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La lección de Carrère: escribir sencillo de cosas complicadas

El francés dio una conferencia sobre su nuevo libro

Martes 14 de noviembre de 2017
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PARA LA NACION
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El genial escritor francés, en la terraza de La PEdrera barcelonesa
El genial escritor francés, en la terraza de La PEdrera barcelonesa. Foto: EFE

BARCELONA.- El lema es en realidad uno de esos inextricables y proféticos epigramas que ofrece el I-Ching a quien arroja tres monedas al aire en busca de respuestas. Pero también es el título de su última obra: Conviene tener un sitio adonde ir (Anagrama). Una selección de reportajes, crónicas y ensayos literarios escritos entre 1990 y 2015 siempre desde la primera persona de Emmanuel Carrère (París, 1957), que llegará a la Argentina en febrero.

Hijo de una destacada familia de intelectuales, viajero, guionista, realizador y, sobre todo, narrador, Carrère es todo un portento de la no ficción incómoda, descarnada y a menudo autobiográfica -con un prontuario de premios en su haber más largo que las barbas de un profeta, entre el Renaudot, el de la Lengua Francesa o el Prix des Prix a la mejor novela por Limónov- que no necesita más presentación, aunque tal vez sí su primera persona. Viste de manera informal, se ríe y acorta las distancias en una humildad o modestia que no se condice con la expectación de un auditorio que lo espera en La Pedrera de Gaudí como a una estrella de rock.

Aunque asegure que nunca sabe adónde se dirige y que "se deja llevar" en sus textos, Carrère sí que tiene un lugar adonde ir. Ayer, a un esperado encuentro con sus lectores, y el próximo 25 de noviembre a Guadalajara a recibir el Premio de la FIL de Literatura en Lenguas Románicas. "No suelo tener problemas con los títulos, pero como en este caso no lo encontraba consulté el I-Ching", confiesa esta estrella que rehúye de todo brillo, porque sabe que no llevan más que al despropósito. Como le pasó en la crónica fallida Cómo eché a perder por completo mi entrevista con Catherine Deneuve. "Fue como si no hubiese aceptado mi papel de periodista en una conversación de iguales, sin preguntas, que acabó en una rivalidad de egos, porque la estrella era ella y no entró en el juego", recuerda.

Y la anécdota viene a cuento porque encierra la clave de un autor que borra las fronteras entre periodismo y literatura y defiende "la honestidad" del oficio narrativo "como la exigencia de un mínimo sindical". Una clave que gira sobre la premisa de saber conservar su lugar y la primera persona como garantía de juego limpio. "No hay diferencia entre la pulsión que te lleva a escribir un cuento o una novela y la que te empuja a escribir un reportaje", explica el autor de El adversario (1999), libro que nació de una pieza periodística: "El caso Romand", sobre un falso médico que fingió durante 18 años y acabó matando a toda su familia para ocultar el fraude. Carrère acabaría años después visitando al asesino en prisión, pero no conseguiría "abrir la caja negra" del enigma. "Esperaba una escena a lo Dostoievski y Romand se mantuvo imperturbable", recuerda. "No intento ponerme en la cabeza ni en el lugar de nadie, sino conservar mi punto de vista -explica-, y esto nos lleva a la cuestión de la subjetividad". La trampa, para Carrère, nace con Capote y A sangre fría, obra fundante del periodismo narrativo, que admira, aunque "con reservas morales". "Capote pretende la objetividad, pero desde una posición viciada de subjetividad que no menciona", opina.

"La cuestión no está entre la ficción y la no ficción, sino en la forma de la narración", aclara el autor de Una novela rusa. "Yo intento escribir no ficción utilizando las técnicas del novelista, pero tengo el escrúpulo de avisarle al lector cuando me invento algo", confiesa el escritor. "Se puede ir detrás de la verdad, pero es muy difícil alcanzarla, prefiero optar por la sinceridad, la honestidad y la verosimilitud". Un camino que le ha traído abundantes problemas en el terreno autobiográfico e íntimo, pero Carrère discrepa de Janet Malcom cuando define al periodista como alguien que siempre traiciona a quienes confiaron en él. "También se puede ser periodista sin tener la voluntad de herir a la gente ni estar obligado a revelar ciertas verdades", aclara. Y la fórmula del éxito, en su caso, parece una cuestión de estilo: "Escribir de forma sencilla sobre cosas complicadas". Como cuando resumió la intrincada personalidad de Macron en una crónica desde las Antillas con una frase: "El hombre no suda". "Es un hecho objetivo, no es mi opinión, pero ilustra eso intrigante que tiene, como un cyborg que es una máquina de seducción", concluye.

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