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El Quinto Escalón: de rimar en las plazas a conquistar América latina

La competencia de raperos que nació en el Parque Rivadavia se convirtió en la más importante entre los improvisadores de habla hispana; Dtoke, el gran campeón

Lunes 13 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Dtoke, un ex remisero que ya es una leyenda del freestyle y al que nadie puede quitarle su reinado
Dtoke, un ex remisero que ya es una leyenda del freestyle y al que nadie puede quitarle su reinado. Foto: Diego Spivacow / AFV

En el otoño de 1884 se encuentran en Montevideo los dos mejores payadores de la historia del Río de la Plata: Gabino Ezeiza, un improvisador nato de ascendencia afro nacido en una familia de esclavos se enfrenta a Juan de Nava, un payador ilustrado y protegido del gobierno uruguayo de la época. No se sabe mucho más, salvo que Gabino Ezeiza recibió honores a lo largo de un mes por derrotar con el arte de la improvisación a su contrincante uruguayo y que a partir de esa batalla mítica, que forma parte de la memoria popular rioplatense, el duelo del contrapunto y la improvisación se transformó en uno de los fenómenos musicales y sociales más populares de fines del siglo XIX. Es decir, forjó una historia.

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Anteanoche, en La Paternal, dos payadores contemporáneos, los mejores improvisadores de rimas en el rap, se enfrentaron en la final del campeonato de plazas El Quinto Escalón: Dtoke, ex remisero de Rafael Calzada, bicampeón nacional y dueño de las rimas más noqueadoras y filosas de la escena, y Wos, último campeón nacional de la Batalla de Gallos de Red Bull con sólo 19 años y heredero de la nueva escuela vertiginosa del freestyle. Ellos ofrecieron un duelo rapero que será recordado como una final mítica y la consolidación definitiva del género del freestyler argentino, uno de los fenómenos culturales más populares de la última década.

Dtoke, con 32 años, al que todos quisieron jubilar en sus rimas a lo largo de toda la jornada en que batalló contra 16 MC, terminó de rubricar su chapa de campeón legendario del freestyle (el arte de la improvisación con rimas) con su estilo duro y renovado. Wos, el joven campeón nacional del género, no pudo con ese gallo peleador nato que maravilló con el impacto y las respuestas contundentes de sus rimas, que encendieron a las siete mil personas que llenaron el microestadio Malvinas Argentinas. Muchos de ellos ni siquiera habían nacido cuando el rapero comenzaba a improvisar en las batallas de plaza y descubrieron su fuego sagrado a través del duelo más visto de la historia del freestyle de habla hispana en los cuartos de final 2015, en la "batalla de gallos" entre Dtoke y el español Arkano, que alcanzó 27 millones de vistas en YouTube.

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Para estos niños y adolescentes que están acompañados por sus padres y abuelos, beben gaseosa y persiguen tras bambalinas a los nuevos ídolos del freestyle local, como Wos, Trueno, Replik o Luchito (el más joven del escenario, con 14 años), ver rapear a Dtoke en vivo es como si hubieran visto al Maradona del 86 en México. Ese nuevo público y esa nueva generación arriba del escenario son los que terminaron de empujar el género urbano del freestyle a un fenómeno viral post-youtubers: un argumento que utilizan varios de los raperos de la vieja escuela para humillar a los más jóvenes. Pero es la generación de Dtoke, Sony o el recordado Freshcolate, el primer campeón de una "batalla de gallos" en 2006, la que hizo el camino, como le plantó en cara Dtoke al ascendente Wos, para mandarlo a la lona.

El público, parte crucial del fenómeno
El público, parte crucial del fenómeno. Foto: Diego Spivacow / AFP

La batalla de freestyle se asemeja al boxeo. Es una secuencia rápida de golpes con palabras. Es el mismo sentimiento de agresividad y nobleza deportiva. "Lo que empieza en la batalla termina en la batalla", transmite Muphasa como mensaje a la gente. Es verdad, hay admiración y amistad entre muchos de ellos. Aunque todo eso se olvida cuando suenan las bases. Los versos buscan socavar la autoestima del contrincante. Los freestylers tienen que tener mente veloz y fría para soportar los ataques a sus debilidades físicas o emocionales. A veces se ponen de frente y le ofrecen la cara a su oponente. Hay golpes bajos y ganan los más rápidos, los que saben colocar la frase justa y en tempo -vulgar, berretinera, ingeniosa, poética o destructiva-, que funciona como un punchline o un golpe de KO. Todos saben cuando eso sucede. Es instantáneo. El "Ooooooohhhhh" de la tribuna lo único que hace es confirmar el dictamen antes que el jurado. Al final todo puede terminar con un abrazo. O hasta una confesión: "Te quiero, amigo", como le dijo Luchito a Replik, después de que habían descargado una metralla de rimas donde se faltaban el respeto el uno al otro.

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Miles de celulares registran el momento. Muchos de esos rounds y réplicas de los freestylers quedarán guardados en las retinas y en las memorias de los smartphones para ser subidos por los propios fans a la nube digital y que otros puedan seguir alimentando la leyenda con el tiempo. "Podrán decirle a sus nietos que estuvieron aquí", arengaba desde el escenario uno de los conductores del evento. Para los aficionados al género, esta final de El Quinto Escalón tenía en la previa ribetes históricos porque era la primera vez que una competición de las plazas, sin apoyo de ningún tipo, llegaba a un estadio. Cobra escala mítica cuando se suman otros ingredientes. En sólo cinco años El Quinto Escalón, que comenzó en 2012 con una decena de participantes en unos escalones del Parque Rivadavia, terminó juntando en las competencias de 2017 a tres mil personas cada domingo. "Cambió todo el freestlye en América latina y se convirtió en la plaza mas importante del circuito de habla hispana", afirma Juan Ortelli, periodista especializado, director de Rolling Stone Argentina y fervoroso aficionado al género.

Alejo y Muphasa, los organizadores deEl Quinto Escalón, ahora están parados frente a una multitud que llena el estadio y, simplemente, lo dicen y lo repiten una y otra vez a lo largo del encuentro: "No se puede creer". Los raperos que pasan por el certamen, tampoco. La mayoría, como MKS, otro de los favoritos de la casa, estaba cuando El Quinto Escalón era una secuencia de batallas cara a cara, a pelo y sin sonido, sólo con el beat box de Iaco atronando los oídos con sus beats graves y su velocidad crucero jugando con el tempo del beat. Incluso figuras internacionales como el español Force, que se lució en el certamen por sus rápidas respuestas y remates, confesaron: "Hace un año estaba viendo los videos de El Quinto Escalón en mi casa y ahora no puedo creer estar acá".

Dtoke y Wos, dos generaciones de improvisadores, dos "pugilistas del rap"
Dtoke y Wos, dos generaciones de improvisadores, dos "pugilistas del rap". Foto: Diego Spivacow / AFP

Esas batallas del under rapero viralizadas por YouTube catapultaron a los mejores improvisadores del rap local, desde Dtoke hasta Wos. En ese ring del Parque Rivadavia se mostraron los más atrevidos repentistas de la calle, como Klan, una suerte de Pity Álvarez, con sus remates más hardcore y callejeros y se vio venir a la generación con tendencias más filosóficas como Replik, capaz de nombrar en sus rimas a Platón. Cambiaron sus vidas y están marcando una época fundante del hip hop en la Argentina. Muphasa no se cansa de repetir en el programa de radio que tiene El Quinto Escalón en Vorterix, o en las entrevistas, que este período se parece al de los inicios del rock nacional. Y El Quinto Escalón como espacio, que culminó definitivamente con esta batalla final entre Dtoke y Wos, fue como La Cueva. Es un cierre y el inicio de una nueva época.

El fenómeno de El Quinto es una ola imparable que se extiende a otras competencias under, tanto en el país como en América latina. Los viejos raperos se enfrentan a chicos menores de edad que los desarticulan con sus nuevas rimas, su métrica, su alteración del tempo y su lenguaje. Aprendieron viendo los acotes (remates de las rimas) que hacían sus maestros para humillar a sus contrincantes y dejarlos sin aliento. Ahora los usan en su contra. Es un nuevo tiempo. Tres de los semifinalistas en el microestadio de Argentinos Juniors promediaban entre 15 y 19 años. Por eso, aunque haya pasado desapercibido para un sector de la sociedad, la batalla final entre Dtoke y Wos, al igual que lo fue la de Gabino Ezeiza y Juan de Nava en el siglo XIX, es una fotografía histórica de un momento.

Wos, que en 2018 irá por la corona internacional del género, todavía con las pulsaciones a mil tras ser derrotado por Dtoke, decía: "Esto no termina, esto será eterno", aventurando el futuro del género y a la vez avivando la leyenda del certamen que cambió el estilo libre del rap en la Argentina.

El 23 de julio es conocido como el Día del Payador, en homenaje al duelo entre Gabino Ezeiza y Juan de Nava. Mientras que el 11 de noviembre El Quinto Escalón reunió a 32 poetas callejeros de la improvisación de habla hispana, que se batieron en duelo durante seis horas en el estadio Malvinas Argentinas, para entrar en los libros de historia. Con el tiempo, este día se recordará como el del freestyle argentino.

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