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Ley seca

Víctor Hugo Ghitta

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LA NACION
Martes 14 de noviembre de 2017
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Foto: AFP / Asif Hassan

Si el lector pudiese ver la secuencia completa creería que está ante un rito religioso o una invención poética. Pero los hechos son lamentablemente más lineales. Rompamos el hechizo. Lo que tenemos delante de los ojos es un cementerio de botellas en Karachi, Pakistán. Dentro de algunos segundos, cuando demos vuelta la página y nos olvidemos de esta imagen insignificante, vendrá una aplanadora que triturará el vidrio; poco después, esos cadáveres serán incinerados en una fogata demencial. La gente se agolpa en el afán de ver ese espectáculo, como lo hacían en tiempos remotos quienes asistían a las decapitaciones o los ahorcamientos en la plaza pública. Las botellas tienen licor y han llegado allí de contrabando, de manera que la guardia costera de esa ciudad del Mar Arábigo ha debido quemarlas en una escena no exenta de teatralidad. Ni que lo haya soñado Eliot Ness, el célebre sabueso de Chicago que inmortalizó Los intocables.

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