hace tiempo hay buenos delanteros en la selección, siempre tuvimos grandes 9. Muchos quisieran llegar, por eso estoy agradecido. Me gusta este desafío, quiero aprovecharlo a muerte", sigue, convencido de querer abrazarse al tren que volverá a Rusia en unos meses a disputar el Mundial. Sería el tercero en su carrera.

"Tuvimos movimientos interesantes entre Agüero y Messi", ya había analizado Sampaoli a esa altura de la noche moscovita, en la conferencia de prensa. Un rato más tarde, en el repaso del partido con sus colaboradores, el entrenador lucía satisfecho con la prestación de su nueva apuesta para el puesto más peleado del equipo. El corazón del área rival tiene demasiados buenos aspirantes a querer ocuparlo, pero ahora es el tiempo de Agüero, que camina un paso adelante de Icardi, Higuaín y Benedetto, los otros contendientes.

Lo que le pide Sampaoli

Del Kun, al entrenador le gustó la calidad técnica que le había notado tantas veces en televisión aunque nunca desde la relación jugador-técnico. Como ese control con el pecho, en el aire, que precedió a un contraataque que comandó. Le valoró también la manera que tiene de elegir cuándo salir y cuándo entrar al área para ganarse el espacio. El gol fue una muestra de cómo oponerse a la inercia natural del cuerpo: mientras todos corrían al área a buscar finalizar (o derribar) la doble pared entre Messi y Pavón, él apretó el freno lo suficiente como para dejar ir a su marcador y quedar solo, de cara al arco. Y allí recibió el pase: "Jorge está constantemente diciéndome que me quede entre los centrales para hacerles espacio a los que llegan desde atrás. Que fije a los centrales y entre en el área a definir cuando la jugada viene por afuera. Si bajo no le dejo espacio a Leo ni puedo llegar al área. Y el gol vino así, como lo entrenamos", describió, con el tono de quien escuchó muchas veces la lección.

Se fue caminando del Luzhniki con ese paso retacón marca registrada. Se llevaba la certeza que había ido a buscar a Moscú: sentirse nuevamente parte del círculo rojo del equipo, ese al que dejó de pertenecer apenas por un rato. Al final, el paso atrás del Kun Agüero no fue más que un impulso para relanzar su candidatura a ser el 9 de la selección.

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