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Irreverentes, mediáticos y polémicos, Trump y Duterte explotan su afinidad

El presidente norteamericano selló su amistad con el líder filipino, acusado de violaciones de los derechos humanos; ambos tienen un estilo que a nadie deja indiferente

Martes 14 de noviembre de 2017
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PARA LA NACION
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PEKÍN.- No se recordará esta gira asiática del presidente Donald Trump por sus vehementes denuncias de las violaciones de derechos humanos de sus anfitriones. No integraron su agenda en China y tampoco en Filipinas, su última etapa. Las fuentes discuten si de ellos se habló poco o nada en su reunión de ayer con Rodrigo Duterte, su par filipino. "Brevemente", dijo Washington. "No se mencionaron", corrigió Manila.

Un apretón desconcertante
Un apretón desconcertante. Foto: Reuters / Jonathan Ernst

La guerra contra la droga que emprendió Duterte tras ganar las elecciones el pasado año dejó ya 3000 adictos y traficantes muertos en tiroteos con la policía, según fuentes oficiales. Las organizaciones de derechos humanos elevan la cifra hasta 12.000 y no hablan de defensa propia, sino de ejecuciones extrajudiciales. Cualquier crítica descompone a Duterte, que alude al gran problema social del país. A Barack Obama, antecesor de Trump, le recordó que era negro, lo mandó al infierno y mencionó a su madre en términos poco diplomáticos por insistir en el asunto. Obama canceló la reunión del día siguiente.

Conocido como Duterte "el Sucio" o "el Castigador", había advertido a Trump que le enseñaría la puerta de salida si imitaba a Obama. Todos entendieron que era una broma entre colegas porque Trump es el único líder que apoyó su campaña contra las drogas. Lo felicitó por su "increíble" éxito en una llamada telefónica de meses atrás. "Muchos países tienen ese problema, yo tengo ese problema, pero tú estás haciendo un gran trabajo", añadió.

La cumbre de la Asean que se celebra estos días en Manila selló su amistad. Duterte entonó una célebre balada filipina a petición de Trump durante la cena de gala. "Eres la luz de mi mundo, la mitad de mi corazón", cantó.

Existen pocos líderes más afines que Trump y el que llaman el Trump asiático. En un año en el poder no han dejado de dar tapas globales. Son mediáticos, populistas e irreverentes con los formalismos. Su éxito descansa en que supieron explotar los miedos de sus pueblos, las drogas en un caso y la inmigración en otro. Desdeñan al establishment liberal por biempensante y se autoerigen en la voz de la calle con discursos categóricos y rupturistas. Duterte llamó también "hijo de puta" al Papa en el país más católico del continente, bromeó sobre una mujer violada y asesinada, y esta semana admitió haber matado cuando tenía 16 años a un tipo que lo había mirado mal. También como Trump, las encuestas son inmunes a sus excesos. El apoyo social masivo que aún disfruta se explica por el hastío larvado durante décadas hacia políticos corruptos y melifluos que convirtieron el país en una potencia de exportar mano de obra barata al continente.

Ambos mostraron su admiración por los perfiles autoritarios. Duterte defendió el reciente entierro del dictador Ferdinand Marcos en el Cementerio de Héroes de Manila. Fue escandaloso para gran parte del pueblo que 30 años antes lo había echado por esquilmar el país y torturar, encerrar y matar a miles de críticos del régimen. A Trump se lo vio muy cómodo con el rey Salman de Arabia Saudita o el presidente ruso, Vladimir Putin. Incluso fantaseó con compartir una hamburguesa con Kim Jong-un.

A Trump y Duterte sólo los separa el cumplimiento de las promesas: el tránsito de drogadictos y traficantes filipinos a las funerarias es incesante, mientras Trump sólo ve su muro mexicano en el plano y omitió en Pekín aquella virulencia electoral contra quienes presuntamente estaban destrozando a los trabajadores norteamericanos.

Un apretón desconcertante

Trump es conocido por sus largos apretones de manos a otros líderes, pero ayer pasó algunos apuros con un tipo de saludo diferente. En la apertura de la Asean, el presentador señaló que era el momento de participar en el apretón de manos "tradicional" de la cumbre, en el que cada líder cruza sus brazos para dar la mano contraria a quien está a su lado. Las instrucciones desconcertaron a Trump, que bromeó hasta lograr el saludo.

Foto: Reuters
Foto: Reuters
Foto: Reuters
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