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La libreta de Jorge Sampaoli tras el triunfo de la selección argentina ante Rusia: las notas resaltadas en verde les ganaron a los manchones en rojo

La confianza en sí misma y el auspicioso debut de Kranevitter fueron signos positivos; sigue sin haber soluciones en ataque

Domingo 12 de noviembre de 2017
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Foto: Reuters

MOSCÚ.- Siempre es mejor acompañar el crecimiento con victorias, por irrelevantes que parezcan. La selección empezó a tomarle la temperatura a la sede del Mundial con un triunfo apretado, poco glamoroso, nacido de un equipo al que su entrenador podría colgarle el cartel de "en construcción". Letras que pueden generar inquietud a siete meses de la competencia, sí, pero que retratan la realidad de la Argentina, hoy inferior a Brasil y España y sin ser más que los que vienen en el segundo escalón. Se trabaja sobre la certeza de que para achicar la brecha antes de volver a Moscú en junio habrá que encontrar más soluciones a las que siempre ofrece Messi para ganar.

En el cúmulo de lecturas que ofrece un desarrollo de 90 minutos, Sampaoli se llevó en su libreta apuntes en verde y en rojo. Lo mejor fue la confianza que demostró tener la selección en sí misma. Se advirtió desde la jugada inicial, cuando entre Romero, Pezzella y Otamendi se animaron a dar tres pases seguidos en el área propia hasta conseguir sacar la pelota limpia, segura. Es un mandato: que la cadena de pases no se agote ni siquiera en las condiciones más adversas. Y para que ese hilo no se corte, todo buen equipo necesita de un volante central que sepa administrar lo que le llega. En esa faceta fue auspicioso el partido de Kranevitter, el que también lideró el movimiento de presión cuando la Argentina perdía la pelota en ataque: recuperar arriba, cree el DT, desgasta menos y no le permite al rival salir de la zona de fuego.

Aunque toda esa prolijidad necesita conectar con la siguiente fase: la de tener ideas frescas, que ayuden a cambiar el ritmo, encontrar sociedades y liberar el camino al gol. Allí la Argentina tiene su mayor crisis, y no nació ayer. Los que marcan el paso en el fútbol mundial son aquellas formaciones que tienen volantes que rompan la monotonía, pisen el área rival, sumen asistencias y goles. Los que la selección no termina de encontrar. El rol lo interpretaron Enzo Pérez y Lo Celso (debutante) en el 1-0 contra Rusia, y el intento cuenta. El del futbolista de River es un caso probado, más allá de un rendimiento puntual, y por el chico que debutaba ayer sigue habiendo expectativas. No las satisfizo ayer, aunque le cabe margen de crédito por su carácter de nuevo en el plantel.

La falta de soluciones en ese apartado salta más a la vista en partidos como el de ayer, en los que Messi se enciende espasmódicamente, como si su sabiduría le hiciera ver que hay momentos para dar todo y otros, como éste, para regular. Cuando el capitán apareció, generó la jugada del gol. ¿Poco? Para la importancia del partido, suficiente: lo mejor que le podía pasar en los 2 grados de la tarde moscovita era irse sano de vuelta a Barcelona. El 10 necesita de socios, y en la búsqueda reapareció uno al que quiere mucho: Agüero parece decidido a rentabilizar su regreso a la selección.

Con esos apuntes y una sensación de tranquilidad que se percibe en el ambiente, la gira ofrecerá el martes ante Nigeria la posibilidad de que otros intérpretes trabajen la misma idea. Y que alguno de ellos dé un paso adelante para ganar crédito. No es poco, si se atiende que hace un mes este mismo plantel estaba prendiendo velas para no terminar viendo el Mundial por televisión.

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