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Ana María Mustapic: "El hombre de a pie está apostando hacia el futuro"

Lunes 13 de noviembre de 2017
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LA NACION
Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk

BIO Ana Mustapic es directora del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, donde también se desempeña como profesora de Instituciones Políticas y de Gobierno y de Política Comparada. Se especializa en partidos políticos, relaciones entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo y reformas políticas. Licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad del Salvador y magíster en Filosofía Política por la Universidad de Oxford, también fue investigadora del Conicet, donde exploró la influencia de los legisladores en la agenda presidencial entre 1983 y 2009. Fue presidenta del Centro de Investigaciones Filosóficas entre 2000 y 2003.

¿Qué está haciendo?

Está preparando un largo artículo académico sobre el uso de las sesiones especiales en el Congreso, en el contexto de una fuerte polarización. Y otro sobre la política territorial y el poder histórico de los intendentes en la provincia de Buenos Aires.

¿Por qué nos importa?

Es una analista fundamental en el estudio pormenorizado de los mecanismos de la política. Ha indagado en las agendas presidenciales, las reformas políticas y las distintas relaciones entre los diferentes gobiernos democráticos y el Parlamento.

Uno se imagina a Ana María Mustapic como una empeñosa científica doblada sobre su microscopio analizando muy detenidamente los microprocesos de la política; las pequeñas pero decisivas partes del gran rompecabezas argentino. Es una de las más respetadas y brillantes cientistas políticas de la Argentina. Cuidadosa pero firme y lúcida, analiza aquí las razones del éxito de Cambiemos en las últimas elecciones, sus aciertos en el terreno y su modelo de negociación; también la volatilidad del voto. Niega que Mauricio Macri ejerza un hiperpresidencialismo, pero le critica algunas argucias que parecen llevar impreso un cierto "gen peronista".

-¿Cuál es tu impresión de lo que sucedió el 22 de octubre? ¿Comenzó una nueva fase?

-Aparece una nueva alianza que tiene por delante, aparentemente, un futuro promisorio, aunque nunca se sabe. Una cosa interesante de estas elecciones es ver el aumento del voto independiente, de la volatilidad del voto -esto es, los que en las PASO votaron a un candidato y en las generales, a otro- y del voto estratégico: voto al mal menor y no al candidato o partido de preferencia. Todo indica que el Partido Justicialista, que en su momento tenía una base de votos fieles muy alta, posiblemente esté disminuyendo, lo que genera un espacio más competitivo y da lugar a que puedan aparecer otras fuerzas políticas. En este caso, es lo que logró Cambiemos al cabo de dos años. Porque las elecciones de 2015 se ganaron ahí nomás y esto era el momento de ver si efectivamente contaba con una base más sólida.

-El historiador económico Pablo Gerchunoff decía que Cambiemos se quedó con votos peronistas y unificó a la familia radical. ¿Por qué pensás que ocurre esto? ¿Es un nuevo "animal político"?

-En parte, creo, uno puede pensar que están cambiando los códigos con los que se miran los fenómenos y también el modo en el que la gente está votando. Las mutaciones a veces se producen porque hay cambios de preferencia de los electores en la base, y creo que en parte es eso. Pero también influyen las estrategias de los partidos; la contribución del radicalismo a Cambiemos ha sido muy importante en el triunfo. Entonces, si bien uno puede decir que se ha reunificado, de repente puede decir también que se está reinventando. El justicialismo, por su parte, quedó en una situación de "tenemos que resolver nuevamente qué hacemos hacia el futuro".

-¿Puede ser que haya habido una conciencia, por lo menos de una parte de la sociedad, de que el justicialismo gobernó 24 años y las cosas no fueron bien en la Argentina?

-Me parece importante también lo que hizo el Gobierno en este tiempo, de 2015 a las elecciones de 2017. Estaba la idea de que este gobierno iba a sacar todo lo que se había logrado antes, sobre todo en los sectores más necesitados, y eso no ha sucedido. Eso me parece importante, porque los opositores critican a Cambiemos como un gobierno de derecha, pero no se le reconoce que encontró un límite para ciertas cuestiones, que en realidad son un logro de la gestión anterior: las políticas sociales están ahí para quedarse. Al mismo tiempo identificó otro tipo de derechos y los hizo más visibles, como por ejemplo el derecho a un hábitat digno. Poder acceder al agua, tener una calle sin barro, son cosas muy importantes para la vida cotidiana. Eso también para el votante significa algo, entonces no sé si necesariamente tenemos que ir al pasado. El hombre de a pie ve las diferencias y está apostando hacia el futuro: es un voto de confianza. Esta es la otra cosa importante de lo que se nos ofrece en el sistema electoral: hay un voto de confianza, pero yo puedo retirarlo, según cómo se está gestionando y qué respuestas están dando a los problemas. Y esto naturalmente termina siendo una cuestión muy central.

-Obama le comentaba a Macri que estaba asombrado del nivel de volatilidad de la opinión pública y del voto que hay en todo el mundo. Macron empezó teniendo todo y a los dos meses había caído catastróficamente en las encuestas. Es decir, la foto del 22 puede cambiar dentro de tres semanas, y así con cualquiera en cualquier parte del mundo. Es un fenómeno nuevo e inquietante...

-Pero uno tiene que fijarse cuáles son los horizontes temporales. Por ejemplo, Macron todavía tiene cuatro años por delante y hay que ver qué pasa en ese tiempo. Por ahí ahora está en el peor momento y más adelante se va recuperando. El año pasado, el gobierno de Macri iba hacia abajo y ahora se va recuperando. La volatilidad no es un fenómeno tan nuevo, pero ahora sí está afectando más fuertemente a los países europeos que tenían una tradición de las líneas divisorias y las identidades más claras, donde la gente se ordenaba en función de eso. Es el impacto de un mundo más globalizado y el temor hacia el futuro el que explica que se estén buscando distintas opciones y que se abran espacios para alternativas más cercanas hacia los extremos.

-El Presidente dio un discurso a la semana de haber ganado que abrió una serie de negociaciones, de acuerdos. Se resistió siempre a un pacto de la Moncloa porque decía que no tenía con quién hacerlo, pero que ha decidido llamarlos a todos e ir dando batallas y acuerdos con cada uno. ¿Qué te parece este modo de razonamiento?

-En primer lugar, como estrategia me parece muy pertinente. Porque si uno hace un acuerdo general, te va mal en algo y se te cae todo. Me parece estratégicamente mejor dividirlo en distintas instancias. Una de las cosas interesantes de este proceso es que llegó la hora del Congreso, y eso también nos dice algo del presidencialismo. Nosotros estamos acostumbrados a hablar de hiperpresidencialismo. Pero se es "hiperpresidencial" cuando se cuenta con un respaldo mayoritario en el Congreso. Si no se cuenta con ese respaldo, no se es tan hiperpresidencial, y entonces el Ejecutivo tiene que recurrir a otros mecanismos.

-Da la impresión de que Macri se ha metido con sectores que han estado apegados a sus privilegios y en un régimen muy cristalizado. El sindicalismo, los empresarios, los jueces, los fiscales. ¿Cómo pensás que les va a ir cuando hay tantos intereses de facción en juego?

-Siempre que se avance algo es mejor. Obviamente no es una tarea sencilla, habrá que ver cómo tienen el armado, qué otros recursos pueden llegar a utilizar para tratar de acercarse lo más posible a las iniciativas del Gobierno. Ciertamente, lo que tenía que hacer el Ejecutivo es plantear cuál es su agenda. Una agenda que no puede descansar en decisiones unilaterales. Lo que se necesita es conversar con aquellos que se van a ver afectados por esas decisiones.

-Curiosamente recrudecieron en estos últimos días las críticas de quienes fustigan al Gobierno porque no toma decisiones unilaterales, valientes o fuertes, como por ejemplo con el déficit fiscal. Estoy hablando de economistas muy respetados que le exigen, algunos en privado y otros en público, a Cambiemos que corte de manera fuerte el gasto fiscal y proponga algo más, aprovechando este nuevo poder. ¿Eso es posible?

-Es que a veces simplemente no se tienen los recursos para manejarse en forma unilateral y de repente tampoco hay ganas de manejarse de ese modo, ni necesariamente de hacerse eco de este tipo de demandas. Gerchunoff, justamente, había señalado que el gradualismo les puede dar a las decisiones ese carácter de irreversibles. Las cosas que se hacen por acuerdo hay más chances de que se mantengan en el tiempo. Mucho más que aquellas decisiones tomadas unilateralmente y que, en cuanto cambia el escenario de poder, tienden a ser revertidas.

-Luis Alberto Romero nos decía que aquí había un grupo muy organizado, el kirchnerismo, que a pesar de que perdía las elecciones tenía un poder de creación de relato que actuaba de un modo psicopático para derramar influencias sobre sectores que no eran ni de izquierda ni kirchneristas creando mitos, como en el caso Maldonado. El Gobierno, siguiendo a Durán Barba, no sale a batallar contra este tipo de construcciones. ¿Qué pensás de esto?

-Ahí diría que estoy más de acuerdo con el Gobierno. El desempeño electoral del oficialismo, el modo en el que han hecho la campaña, el profesionalismo está dando cuenta de que uno puede a veces hacer esta distinción entre lo que son las preferencias de los electores y lo que un gobierno llama "el círculo rojo". Hay cosas que a los politizados nos afectan más y criticamos más, y de repente para el hombre de a pie no es exactamente lo mismo porque sus preocupaciones son otras.

-¿Pero pensás que Cambiemos debería continuar este modelo de no respuesta porque fue exitoso en las urnas?

-De repente, hubiera querido ver otro tipo de comportamiento más firme, más decidido en el caso Maldonado. Ahí se nos revelan las dificultades que tienen los gobiernos con el tema de seguridad y todo lo que deben avanzar sobre esa cuestión.

-¿Qué es lo que más le criticarías a Cambiemos?

-En su momento percibí poco sentido de Estado por parte de Cambiemos. Eso sería lo más crítico. A ver: uno es un liberal, entonces ¿qué es lo que quiere? Liberal es aquel que concibe un Estado limitado por los derechos individuales. En eso hay que ser muy firme, no poner dudas al respecto. Hay ciertas cosas que el Estado no puede permitir ni admitir, y si sucede algo enseguida tratar de ver cómo poder reparar, cómo responder frente a ese tipo de situaciones que podrían ser violaciones o afectación de derechos.

-La idea que parecería tener Macri es tratar de reconstruir el Estado. Hay gente que lo acusa de estatista.

-Una cosa es ver cómo se reconstruye el Estado para hacerlo más eficiente. La otra, cuál es el comportamiento que el Estado tiene que tener frente a cierto tipo de situaciones. Estas no son dos cosas distintas, aunque pueden ir juntas tranquilamente.

-¿Macri tiene un gen peronista?

-Eso es lo que dicen. En algunos casos me da la impresión de que sí. Lo pondría en estos términos. Ese gen vendría a ser utilizar ciertas oportunidades que me pueden dar, reglas o procedimientos, para dar vueltita un poco las cosas.

-El uso de la picardía criolla...

-Sí, pero que pueden molestar bastante. El otro día, un colega escribía sobre cómo lo desplazaron a [Ruperto] Godoy del Consejo de la Magistratura. Un juez resolvió que era inconstitucional que Godoy ocupara ese cargo porque no era abogado. Esto fue apelado y está camino a la Corte, pero mientras tanto a Godoy lo desplazaron. Entonces, la opinión de este colega es que los argumentos del juez no fueron pertinentes, dado que no es inconstitucional que no sea abogado. Pero recurrieron a ese procedimiento igual. Siempre pueden tomarse medidas que afecten derechos, lo importante es que uno cuente con una Corte Suprema independiente que defienda esos derechos: aquí en el momento en el que lo iba a hacer ya habían desplazado a Godoy. Entonces se encuentran frente al fait accompli. Ese tipo de argucias...

-Le criticarías ese tipo de argucias a Macri...

-Es el tipo de situaciones en las que es muy importante la autorrestricción. Yo podría avanzar sobre eso porque hay un montón de cosas donde se pueden tomar ciertas decisiones y tener ciertos comportamientos que después no van a ser castigados. Recordaba el tema del procurador de Santa Cruz en la época en que era gobernador Néstor Kirchner. Se llama [Eduardo] Sosa y fue desplazado de su cargo. Esto llegó a la Corte Suprema y esta dijo que tenían que restituirlo. ¿Lo restituyeron alguna vez? Nunca. ¿Y cómo se hace? Y... no hay modo. Ese tipo de situaciones ¿de qué dependen? De la autorrestricción de aquellos que son responsables del Gobierno. Si no hay esas autorrestricciones uno puede decir que se mandan estas...

-Picardías.

-Sí, llamémoslas picardías, pero que tienen consecuencias importantes.

La entrevista completa hoy, a las 23.30 DirecTV, 715/1715 HD Cablevisión Digital, 19/618 HD y Flow TDA, 25.3 Telecentro Digital, 705

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