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Ángel De Rossa: "Prefería limpiar vidrios o cuidar autos antes que robar"

Lunes 13 de noviembre de 2017
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Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia

Ángel Emanuel De Rossa empezó a trabajar a los 8 años. Era indocumentado. "Hacía falta plata en casa, así que arranqué a limpiar vidrios y cuidar coches en la avenida General Paz y Beiró. Los pibes de mi barrio que hoy hacen lo mismo están en General Paz y avenida San Martín, los conozco a todos".

Ángel, como esos chicos, salía solo, temprano, y volvía por la noche con plata o comida para la familia. Dejó la escuela, el fútbol en el Club Lamadrid y el descanso. Amplió su territorio laboral hacia El Palomar, Villa Devoto y Villa del Parque.

Recuerda algunos días especiales, como ese en el que volvió con $ 1000 tras trabajar más de 12 horas. "Se acercaba la Navidad, quería que en las Fiestas hubiera algún regalo en casa". También la fiesta de 15 de una de sus hermanas. Él tenía 13 y estaba feliz: con su dinero había organizado la celebración. "Nunca tuve miedo. Además, prefería pedir, limpiar vidrios o cuidar autos antes que robar. A veces me pagaban con mercadería, y eso también servía".

Varias rupturas familiares

Cumplida una década de trabajo infantil, con la mayoría de edad encima, se decidió y sacó por primera vez su documento. Era 2013 y eso no lo devolvió a las canchas de su infancia, pero le dio ánimo.

Mientras tanto, la vida continuó con sus altibajos. Un abuelo que muere. Hermanos que se dispersan y hacen sus vidas. Falta de techo. Un padre que reaparece y le da un lugar donde vivir.

Hoy tiene 22 años y es padre de dos chicos: una nena de 2 y otro en camino. "Pero vivo con mi papá. Estoy separado", aclara. Por el momento no tiene empleo. Asiste al penúltimo año de la secundaria y concurre a un centro de formación laboral de la Fundación Pescar, ubicado en la zona donde vive, el Barrio Ejército de los Andes, Ciudadela.

Desde que tiene uso de razón sus padres están separados. Ahora él también lo está, marcado por un vida llena de numerosas rupturas familiares.

"Quiero trabajo y salir adelante", dice hoy Ángel, como si se tratara de un mantra, casi de la misma forma que se lo dijo a los 8 años. La diferencia no está en las palabras, sino en la edad.

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