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El conde de Ory, de Gioacchino Rossini: con el humor como mejor aliado

Martes 14 de noviembre de 2017
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PARA LA NACION
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El conde de Ory, de Gioacchino Rossini / Dirección escénica: María Jaunarena / Dirección musical: Hernán Schvartzman / Dirección coro: Hernán Sánchez Arteaga / Elenco: Sebastián Russo, Jaquelina Livieri, Luis Gaeta / Sala: Teatro Avenida / Nuestra opinión: muy buena

¿Rossini y la coreografía de Fiebre de sábado por la noche pueden ir de la mano? Claro que sí, gracias a la puesta de El Conde de Ory con la que Juventus Lyrica cierra su temporada. Esta versión gira en torno de un conde de Ory devenido manochanta -con todo el peso simbólico que tiene en el humor argentino-, representado con gran calidad musical y dramática por Sebastián Russo. Afortunadamente, esas no han sido sólo características de su desempeño, sino una constante entre los intérpretes. La comicidad de las actuaciones y la calidad musical, que prima en toda la obra, hacen que el trabajo de dirección de María Jaunarena tenga una sólida coherencia a tono con la escenografía, el vestuario y el diseño de luces.

La oportunidad de llevar adelante con capacidad técnica los momentos solistas fue aprovechada por todos los cantantes, especialmente por la soprano Jaquelina Livieri (Adèle), que mostró enorme sutilidad y potencia en las coloraturas. De gran valor histriónico y musical fue el trabajo de Victoria Gaeta como el paje némesis del Conde, así como el de Luis Gaeta (Gobernador).

Gracias a la tarea individual, la maleabilidad de los intérpretes para desarrollar el trabajo en equipo se potenció, llegando a regalar con maestría un septeto sin acompañamiento que hizo patente la consolidación de preparación.

Hernán Sánchez Arteaga logró una gran robustez en la tarea del coro, y la labor de Hernán Schvartzman en la reconstrucción de un complejo sonoro de época a través de la orquesta pagó con creces. Para ello se valió de la colaboración de músicos especializados en interpretación historicista, que usaron instrumentos que replican aquellos empleados en el siglo XIX.

Esta versión de El Conde de Ory fue contundente por la uniformidad de su gran calidad en todos los frentes. La actualización del humor a través del histrionismo de los intérpretes, una colorida paleta de artilugios escénicos y las coreografías fueron la clave para efectivizar el humor con enorme ingenio. Esto sin perder por un momento la nobleza musical que merece la partitura de Rossini. Porque al final la comedia, si está bien hecha, es cosa seria.

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