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La obsesión por volver a nuestro fracaso con Bielsa

Martes 14 de noviembre de 2017
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Foto: Archivo

A esta altura no tiene sentido negarlo: los argentinos tenemos una obsesión con Marcelo Bielsa . En su momento fue para bien; hoy, quizá sea para mal. Nos obsesionamos en su momento con el Bielsa que nos proponía ser como nuestros padres nos dijeron que debíamos ser: honestos, frontales, un tanto cabezaduras en la decisión de buscar el bien. Nos enamoraba el Bielsa del deber ser, aunque ese hombre que lo encarnara fuera un tanto huraño y, por qué no decirlo, raro. Pero se lo perdonábamos porque queríamos muchos raros como él. Así tendríamos una mejor Argentina.

El sueño se quebró pronto, devorado por un fracaso que nos abocó al puro ser: la eliminación en la primera ronda de Corea/Japón 2002. Y ahora venimos a enterarnos, 15 años después y por boca nada menos que de Gabriel Batistuta , que aquello fue sobre todo culpa de Bielsa. Falló el líder moral, dice Batistuta, que seguro está de acuerdo con que los que juegan son los jugadores.

"El único que pensaba que [Hernán] Crespo y yo no podíamos jugar juntos era el que mandaba, Bielsa. Se lo dije en varias oportunidades. Fue fiel a su idea, pero cometió un error". Crespo, rápido, devolvió vía Twitter la pared como no pudo hacerlo en la cancha: "¡Qué lástima! ¡Hubiera sido divertido!".

Hace ya tiempo que Bielsa viene autoflagelándose por sus errores. "Es mejor que yo", dijo en su momento de un Jorge Sampaoli que aún no había demostrado nada con la selección. "He sido protagonista del peor fracaso en la historia de la selección", reforzaría tiempo después. Hombre de luchas feroces en su interior, Bielsa debe a la fuerza ser consciente de que algunos de sus créditos se agotan. Y, también, de que es un privilegiado: son contados los jugadores que no se sienten mejores futbolistas tras haber pasado por las manos del hoy técnico del Lille. Quizás allí, en el reconocimiento a posteriori, se unan el ser y el deber ser.

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